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EL PUERTO.- El martes 30 de agosto de 2011, hace casi nueve años, los gaditanos en general, y los portuenses en particular, asistían atónitos a un hecho histórico que marcaría el desarrollo de esta ciudad, así como el traslado de ciudadanos entre El Puerto y Cádiz, y es que a media tarde se hundía en el muelle Reina Victoria de la capital el Adriano III, tras chocar con la esquina del cantil del muelle Marqués de Comillas, produciéndose una vía de agua en la proa.

30 de agosto de 2011, más 80 pasajeros no olvidarán jamás ese viaje, el último para el Vaporcito

Después de más de 3.000 días, aquel hundimiento queda lejano, y aunque muchos dieran por perdido cualquier solución para el Vaporcito, finalmente será restaurado y puesto en exposición gracias a una iniciativa presentada este jueves, 28 de mayo de 2020, por la Asociación Portuense El Vaporcito, junto con el Ayuntamiento de El Puerto.

Las imágenes de ese día se hicieron públicas a las pocas horas, y todos los portuenses sintieron y lloraron la pérdida de este emblema, a pesar de tener puestas las esperanzas en que las administraciones harían todo lo posible para recuperarlo. Algo que casi nueve años después de dicho triste suceso siguen esperando, y parece estar más cerca.

En el imaginario de los ciudadanos han quedado muchas noticias que han ido narrando los acontecimientos históricos desde el hundimiento. Y el sentimiento generalizado es que las administraciones se han lavado las manos, mientras el propietario no hacía nada por recuperar un símbolo gaditano que ha formado parte de coplas de Carnaval, con Paco Alba como referente en eso de cantarle al Vaporcito.

Más 80 pasajeros no olvidarán jamás ese viaje, el último para el Vaporcito, que ponía punto y final a una manera distinta de entender el traslado a Cádiz, pues no solo se trataba de una motonave que, como las anteriores de la saga Adriano, llevaban y traían pasajeros de El Puerto a Cádiz y viceversa, sino que era el medio en el que hacer turismo, conocer la historia de ambas ciudades y conocer a personajes típicos de la zona, a lo largo de los 45 minutos que duraba el viaje. Y es que, si en principio el Vapor era uno de los pocos medios de transporte para unir ambas localidades, después fue el fin turístico el que movía esos viajes que se realizaban entre la capital y el municipio, una forma de contemplar y disfrutar de la Bahía.

A pesar de todo, no hubo daños personales en aquel hundimiento, ya que el mismo se produjo cuando la motonave se encontraba muy cerca del muelle, por lo que los pasajeros y los tres tripulantes llegaron con facilidad al muelle, pudiendo ser espectadores de aquel duro suceso.

El hundimiento del Vaporcito en el Muelle de Cádiz. / EA

El Puerto estaba gobernado por una coalición del PP y el PA, con Enrique Moresco como alcalde. Las gestiones de las administraciones no consiguieron que hasta un mes después, el Vapor pudiera ser reflotado. 28 días después de pasar sus días y sus noches en el agua, fue devuelto a la superficie por dos grandes grúas y un equipo de buzos de la empresa Divership, resultando una compleja maniobra de reflotamiento que se alargó por más de cinco horas y que supuso un desembolso de 27.000 euros, que pagó de forma subsidiaria la Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz. El Ayuntamiento portuense también confirmó su aportación de 15.000 euros para este mismo fin o para la reparación.

La labor comenzaba a las 7.30 horas de la mañana y no terminaba hasta las 12.30 horas, con cierto clamor ciudadano que seguía atento el rescate de uno de los buque insignia de la Bahía. Fue gracias a la bajamar que se vivía aquel día en la capital la que ofreció la posibilidad de que los técnicos pudieran llevar a cabo su trabajo, consiguiendo que la embarcación no sufriera daños.

La Autoridad Portuaria tuvo que intervenir en el reflotamiento tras 28 días hundido

La Autoridad Portuaria intervino en el reflotamiento, debido a que el armador del barco no lo había hecho aduciendo falta de fondos, y con el fin de evitar que la motonave se deteriorara bajo el agua, fue el organismo el que acudiera al rescate, confiando en que el dinero le fuera devuelto. El objetivo entonces era que el Vaporcito fuera reparado y volviera a surcar las aguas de la Bahía, algo que no hizo jamás.

