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El western ácido y psicodélico fusiona los elementos tradicionales del western los temas surrealistas, psicodélicos y contraculturales de las décadas de 1960 y 1970. Esta fue una época en la que la autoridad se vio cuestionada por eventos como la guerra de Vietnam; temas que se reflejan con fuerza en la mayoría de los westerns ácidos.

A diferencia de los clásicos del género, que glorificar la vida fronteriza y el individualismo rudo, este western psicodélico deconstruye estos mitos, presentando una visión más oscura y desilusionada del Viejo Oeste.

A propósito, comento: los tres entierros de Melquíades Estrada (2005), de T. Lee Jons; Blueberry: la experiencia secreta (2004), de J. Kounen.

LOS TRES ENTIERROS DE MELQUÍADES ESTRADA (2005). Gran postwestern: extranjería, muerte y el poeta Meleagro, excelente obra con una trama crítica, mordiente y que muestra un viaje metafórico, en ocasiones penitencial, en ocasiones iniciático, al fondo de todos los personajes que se ven involucrados en este triple entierro.

El cuerpo de Melquiades Estrada, que ha sido asesinado y enterrado de manera precipitada, aparece de pronto en medio del desierto. Las autoridades de la zona no se interesan por las razones del crimen y lo entierran en el cementerio público. Pero Pete Perkins, el mejor amigo de Melquiades, decide investigar el caso por su cuenta.

La muerte de Melquíades nos es contada a tres bandas hasta completar el puzle de todo lo sucedido, y se explica la pasividad de una policía corrupta que dejará paso a una venganza personal con sabor a lección moral.

Magnífica primera dirección de Tommy Lee Jons, que cuenta con gran pulso, lo que pretende: una historia de amistad entre un mexicano, Melquíades Estrada, y su capataz; solidez narrativa y visual.

Buen guion de Guillermo Arriaga, con trama desapacible y sensible a la vez, y bien trabado el libreto; remake de “Este muerto está muy vivo” (1989) de Ted Kotcheff. Además, la cinta tiene una excelente banda sonora de Marco Beltrami, un paradigma de buen gusto y tonalidad conmovedora; y bella la fotografía de Chris Menges.

El reparto es muy bueno, sobresaliendo Tommy Lee Jones que hace un gran papel lleno de matices; Barry Pepper está estupendo; y acompañando Julio César Cedillo, January Jones, Dwight Yoakam o Levon Helm entre otros, todos muy convincentes.

Lo mejor sin dudarlo un instante: Tommy Lee Jones a ambos lados de la cámara, que hace posible esta película mordiente, dolorosa pero que también se disfruta internamente, si uno se mete en el relato, lo cual que Lee Jones sabe promover en todo sentido.

Es una película, que a la vez que distrae, es mordaz, a la par que suave, dolorosa, y al mismo tiempo con un trasfondo de gozo.

Película áspera y tierna a un tiempo, ejemplarmente construida cuando decide centrarse en lo que verdaderamente importa. Contiene una emocionante lección de vida: la amistad por encima de claves culturales diferentes.

Dura, bordeando lo inaudito, pero como no olvida que está contando una historia profundamente humana, la película, obtiene del espectador la misma redención que sus criaturas, una pirueta emocionante que no vemos en el cine todos los días.

El viaje del cadáver y los entierros de Melquíades, sirven a modo de oportunidad para que todos los personajes puedan descubrir quiénes son y de qué madera están hechos. Esta experiencia les abre a una mirada interior más lúcida y auto aclaratoria.

A propósito de ideas provenientes de los versos de un poeta menor de nombre Meleagro de Gadara (poeta de la Antología Palatina del Siglo I a. J.), quien escribió un epitafio para sí mismo en el que habla con un extranjero que pasa por allí.

En este epitafio, el muerto interpela y habla al que pasa: muerto que le habla a un vivo: «Tú que vas, acuérdate que estoy aquí.» Meleagro le cuenta que viene de Gadara y añade: «Claro, tú de Gadara no sabrás nada, porque ése es un sitio muy pequeñito que está en Persia.» Y el epitafio añade unos versos conmovedores: «Porque la única patria, extranjero, es el mundo en que vivimos, un único caos produjo a todos los mortales».

No hay más patria que el mundo y todos venimos del mismo caos, sin saber cuáles son nuestras coordenadas y sabiendo que tenemos que vérnoslas con el mundo y con los demás. Meleagro viene a decir que venimos del caos y los ordenamientos los creamos nosotros.

Al hilo de este argumento, algunas observaciones de interés. La primera es la evidencia de que toda muerte es una caída en el olvido. En la película, la existencia de Melquíades Estrada, lejos de su patria, se presenta como el más concluyente y definitivo olvido… y los tres entierros.

