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Ana González Herrera.

Ana González Herrera, profesora portuense que imparte sus clases en el CEIP Maestro Eduardo Lobillo de Rota, es una de las diez finalistas de la IV edición de los Premios Educa Abanca al mejor docente de España, y que otorga la Fundación Educa.

Llegar a ser finalista, asegura a El Puerto Actualidad es “un regalo para mi vida personal y profesional”, pero es cierto que esta docente tiene más que merecida su mención por parte de los padres de sus alumnos de Infantil de 5 años (del curso anterior, que fueron los que pujaron por ella), porque su experiencia y su praxis en clase demuestran que hay docentes que se toman su trabajo como la siembra de la semilla del conocimiento en sus alumnos.

“Es un regalo para mi vida personal y profesional”, asegura Ana

La primera toma de contacto con Ana, su forma de expresarse y su desparpajo, demuestran el tipo de docente y persona que es. Pero a todo esto hay que añadir una dilatada carrera educativa, puesto que se sacó sus oposiciones con 21 años, y ahora ha cumplido los 45, en la que no ha parado de innovar, colaborar, imaginar, crear y formarse para formar.



Es el segundo año consecutivo que esta portuense ha sido galardonada, algo que era impensable para ella, a pesar del empeño y el amor que pone a cada una de sus clases. Como bien explica, en Infantil y Primaria, son los padres de los alumnos los que nominan a los docentes, mientras que en Secundaria y la Universidad, son los propios alumnos los que ejecutan esta nominación.

Los alumnos de Ana González van de los 3 a los 6 años. “Los cojo con tres anitos, y nos despedimos cuando tienen seis, pero no pierdo el contacto con ellos ni con sus padres. Tengo alumnos que han terminado la carrera, que están trabajando, se han sacado las oposiciones, son periodistas… Con los que quedo para comer, con los que charlo y comparto ratitos”. Sin duda, la entrega de esta profesora no tiene parangón, y se desvive por sus alumnos y familias.

Ana González Herrera con sus alumnos. / EA

De hecho, con los padres de sus alumnos del anterior curso escolar, que tienen tres años, tiene un grupo de Whatsapp, y “hablamos todo el día. E incluso mantengo conversaciones de una hora con ellos si lo necesitan”, estando disponible a cualquier hora del día, explica. Una experiencia que ha repetido con los padres de todos los alumnos, pues considera fundamental que los progenitores “se impliquen, hay que trabajar en equipo”. El año pasado, antes de que el covid-19 llegara a nuestras vidas “los implicaba, los tenía metidos en clase, participando, aportando, y trabajaban conmigo”. Con la pandemia la cosa ha cambiado, pero igualmente esta portuense no descarta cualquier tipo de colaboración ni duda en pedirles que se impliquen con la educación de sus hijos. Puesto que “así nos enriquecemos todos. Los padres, los alumnos, y yo, que me nutro de todos”.



Cuando supo que los padres de sus alumnos habían intercedido por ella “los llamé a todos uno a uno para darles las gracias, porque es verdad que estoy eternamente agradecida. Estos premios le dan luz a la educación, y a la infancia. Los maestros nos dejamos la piel, hacemos lo que nos gusta, luchamos por los niños, por eso estos premios nominan a la educación. La que brilla es la educación”.

“Los maestros nos dejamos la piel, hacemos lo que nos gusta, luchamos por los niños”

“Yo me lo paso bomba con mis niños. Se puede ver la escuela como un sitio al que vas a aprender (o enseñar) los números, las letras, etc., o bien como el lugar al que aprendes jugando, que es mucho más divertido. Así los niños aprenden sin darse cuenta”, asegura. “Para ello le das muchas vueltas a la cabeza y sacas recursos de donde no los hay, pones dinero de tu bolsillo para idear, etc, pero vale la pena con solo verles las caras cuando hacemos alguna actividad”.

