Juan de Mesa.- El Puerto ha pasado de una etapa marcada por la deuda, el Plan de Ajuste y una capacidad financiera muy limitada a otra en la que el Ayuntamiento dispone de bastante más margen para actuar. La amortización de alrededor de 90 millones de euros de deuda, el ahorro aproximado de 30 millones en intereses y la salida del Plan de Ajuste no son solo cifras para una nota de prensa. Lo importante es lo que permiten hacer después.
En la primera parte hablábamos de dónde veníamos. Ahora toca mirar dónde estamos. Y, sobre todo, qué margen existe hoy para hacer cosas que antes eran bastante más difíciles de plantear.
El Ayuntamiento ha comunicado que en 2024 alcanzó la situación de deuda financiera cero. Bien. Tampoco hace falta sacar la banda de música. Los gobiernos están para gestionar, pagar lo que deben y procurar no dejarle el marrón al siguiente. Pero una cosa es no montar una fiesta y otra fingir que da exactamente igual deber decenas de millones que no deberlos.
En 2025, por ejemplo, el Ayuntamiento planteó una modificación presupuestaria de 45,8 millones de euros para vivienda pública, saneamiento del sector público municipal y nuevos aparcamientos, entre otras actuaciones. Se puede discutir si esas prioridades son las correctas, si habría que gastar más aquí o menos allí. Eso entra dentro de lo normal. Lo que ya cuesta más defender es que disponer de casi 46 millones para invertir sea lo mismo que gobernar con la caja tiesa.
También ha mejorado el periodo medio de pago a proveedores. El Ayuntamiento lo situó en 56 días en 2024, frente a los más de 150 días que señalaba al principio de esta etapa. Sobre el papel parece un dato gris. Para un autónomo que espera cobrar, no tiene nada de gris. Cinco meses esperando una factura dan para aprender bastante sobre la paciencia y sobre la Administración.
Y sí, quedan problemas. Vivienda, empleo, calles, servicios, barrios que llevan demasiado tiempo esperando. Nadie serio puede decir que El Puerto esté resuelto porque las cuentas estén mejor. Sería absurdo. Pero tampoco es serio hacer como si nada hubiera cambiado.
Por eso aquello de que se pongan mis zapatos sigue teniendo sentido. Que intenten gobernar con aquellas cuentas y, después, con estas. No hace falta estar de acuerdo con todo lo que se ha hecho. Solo comparar las herramientas que había entonces con las que hay ahora.
Y aquí llega lo verdaderamente incómodo: cuando no hay dinero, siempre hay una excusa a mano. Cuando lo hay, se acabó.
Ahora toca gastar bien, ejecutar mejor y conseguir que todo ese margen financiero se note fuera del Ayuntamiento, que es donde importa. Porque sanear las cuentas tenía un sentido. Poder hacer. Y hacerlo bien.