- El primer entierro de Melquíades es el encubrimiento de un crimen en un paraje recóndito, y en un abrir y cerrar de ojos, se le niega no sólo la existencia sino incluso la propia muerte.

- El segundo entierro es el registro burocrático de una defunción; su catafalco, reconocible por la inscripción “Melquíades-Mexican”, pasa a engrosar los volúmenes funerarios.

- El tercer entierro es el cumplimiento de una promesa hecha por el viejo amigo Pete Perkins, que restituyen un orden siente como necesario: honrar la memoria del amigo muerto.

Entre el segundo y tercer entierro son muchos los trabajos que deben llevar a cabo para dar sentido a la muerte de Melquíades, para cumplir su voluntad. A Melquíades, asediado por las hormigas, le da ya igual. Si pudiera hablar liberaría a Pete de su promesa. Aquella era la voluntad del Melquíades vivo, los muertos no quieren nada.

Todas las tribulaciones de Pete en su expedición funeraria –cuyo origen es la fidelidad a la palabra dada- se deben a su condición de extranjero. Ideas que dan sentido al filme y pueden hacer a que se entienda mejor.

Esta película es un western fronterizo, de espaldas mojadas y gringos, que implica a su vez una auténtica lección para el espectador. El espíritu de Sam Peckinpah y la trazada de Eastwood están muy presentes en cada plano.

Película que se balancea entre lo alegre y lo triste, que, a pesar del título, está llena de vida.

Revista ENCADENADOS

 

BLUEBERRY: LA EXPERIENCIA SECRETA (2004). Narra el filme la historia del sheriff de Palomito, Mike Blueberry, educado por los indios y que intenta armonizar las dos culturas a las que está vinculado. Pero esta entente lo pone en riesgo, tanto ante los indios, como ante sus paisanos norteamericanos.

Un buen día aparece por el pueblo Wally Blount, un terrible asesino que pretende conseguir un valioso tesoro indio, trayéndole al personaje horribles recuerdos de juventud. Blueberry ha de luchar con sus propios demonios interiores con la ayuda del chamán de la tribu, Runi, el hermano con el que se educó y creció, consumiendo sustancias alucinógenas que lo ponen en trance y le ayudan a conocerse a sí mismo y a luchar contra sus miedos más profundos.

Curioso Western de corte psicodélico, caracterizado por la abundancia de imágenes bizarras provenientes de las alucinaciones y tormentos que el protagonista padece bajo los efectos de la mezcalina. También es una película de aventuras y de amor. E igualmente trata con un sesgo antropológico las costumbres, ritos y estilos de comportamiento de los indios en la América del norte.

La película goza de una buena dirección del francés Jan Kounen, quien también escribió el libreto basándose en El teniente Blueberry, que es una serie francesa de historietas del oeste iniciada en 1963 por el guionista Jean-Mchel Charlier y el dibujante Jean Giraud para la revista Pilote. Estas historias narran las aventuras del Teniente de Caballería Mike Steve Donovan, alias Blueberry.

Tiene la cinta una buena fotografía de Tetsuo Nagata con movimientos de cámara espasmódicos que sobrecogen, excelente banda sonora de François Roy y Jean-Jacques Hertz, y el relato resulta muy original para el género, con ese toque deslumbrante y de ensoñación que tal vez habría sido mejor aceptado cuarenta años atrás, cuando se llevaba más la psicodelia plan hippies.

El reparto es bueno, con actores y actrices conjuntados y profesionales como Vincent Cassel, Juliette Lewis, Michael Madsen, Eddie Izzard, Colm Meaney o Temuera Morrison.

En fin, un Western propiamente psicotrópico, de ácido lisérgico y esoterismo delirante, que, aunque en ocasiones parezca chocarrero tiene su puntito, como suele decirse en el lenguaje cheli. Un sueño febril estilizado y etéreo del Viejo Oeste Americano, que funciona mejor como un viaje puramente visual que como la reveladora encrucijada espiritual que aspira a ser.

Tiene la cinta un atractivo psicológico y original en su mensaje de contenido relacionado con las deidades. Ello dentro de un ambiente del mejor Western. Brinda igualmente una aceptable confrontación entre el mundo occidental más superficial e incluso ignorante “versus” el enfrentamiento contra el misticismo profundo y la sabiduría ancestral de las culturas indígenas.

Buena película, de tempo lento y con interpretaciones mejorables. Pero la película encierra un contenido muy interesante que se va descubriendo poco a poco, o incluso visualizándola varias veces.

Más apropiada para un público espiritual y que guste de lo que es el conocimiento interior, el autodesarrollo y la autotrascendencia, que para el que busque un western convencional o un mero entretenimiento. Es mi parecer que el filme tiene puntos importantes de originalidad e interés.

Revista ENCADENADOS