Esta faceta de docente imaginativa, alegre, dinámica y divertida la demuestra en sus aulas, y las traspasa a su propio perfil personal de Facebook, pero también a un blog personal que tiene instalado en dicha red social ‘Compartir es vivir’, donde se puede echar un vistazo a las distintas y amplias actividades que realiza con sus alumnos. Sin ir más lejos, asegura que estos últimos días han estado desarrollando un taller de cocina, pero dan clases prácticas de astronomía, el sistema solar, talleres de galletas, talleres sensoriales, actividades participativas, etc.

Adaptándose a la situación con la pandemia…

Varios cuentos publicados

Pero su labor no queda ahí, y es que Ana tiene varios cuentos publicados, siendo el último ‘Un virus llamado amor’, nacido en pleno confinamiento por el coronavirus y que va por su segunda edición; ha realizado colaboraciones en libros y en revistas pedagógicas; participa en charlas, seminarios, e incluso, adaptándose a los nuevos tiempos, ha realizado distintos webinars dedicados a la educación.

Y en pleno confinamiento, sus clases pasaron del aula al ordenador. No ha dejado de trabajar con sus alumnos, pese a su corta edad, con recursos que siempre ha intentado que estuvieran al alcance de las familias, realizados con materiales caseros, reciclados, y que tuvieran en casa.

“El Covid ha servido para que muchos docentes se reinventasen y otros sacaran lo mejor de ellos”

“El covid-19 ha sido muy negativo para las personas que han perdido a familiares, pero en el caso de la educación ha servido para que muchos docentes se reinventasen y otros sacaran lo mejor de ellos, su creatividad, fuera”, indica. En pleno confinamiento no dejó de hablar con sus alumnos por Whatsapp, de hacer videoconferencias por Zoom, medio por el que se graduaron. “Fue muy emotivo”. Pero es más, incluso relata que acudió, personalmente, a casa de cada uno de ellos para entregarles un obsequio por el cierre de la etapa educativa que ha compartido con ellos.

Han hecho teatro, han tenido su particular Feria, han realizado marionetas, y mil actividades. “Le dimos la vuelta a la situación y hemos podido hacer un montón de cosas juntos”. Insiste en que “ha sido duro, pero a nivel educativo ha sido brutal. Ha significado un desgaste considerable, pero ha valido la pena”.

“Educar es una experiencia bonita”, por eso el año pasado su primera nominación a estos premios “fue una sorpresa para mí”. Además, valora que los padres tienen que realizar una ardua tarea para cumplimentar los distintos cuestionarios que se requieren, y la justificación de su praxis. Una vez que la fundación Educa acepta y nomina al docente, es el propio maestro el que tiene que “presentar sus méritos, metodología, recursos. Te llevas un mes trabajando”, desde finales de septiembre hasta octubre, para presentar su aval. “Pero merece la pena”.

Y este año su nominación le cogió por sorpresa. Explica que se fueron dando los nombres de los nominados con cuentagotas, y la lista de los docentes de Infantil “fue de las últimas. Y fue una amiga la que me avisó”. Con todo, ha tenido que volver a repetir ese trabajo, siendo igual de sorpresiva su nominación, pero asegura que “para mí llegar hasta aquí es todo un regalo. Hay nominados muy potentes, con mucha experiencia y grandes proyectos”, por lo que no se ve como ganadora de este reputado premio.

Soy una finalista orgullosa. Llevo muchos años trabajando, pero me queda mucho por aprender”, explica, y asegura que su nominación por dos años consecutivos “es una satisfacción, pero también una responsabilidad, porque temes no pasar de fase y defraudar a los padres que se han fijado en ti”.

“Son tu espejo, te ves en ellos y ellos en ti”

Esta docente, que rebosa amor y dedicación por su trabajo, adora sus alumnos que “son un fiel reflejo tuyo. Son tu espejo, te ves en ellos y ellos en ti. Son tus niños”. Pero admite que “también tengo la suerte de contar con unos padres fabulosos, muchos artistas a los que, si los implicas en clase, te demuestran todo lo bueno que pueden hacer por los alumnos, sus hijos, y en definitiva, por ti. Se hacen cosas maravillosas, para hay que saber implicarles, trabajar en equipo”.

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