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Nadie puede dudar que la hermandad o unión y afecto entre hermanos es un vínculo poderoso que une. Un vínculo en el cual, tanto la genética como el cúmulo de experiencias compartidas, es sustancial para la unión.
“Los hermanos sean unidos / porque esa es la ley primera; / tengan unión verdadera / en cualquier tiempo que sea, / porque si entre ellos pelean / los devoran los de afuera” (José Hernández. “Martín Fierro”).
Hoy refiero tres películas que tratan la de la hermandad, todas interesantes, las tres emotivas y muy recomendables: Por todo lo alto (2024), de E. Courcol; Petite maman (2021), de Céline Sciamma; y Rastros de sándalo (2014), de M. Ripoll.
POR TODO LO ALTO (2024). Comedia dramática y francesa, está dirigida por Emmanuel Courcol y escrita junto a Irène Muscari, un guion inteligente y una competente narrativa cinematográfica.
Se inscribe en el género del feel good movie, cuyo visionado hace bien al corazón, una historia que predica la solidaridad, mirar al otro, encarar con empatía los problemas sociales. Produce una sensación de alegría y bienestar.
Es curioso que su estreno en el Festival de San Sebastián marcara un hito al obtener la puntuación más alta del público en la historia del certamen.
La historia
Thibaut es un prestigioso director de orquesta que tiene leucemia, lo cual que necesita un trasplante de médula con urgencia. Pero resulta que su hermana no es compatible y este extremo le lleva a darse cuenta de que no es su hermana biológica y que fue un niño adoptado.
Descubre entonces que tiene un hermano biológico, Jimmy, un trombonista que trabaja en el comedor de una escuela en el norte de Francia.
Lo que comienza como una búsqueda médica (necesita el trasplante medular), se transforma en una exploración de la identidad, la fraternidad y el poder transformador de la música.
Thibaut tiene la difícil tarea de preguntarle a su hermano si le importaría donar su médula ósea. Esta tensa situación revela, además, que Jimmy tiene un auténtico talento musical, como trombonista en la estridente banda de la fábrica del pueblo.
El vínculo entre Thibaut y Jimmy gana una complejidad inaudita, por un lado, el amor por la música los acerca. Thibaut, siente también que puede ayudar a Jimmy y sus compañeros para intentar posicionarse mejor en un inminente concurso de bandas.
Habría podido esperarse una historia plan Ceniciento fraterno, donde Jimmy impusiera su formidable talento innato. En vez de eso, lo que resalta son las diferencias de clase y de lugar de formación y residencia. O sea, Jimmy podría ser lo que es Thibaut si le hubiera tocado una familia pudiente en París.
Temas
En el filme se abordan capítulos diversos, como la hermandad, las diferencias sociales o el papel de la genética en la dimensión artística y musical. Entre ambos hermanos hay una importante discrepancia social y la cinta contrapone dos mundos diferenciados, pero unidos por el nexo de la música.
Esto deviene metáfora de las clases sociales. Thibaut representa la élite artística; Jimmy, la intuición musical y también su categoría como obrero en una fábrica. Esto da para reflexionar sobre el determinismo social y la desigualdad de oportunidades.
Tenemos igual el apartado de la música como lenguaje universal y punto de unión entre ambos hermanos. De hecho, la banda sonora de Patrick Doyle surge directamente de la acción, forman parte del mundo ficticio de la historia, sonidos o música que los personajes podrían escuchar y que son parte de su realidad.
Desde el ensayo inicial hasta el clímax final, la música no solo acompaña, sino que articula el relato emocional. El uso del Bolero de Ravel como símbolo de unión es especialmente significativo y da lugar a un emotivo final.
Es igualmente notorio que estamos ante un cine social humanista, o podríamos decir con alma, inspirado en el cine de Ken Loach, enfocada la cosa en este filme con una mirada más venerable y esplendente.
A propósito, la fábrica principal del pueblo de Jimmy está siendo vaciada y su cierre es inminente. Todo eso enciende cierto espíritu de militancia política en Thibaut, que disuelve la noción de una música “clásica” ajena a los aspectos prácticos y políticos de la vida.
Dirección, estilo y actuaciones
Courcol demuestra una notable capacidad para equilibrar lo cómico con lo melancólico y lo sombrío. Hace por evitar los clichés del típico melodrama familiar y hace uso de un estilo narrativo clásico, trasparente y honesto.
Además, la película entretiene en todo momento, gracias a un montaje preciso, cargado de ritmo, y una puesta en escena teatral. Película pensada para conmover, que tiene su mirada puesta en la música, pero que no es melosa, o al menos no al límite de lo que resulta entrañable.
Los actores son verdaderamente buenos y la cinta se la reparten un Benjamin Lavernhe como Thibaut, un distinguido y sensible director de orquesta: trabajo elegante, transmitiendo la fragilidad de un hombre enfrentado a su pasado y a la enfermedad.
Pierre Lottin está sensacional como Jimmy, el hermano socialmente desfavorecido, en un trabajo que conmueve, espontáneo, encarnando la dignidad de quien ha aprendido a vivir con menos y ha tenido que afrontar penalidades.
Conclusión
Es una obra que consigue emocionar sin manipular, narración sólida, personajes auténticos y creíbles, y una sensibilidad musical que atraviesa cada plano.
Que se ve con contentura, que no olvida la carga afectiva y, por lo tanto, que se escucha con el corazón tanto como se ve con los ojos.
Revista Encadenados
PETITE MAMAN (2021). Nelly, una niña de 8 años, acaba de perder a su abuela. Mientras ayuda a sus padres a vaciar la casa en la que su madre creció, explora intrigada el bosque que la rodea, donde su mamá solía jugar de pequeña.
Allí, Nelly conoce a otra niña de su edad y entre ambas se produce una sintonía casi inmediata, lo cual da paso a una preciosa amistad. Juntas construyen una cabaña en el bosque y, entre juegos y confidencias, se irán contando sus cosas y desvelarán un fascinante secreto.
Película que cautiva por su delicadeza y su magia. La directora Céline Sciamma nos ofrece una historia de amor filial que trasciende el tiempo y el espacio, y que nos hace reflexionar sobre la infancia (“la patria del hombre”, según Rilke), la memoria, la hermandad y la identidad.
La película se centra en Nelly, niña que acaba de perder a su abuela y que se encuentra con una misteriosa niña llamada Marion en el bosque. Pronto descubrirá o entenderá que Marion es en realidad su madre de pequeña, y que ambas comparten un vínculo muy especial.
La película se desarrolla con una sencillez y una naturalidad admirables. No recurre a efectos especiales ni a explicaciones innecesarias. El guion de la propia Sciamma está plagado de detalles sutiles y emotivos, que nos hacen sentir la complicidad y la ternura entre las dos niñas.
Las actuaciones son creíbles y espontáneas, especialmente las de las dos protagonistas, Joséphine Sanz y Gabrielle Sanz, que en la vida real son hermanas. Se ve la gran labor de dirección actoral con las niñas de la Sciamma.
La fotografía de Claire Mathon es muy hermosa, con tonos cálidos y una luz suave que envuelve las escenas. La música de Para One es discreta y delicada, acorde con el tono de la película.
La realización tiene un ritmo pausado y una puesta en escena cuidada, amén de saber mantener la atención, con un clima de amor e incluso de intriga.
Película entrañable que conmueve y que hace recordar la inocencia y la alegría de la infancia y la hermandad. Obra de arte que merece ser visionada.
RASTROS DE SÁNDALO (2014). Al comienzo de la película se ve la escena de un parto en una zona recóndita de India. La madre muere al dar a luz. La criatura es una niña y su hermana de doce años, se hace cargo de ella. Pero fueron separadas y la niña fue adoptada. Ya de adulta, esa hermana, convertida gran actriz de cine, la buscará denodadamente.
María Ripoll hace gala de oficio, de destreza y de pericia en su hacer cinematográfico, logrando crear un clima de emociones compartidas con el espectador. Excelente guion de Anna Soler-Pont (de su propia novela), coautora con Asha Miró. La historia es fruto de una experiencia vivida por una de las coguionistas.
Tiene el film una música cautivadora con algunos temas magníficos de Zeltia Montes, y una gran fotografía de Raquel Fernández que sabe encuadrar, seguir a los personajes y volar inquieta por entre la trama.
En el reparto, Nandita Das es una importante actriz y directora de cine en India. Aina Clotet, actriz y guionista experimentada también, se luce en su papel de hermana pequeña adoptada. Naby Dakhly, actor francés de origen argelino bien como amoroso joven indio Prakash, que acompañará en su búsqueda personal a la protagonista, Paula.
Clotet y Das resultan ser el símbolo de unión entre culturas, en una película que no cae en el error de subrayar los contrastes, sino más bien en predicar la universalidad de la bondad y el amor. Muy bien el resto del reparto: Rosa Novell, Godeliv Van den Brandt o Subodh Maskara.
La película aborda la complejidad de la adopción y el encuentro entre culturas muy distintas. El tema intercultural está muy bien tratado.
Película que quiere ser un Puente de entendimiento entre dos civilizaciones distintas, un viaje espiritual entre las ciudades de Bombay en la India, y la mediterrànea Barcelona, y dos hermanas cuyo vínculo excede geografías.
La directora María Ripoll logra su objetivo de emocionar, sin cuentos ni engañifas, sino mostrando las realidades complejas pero evidentes que laten bajo la historia y vinculadas a la adopción y la hermandad frustrada.
Una filme que hace que las piezas encajen y consigue con naturalidad una situación que cualquiera habríamos podido pasar. Una invitación a abrirnos a la realidad, al intercambio con otras gentes sin prejuicios.