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En esta España tan dada a los excesos y al patriotismo, llama la atención que, por una vez, todos han estado de acuerdo en sus críticas hacia una misma Comunidad Autónoma, donde la palabra nacionalismo o independentismo solo se conjuga en tercera persona. El éxodo de miles de madrileños hacia las costas españolas, incluyendo la portuense y toda la gaditana, durante este fin de semana ha provocado en la ciudadanía una verdadera catarsis.

Catarsis, en su definición oficial, es “la purificación de las pasiones del ánimo mediante las emociones que provoca la contemplación de una situación trágica”. Y trágica ha sido ha sido la visión de esos madrileños, que, lejos de pensar que podrían estar propagando la enfermedad, han creído que era el mejor momento para irse unos días de vacaciones a su segunda residencia, tomar el sol y descansar del agobio que debe ser vivir en Madrid estos días.

“No nos hagamos un ‘madrileño’ a nosotros mismos”

El problema es que lo han hecho, quizás sin mala intención, pero sí con una gran irresponsabilidad y un desprecio a todos los que vivimos en esta misma costa y que, tal vez con menos tensión porque hay (o había, que todo está por ver las consecuencias de estos viajecitos), no vivimos ajenos al miedo que conlleva esta pandemia.


Pero, quitando algún incidente aislado, como el vivido en Vistahermosa este fin de semana, que ha enturbiado el cabreo de todos los portuenses, si somos sinceros, creo que debemos darles las gracias a esos madrileños. Porque gracias a su irresponsabilidad hemos entrado en esa catarsis, en esa “purificación de las pasiones del ánimo mediante las emociones que provoca la contemplación de una situación trágica”. O dicho de otro modo. Tenemos tal cabreo… que nos hemos quedado en casa solo para que nadie piense que podemos ser madrileños.

Ver las calles de El Puerto prácticamente vacías (y para ello no hace falta salir de casa, sin saber navegar por Google) y la concienciación que se nota cuando hablas con tus vecinos, amigos y familiares (cuántas vidas van a salvar los móviles y el whatsapp) es el reflejo de estas visitas que nadie entiende y que muchos de quienes las han llevado a cabo espero que acaben valorando interiormente cuando regresen a sus casas.

Pero no nos engañemos. Podemos estar agradecidos a los madrileños por enseñarnos a ser cívicos, pero empieza la semana y el 90% de quienes estén leyendo esto están pensando ya que las restricciones están muy bien… pero que quizás no vayan con ellos. Que por salir un rato, sacar a la calle a los niños, ir a la compra sin prisa, acercarse al trabajo aunque se pueda trabajar desde casa o pararse a hablar con alguien en la esquina no es grave.

Y lo es. No nos hagamos un ‘madrileño’ a nosotros mismos. Lo mismo es salir sin razón una hora que tres días. El efecto de contagiar puede ser de minutos y las consecuencias de días. Mejor estar en casa con la familia, que en cuarentena solo en el hospital. Y peor poder perder la vida o, aún más trágico, provocar la muerte de un familiar de más edad.

Aprendamos como los más pequeños y, como se ve en la foto, seamos responsables.

 

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