
“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.
Me encanta el cine de juicios, en estas páginas ya ha salido: Injusticia y racismo; o Juicios con jurado.
En esta entrega van: El jurado (2024), de S. Theis; Los juicios de Nuremberg (2000), de Y. Simoneau; y Perry Mason (1956-1961), de E. S. Gardner y otros.
EL JURADO (2024). Con cuarenta años, Fabio va por la vida sin norte. Trabaja en Forbach en un centro de reciclaje. Su vida consiste en ir del trabajo al bar, jugar al billar, beber cervezas y licores, y fumarse unos porros. También le alivia la vida su relación con Madeleine, una mujer de la tercera edad con la que mantiene un vínculo secreto.
Un día, Fabio recibe por correo certificado citación como miembro de un jurado para decidir la pena de Jean-Charles Fadil, un joven pirómano de color, que ya tiene una sentencia, pero que ha pedido que se reabra su caso.
Aunque él, por temor y cortedad, se niega a ir, Madeleine le explica que es una obligación y que sería multado de no concurrir, zanjando así el tema.
Los frentes del filme
Interesante película que abre varios frentes en su recorrido, todos interesantes. El primero, ser una meritoria película sobre la justicia francesa, que avala el talento de su director Samuel Theis, y su descripción de la complejidad las personas que componen un jurado y del propio reo.
Hay aspectos psíquicos finos de los personajes, algo digno de ser subrayado en tiempos de sensacionalismo y excitación teatral. Es importante la calificación psiquiátrica de determinados cuadros que son peligrosos socialmente, como la piromanía, de difícil reeducación.

En tercer lugar, está el personaje Fabio, un hombre de cuarenta y tantos años, un ser indolente llevado por la inercia, que bebe y se deja querer por Madeleine, su pareja 30 años mayor a la que no es capaz de decir que la quiere.
Juicio y jurado
Llama la atención la intensidad emocional del joven condenado cuando habla de su piromanía, los matices con que ilustra esa anómala afición al fuego y las íntimas vivencias de disfrute de sus actos: un peligro social.
También impacta el análisis del caso, cómo Fadil hace introspección de su ánimo, de su profundo trastorno. Se hace difícil comprender a esa persona en toda su extensión.
En cuanto a Fabio, el protagonista, es un hombre retraído, de poco parlamento, trabajador con una máquina industrial con chatarra. Le desborda la responsabilidad del juicio.
Los demás personajes tienen sus propias vidas: Luise Bourgoin hace de médica que mantiene una relación tóxica. La fiscal (Sophie Guillemin), despiadada y sin margen para la compasión, pero recta. El abogado defensor (Hedi Zada) es el menos mimado por el guion: plano.
Un excelente Micha Lescot interpreta a un profesor de secundaria resentido con las minorías que considera peligrosas. Y la constante atención de una jueza cercana y cabal interpretada con sobriedad por Marina Foïs.
Película sobre la justicia
Theis, al abordar el subgénero juicios, sobre la idea de un castigo justo, y ha querido también subvertir algunos de sus códigos y esquemas principales. Desde el comienzo la condición de culpable de Fadil queda definida.
A través de este enfoque narrativo, Theis evita el suspense de si habrá sentencia de culpabilidad o de inocencia, generalmente vinculado al género, para centrarse en el complejo mecanismo de la justicia francesa.
Un ceremonial poco conocido por el público más familiarizado con el sistema judicial estadounidense, a través de películas como Jurado nº 2 (2024), de C. Eastwood; o 12 hombres sin piedad (1957), de S. Lumet.

Reparto
En esta cinta tenemos a Fabio, cuarentón del pueblo, retraído y con una amante mayor que él. La cosa es que uno acaba por sentir cierta simpatía/compasión por este personaje tan reservado y ambiguo; Theis lo consigue.
Cuenta para ello con dos formidables intérpretes no profesionales: Julienne Ernwein, hombre maduro impasible, y Marie Masala, una mujer mayor que devora con la mirada a su amante. Según Theis, estos personajes se inspiran en su propio hermano, lo que le da veracidad a esa relación. La pareja funciona a la perfección en la pantalla.
Hay que aplaudir el trabajo de actores profesionales (Marina Foïs, Sophie Guillemin, Louise Bourgoin, Micha Lescot, Emmanuel Salinger, Claude Aufaure, Saada Bentaïeb) o no profesionales (los citados y Souleymane Cissé), por haber sabido abrazar el sesgo ético y estético de la película.
Marina Foïs (jueza) y Louise Bourgoin (jurado) elevan también la historia con su presencia magnética, mientras que Souleymane Cissé, acusado, perturba.
No hay que olvidar la música de Maud Geffray y la buena fotografía de Jonathan Ricquebourg, que hacen a un acabado estupendo.