Tras el reflotamiento, el Vaporcito fue trasladado a los astilleros de Navantia, en San Fernando, operación que el armador se comprometió a sufragar, y que pretendía ser el paso previo a la posible reparación de la motonave. Así, en los astilleros se estudió el estado de la embarcación, para decidir el futuro de la misma.

La operación de reflotamiento se llevó a cabo según lo previsto en el plan, salvo alguna alteración horaria. Se comenzaría con la colocación de las cinchas por la parte inferior del casco de la embarcación, que a su vez fueron enganchadas a las grúas apostadas en el muelle, para que pudiera izarla y sacarlo del agua.

Días anteriores se llevaron a cabo labores de dragado que hicieron posible que se pudieran colocar las cinchas. Unas mangueras con aire a presión hicieron posible despegar el Vaporcito del fondo del mar, comenzando entonces la elevación del pecio.

Una vez reflotado tras 28 días hundido junto al muelle de Cádiz. / EA

Los buzos de la empresa Divership estuvieron preparados para ir reparando las grietas que presentara el casco. Una vez izada la nave a la superficie, comenzó la tarea de achique de agua del interior de la motonave gracias a varias bombas extractoras. Tras dicho trabajo encontraron dos grietas en el casco.

Entonces llegaron momentos de incertidumbre, y Junta de Andalucía, Diputación, ayuntamientos de Cádiz y El Puerto, estuvieron midiendo sus fuerzas en el caso de su rescate, reparación y puesta en marcha de nuevo. Pero hasta este 2020 no ha habido un plan de trabajo cerrado.

Junta, Diputación y ayuntamientos de El Puerto y Cádiz, para un rescate que no llegaba

Algo más de una semana después de su traslado a San Fernando, se seguían llevando a cabo trabajos de limpieza exterior e interior del Vaporcito, lo que permitiría realizar una valoración exhaustiva sobre el estado del barco, ya que en dicha fecha se desconocía aún el alcance de los daños ni el coste de su reparación total.

El objetivo era eliminar todos los residuos que se acumularon en el casco y en el interior durante casi los 30 días que permaneció bajo el mar. Entonces, la empresa administradora de la gestión del barco no tenía intención de volver a ponerlo en funcionamiento, debido a que no contaba con liquidez económica para dicha tarea.



Su vuelta a El Puerto

El lunes 28 de noviembre de 2011 el Vaporcito volvía a El Puerto, dejándolo en el varadero, donde ha permanecido desde entonces, deteriorándose tras el paso de los inviernos, las lluvias, el calor, el viento y de los años. Esos días fueron muchos los portuenses, ávidos de ver la motonave, los que se acercaron al muelle, curiosos. Y desde entonces hasta ahora, muchos han sido los nostálgicos que han pasado por allí lamentando que no se haya hecho nada por recuperarla.

El Adriano III se ponía entonces, a su llegada a la localidad, en manos de los técnicos, para un primer análisis de su estado. Puesto que, a pesar de haber sido cuidado por los técnicos del astillero, había que hacer una primera valoración de la embarcación, una vez en tierra, tras el traslado. Entonces el Vapor ya había pasado a otras manos, Motonaves Adriano, cuya cara visible ha sido estos años el empresario Manuel Ramos, uno de los socios de la entidad.

Tres años después, la reparación y restauración del Vaporcito seguía siendo una utopía

Entonces, pocos meses después de su reflotamiento, los portuenses aún seguían manteniendo esperanzas de que el Vaporcito volviera al agua, un hecho que no llegara nunca y que fue minando la ilusión de los que se habían montado tantas veces en la motonave y de los que tenían la necesidad de seguir creyendo en que volverían a ver al Adriano III navegando.

Pero en 2014, tres años después del trágico suceso, la reparación y restauración del Vaporcito seguía siendo una utopía y no una realidad. Entonces eran los problemas burocráticos los que tenían paralizado el proceso. Problemas que nunca se dieron a conocer de forma pública y que se estaban resolviendo en los juzgados y que suponían una reparación integral de la embarcación.

Ese mismo año se creó la Asociación Portuense El Vaporcito, cuyo objetivo principal era salvar este Bien de Interés Cultural para el disfrute de los ciudadanos y los visitantes. La intención de la entidad era, asumiendo que este emblema portuense no podría volver a navegar, buscar un lugar en la ciudad donde poder ubicarlo y así darle un uso distinto.

El vapor de El Puerto “Adriano III”, en la bajamar, a la espera de un final digno. / EA

Además, cesaron las actividades en el varadero del Guadalete, siendo derribadas sus instalaciones y quedando, por tanto, el Vaporcito en estado de abandono, sin que se hicieran apenas trabajos de rehabilitación en el mismo. Y en febrero de 2016 se decidió desguazarlo, aunque en 2017 aún no se había ejecutado dicho precepto.

Pero pasaron otros dos años hasta que el armador del buque, Manuel Ramos, pusiera otro paso en el camino. En junio de 2016 confiaba en que el nuevo alcalde, David de la Encina (PSOE), le recibiera, puesto que dicho partido tenía como objetivo la recuperación del Vaporcito. Era el Ayuntamiento el que tenía que dar la licencia para la restauración, puesto que los terrenos en los que se iba a reparar la embarcación habían sido cedidos al Ayuntamiento por Autoridad Portuaria.

En 2016 la Asociación Portuense El Vaporcito inició el camino hacia la construcción

El armador hablaba de un proyecto que se prolongaría unos seis meses y supondría una inversión de 400.000 euros, siendo una cifra que ninguna administración ni particular quiso asumir, quedando bloqueado el proyecto.

El nuevo equipo de Gobierno confirmó que apoyaría este proceso, pero era responsabilidad del armador, y se preguntaba por qué no pensar en un Adriano IV en vez de intentar insuflar vida a una embarcación que daban por perdida al ser más viable realizar una nueva que repararla con todas las garantías para su uso para navegar.

El mismo año de 2016 la Asociación Portuense El Vaporcito tomó la determinación de iniciar el camino hacia la construcción de un nuevo Vapor, que supondría un legado y herencia del ya prácticamente desaparecido Adriano III. Entonces se cumplían cuatro años de reuniones y encuentros con todas las partes implicadas en la puesta en marcha de la recuperación del vapor.

En 2017, la propiedad de la motonave fue expedientada por la Junta de Andalucía, ante la inacción con la que se ha encontrado con el paso de los años, puesto que la declaración de BIC le confiere la obligación de mantenerlo, protegerlo y repararlo, algo que hasta entonces no se había conseguido.

Y hasta este 2020 no se ha encontrado una solución para adecentarlo y ponerlo en exposición, tras donar -el pasado 13 de marzo ante notario- el propietario del Vapor la embarcación a la Asociación Portuense El Vaporcito, para que este símbolo portuense pueda ser apreciado por todos los que tanto cariño le han profesado y conocido por los que no sabían nada de él, como las nuevas generaciones. [El Puerto vuelve y lo hace recuperando su Vaporcito: presentado el proyecto para su rehabilitación]

 

Toda una saga

El Adriano III pertenece a una saga de motonaves que completan el Adriano I y el II. Fue un gallego el que construyera el primero de estos barcos, Antonio Fernández, cediéndoselo a su hermano, y sus hijos, siendo el más conocido Pepe el del Vapor. Este primer Adriano comenzó sus viajes en Galicia, para ser reclamado más tarde por Sevilla con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929, cubriendo el servicio entre Sanlúcar de Barrameda y Sevilla a través del Guadalquivir.

El 9 de julio de 1929 explotaría la caldera del Vapor, mientras se encontraba atracado en el muelle de Las Galeras, en El Puerto. Entonces se prohibió el transporte de pasajeros en barco de vapor, por lo que llegaron los barcos con motor de explosión. En primer lugar llegó el Yate Umbría, y después el Adriano, con José Fernández en cabeza, y una tripulación formada por varios de sus hijos. En 1932 se comenzaría la construcción del Adriano II, que nunca llegó a ponerse en marcha debido a la Guerra Civil. Este proyecto se retomaría en 1942, siendo una embarcación con una capacidad para 400 personas.

En 1955, el Adriano III daría relevo al segundo. Dicha motonave se construyó en los astilleros de Vigo, capitaneada ya por los hermanos Fernández Sanjuán.

En 1999, la Junta de Andalucía declararía el Vaporcito como Bien de Interés Cultural (BIC), para preservar su historia y su caprichosa posición en el traslado turístico de pasajeros entre El Puerto y Cádiz, a lo que hay que sumar en 2011 la declaración de Bien Mueble de Interés Cultural.

Nadie que se sienta unido a El Puerto puede no recordar un viaje a Cádiz en el Vapor. Esos 45 minutos que, en cambio, se pasaban volando, puesto que, era una posibilidad de disfrutar de la Bahía, de los encantos del viaje placentero en mar, sin horarios que cumplir.

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