José Luis Bueno ha presentado este lunes su dimisión como concejal del Ayuntamiento de El Puerto, apenas tres días después de que IU proclamara a Alexandra Ruiz como candidata a la Alcaldía para 2027. Una sucesión de movimientos que, si se completa como apunta el orden de la lista electoral, puede terminar sentando en el Pleno a la nueva cabeza de cartel de la formación.

La candidatura de IU de 2023 deja poco margen para las dudas sobre el procedimiento. Bueno ocupaba el número uno, Carolina Rodríguez el dos y Alexandra Ruiz el tres. El acta corresponde ahora, en primer término, a Rodríguez, cuya renuncia todavía no ha sido anunciada oficialmente. Si finalmente da ese paso, como todo apunta, Ruiz quedaría como siguiente candidata de la lista.



El movimiento merece además una lectura que va más allá de un simple relevo político. Alexandra Ruiz es pareja de José Luis Bueno, además de haber compartido durante años espacio orgánico y político dentro de IU. Por eso, hablar simplemente de renovación resulta difícil cuando el relevo puede producirse dentro del mismo núcleo político que ha dirigido la formación en los últimos años.

La salida de Bueno puede acabar facilitando así que su propia pareja, recién elegida candidata para 2027, acceda al mismo escaño después de que la número dos de aquella candidatura renuncie previamente a ocuparlo.

No hay por ahora ninguna declaración pública de IU que reconozca que la dimisión de Bueno y el posible salto de Ruiz al Pleno formen parte de una operación diseñada de antemano. Aunque en pocos días quedará despejada la incógnita y retratada la jugada.

Pero el resultado político, si se completa la cadena de renuncias, sí es evidente ya: IU tendría a su candidata a la Alcaldía sentada en el Ayuntamiento meses antes de las elecciones, con presencia en los plenos y un escaparate institucional desde el que afrontar la precampaña.

La incógnita inmediata está ahora en qué hará Carolina Rodríguez y en si su decisión termina despejando definitivamente el camino de Alexandra Ruiz hacia el Pleno. Si ocurre, el movimiento dejará una lectura incómoda para IU: más que una renovación, parecerá una operación de continuidad de un proyecto agotado, sin caras realmente nuevas ni una ruptura con la etapa anterior.

Cambiaría el nombre de la candidatura, pero no el núcleo político que la sostiene. En ese escenario, la supuesta renovación quedaría reducida a una nueva cabeza de cartel para el mismo círculo de siempre.