El problema carcelario y social francés
La cinta recuerda los problemas no resueltos del hacinamiento carcelario en el país galo, la naturaleza errática de la psiquiatría y los prejuicios racistas que socavan esa sociedad.
Sin embargo, no es una película de tesis, gracias a la inteligencia de su guion (Theis). Todo se basa en el destino de los personajes y no en frases sentenciosas.
Película que busca reintroducir la noción de complejidad humana en una sociedad francesa donde los juicios tajantes contaminan los informativos y las redes sociales.
Por cierto, la cinta se ha visto empañada por un caso legal. El cineasta Samuel Theis fue acusado de agresión sexual por una mujer del cuerpo técnico del equipo. Theis dirigió la parte final a distancia.
Desde entonces, Theis ha sido excluido de la promoción de la película, rodada en 2023, pero estrenada discretamente a finales de marzo de 2025 sin mucha publicidad por la pusilánime distribuidora Ad Vitam.
Cierre
Theis ha querido con esta obra, completar una de trilogía dedicada a la región francesa del Mosela, de la cual es nativo, tras Mil noches, una boda (2014) y la brillante Softie (2021).
Más extenso en revista ENCADENADOS
LOS JUICIOS DE NUREMBERG (TV) (2000). Serie de dos capítulos para TV que narra el famoso juicio celebrado en la ciudad alemana de Nuremberg, una pequeña ciudad devastada por la guerra. En ese acto fueron juzgados veintiún altos mandos nazis como responsables de crímenes de lesa humanidad. El fiscal fue el americano Robert Jackson (Baldwin), que representaba a los Estados Unidos, Gran Bretaña y la URSS.
Retrata con bastante exactitud lo que ocurrió en Nuremberg. Muy bien dirigida por Yves Simoneau, magnífico guion de David W. Rintels, adaptación de la obra de Joseph E. Persico, Nuremberg: Infamy on Trial. Buena música de Richard Grégoire y gran fotografía de Alain Dostie.
Estupendas interpretaciones con actores como Alec Baldwin, Jill Hennssy, Brian Cox (derrocha carisma); Christopher Plummer, Roger Dunn o Max von Sydow (que marca diferencias).
Un fresco de los famosos juicios llevado por las fuerzas vencedoras sobre dirigentes nazis capturados, con el mariscal Herman Göring a la cabeza, su gestación, organización y complejo proceso judicial. Gran carga emocional de las imágenes del Holocausto, imágenes sobrecogedoras cuyo dramatismo deviene ira cuando se oyen las excusas de los nazis: “Yo no sabía lo que ocurría” o “Todo esto es un montaje”.

Entonces la sangre hierve y uno parece no entender hasta dónde los seres humanos fueron capaces de llegar en aquella época de barbarie. Incluso da margen para pensar en las tropelías que se siguen cometiendo hoy día.
Los capítulos tienen un tempo sereno pero ágil, lo cual evita el aburrimiento, los diálogos son muy interesantes y tiene un tono de documental que hace atractiva la obra por su verosimilitud.
El personaje de Herman Goering tiene algunos sesgos en el guion que no me gustaron. Por ejemplo, quedé perplejo cuando Goering discute comparando el racismo en E.E. U.U. con el Holocausto.
Buena serie, pero comparada con Vencedores o vencidos dirigida por Stanley Kramer en 1961, se queda corta.
PERRY MASON (1957-1966). Serie que toma la figura de Perry Mason, un personaje que aparece por vez primera en las novelas policíacas del prolífico Erle Stanley Gardner (1889-1970). Mason es un abogado especializado en el trabajo criminal. Además, es un hombre que lo da todo por sus clientes y que disfruta con los casos difíciles.
Debido a la larga duración de la serie (9 años, 271 episodios), fue dirigida por diferentes realizadores entre los que destaco a su creador Erle Stanley Gardner. Los demás mantuvieron el estilo y la tónica de la serie con enorme profesionalidad y acierto.
También fueron diversos los guionistas, resaltando el padre de la criatura y también primer director S. Gardner, y continuaron esta tarea de adaptación de la obra otros guionistas de gran talla.

En el reparto sobresale Raymond Burr, un actor de primer orden, al que el personaje le va como anillo al dedo; intérprete de personalidad y muy convincente, da solidez a la serie, verosimilitud y una impronta humana a su labor de abogado de los “imposibles”.
Barbara Hale está de diez en su papel como eficaz secretaria. Willian Hopper hace el papel de Paul Drake, investigador privado que trabaja para Mason; William Talman está muy bien como hombre perspicaz, Talman es el Fiscal del Distrito.
Un blanco y negro mítico presidía todos los telefilmes de aquel tiempo; se fueron encargando de la fotografía con excelente fortuna Frank Redman y otros. Y precediendo siempre, el tema musical inolvidable de la serie compuesto por Fred Steiner, de los más recordados de la TV.

En cada entrega un caso a cual más interesante y curioso, siempre asuntos que parecen imposibles de defender pero que Mason, mago del derecho y la indagación, logra siempre desenmarañar y así, salvar de la cárcel o de la silla eléctrica a su cliente.
Todo acababa bien en cada uno de las entregas; cada noche uno se quedaba con ganas, pero no había que preocuparse, Perry Mason volvería la semana siguiente.
Pese a la cantidad de años y de episodios representando a Mason, Burr afirmó no estar aburrido. Él mismo llegó a declarar: "Perry Mason era para mí una ilusión cada día. Intentaba introducir variantes en cada capítulo, como andar de diferente manera durante la celebración de un juicio". Un gran actor.
Escena:











