En julio de 2024 compré, a través de la web de E-Ureka Factory de Electrodomésticos, un televisor Samsung de 98 pulgadas por 4.765,91 euros. Como la ley me permite, y dentro de los catorce días que marca la normativa de consumo, decidí desistir de la compra. No hacía falta justificar el motivo —el derecho de desistimiento existe precisamente para eso—, pero lo hice: el producto no terminaba de convencerme.
Devolví el televisor por mensajería, siguiendo las instrucciones que E-Ureka Factory de Electrodomésticos me facilitó, y me hice cargo del transporte de vuelta, aunque la información que facilitan sobre estos gastos es una cláusula genérica dentro de sus condiciones generales, sin coste concreto ni referencia a electrodomésticos voluminosos que requieren transporte especial —lejos, a mi juicio, de la información clara y específica que la ley exige al consumidor antes de contratar—. El paquete llegó a las instalaciones de E-Ureka sin que nadie —ni el transportista, ni el personal de la propia empresa que lo recibió— hiciera constar ninguna incidencia en el momento de la entrega. E-Ureka Factory de Electrodomésticos firmó la recepción sin reservas.
Dos días después, recibí la noticia de E-Ureka: según la empresa, el televisor había llegado con la pantalla rota, y por tanto no procedía devolverme el dinero. Se me remitió, además, a reclamar directamente al transportista —una empresa con la que yo había contratado, sí, pero cuya actuación, entiendo, no debería eximir a E-Ureka Factory de Electrodomésticos de responder ante mí como consumidor.
No comparto esa versión de los hechos, y así lo sostengo en la demanda que finalmente me he visto obligado a presentar contra E-Ureka Factory de Electrodomésticos, S.L.U.: a mi juicio, si existía algún daño, nada impide que se hubiera producido durante esas cuarenta y ocho horas en las que el televisor ya estaba en el almacén de E-Ureka, bajo su exclusiva custodia, y no durante el transporte. Firmar sin reservas y comunicar un problema dos días después es, cuando menos, difícil de conciliar con la diligencia que cabría esperar de una empresa como E-Ureka Factory de Electrodomésticos al recibir un producto de este valor.

Interior de una de sus tiendas.
Ocho meses de silencio de E-Ureka antes de llegar a los tribunales
Lo que más me ha pesado de todo este proceso con E-Ureka no es solo la negativa al reembolso, sino el tiempo que ha costado siquiera obtener una respuesta seria. Reclamé por correo electrónico a E-Ureka Factory de Electrodomésticos. Acudí a la Organización de Consumidores y Usuarios, que intentó mediar en dos ocasiones sin éxito. Envié un burofax formal. Durante meses, E-Ureka simplemente no contestó a ninguna de las reclamaciones extrajudiciales, más allá de reiterar por escrito, en un único burofax, que el problema era cosa del transportista y no suyo.
Solo cuando agoté esa vía —y cumplido el trámite legal de mediación previa que exige la ley antes de poder demandar por una reclamación de cantidad— presenté la demanda contra E-Ureka Factory de Electrodomésticos, S.L.U. que hoy sigue su curso en los tribunales de Archidona. Reclamo el precio del televisor, los gastos que tuve que asumir para devolverlo, y los intereses correspondientes.
No sé todavía cómo terminará este litigio con E-Ureka. Lo que sí sé es que un consumidor que ejerce un derecho que la ley le reconoce sin condiciones —desistir de una compra dentro de plazo— no debería tener que litigar durante más de un año contra E-Ureka Factory de Electrodomésticos, ni gastar en abogado y procurador, para intentar recuperar un dinero que considero que se me debe. Si al final de este proceso el resultado me da la razón frente a E-Ureka, lo contaré con más detalle. Y si no, también.
¿Te ha pasado algo parecido con E-Ureka Factory de Electrodomésticos?
Si has comprado en E-Ureka Factory de Electrodomésticos y te has encontrado con una negativa similar al ejercer tu derecho de desistimiento, no estás solo. La Organización de Consumidores y Usuarios ofrece un servicio de mediación gratuito antes de acudir a los tribunales, y cualquier consumidor puede reclamar la devolución íntegra del precio cuando la empresa no acredita que el deterioro del producto le sea imputable a él.










