
“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.
Hoy vamos de películas carcelarias, buenas obras que tratan el tema de la cárcel desde una u otra vertiente.
Comento: Escape (2024), de R. Cortés; Condenados (2024), de G. Möller; y Maixabel (2021), de I. Bollaín.
ESCAPE (2024). Esta película no es comedia, ni es tragedia, ni suspense, ni acción... es una mezcla explosiva de géneros que hacen que la película sea inclasificable. Se aproxima "El proceso" de Kafka, con un personaje convencido de querer ser carnaza para el Estado.
Si Cadena perpetua y tantos clásicos como El conde de Montecristo, Papillón o La fuga de Alcatraz nos hicieron pensar en el valor de la libertad humana por encima de todo, aquí esa premisa queda subvertida por un hombre cuya meta es el sometimiento absoluto y la privación, no solo de su movilidad sino de tomar decisiones por sí mismo.
Es una cinta descabellada, ese es su gran valor, porque, aunque no sea comedia, te hace reír cuando el sistema se afana en evitar llevar a este tipo preso poniendo la inconveniencia de ello.
El filme nos presenta a N, un hombre carcomido por la culpa que está roto de dolor interiormente. Habla poco y parece ido pues ha tomado la decisión de apearse del mundo y dejar de tomar decisiones. Vive con su hermana Abril, que está bastante harta de su actitud y de su drama, pero que a pesar de todo se preocupa por él y lo apoya incondicionalmente.

N decide primero borrar su identidad yendo al registro a que le quiten su nombre, pero, como no es posible, terminan cambiándoselo por el número de su DNI. Después su prioridad es ingresar en la cárcel.
Pero hasta en eso le falta fortuna: comete robos, atenta contra la autoridad y emplea su inventiva para buscar un ingreso en prisión que nunca llega, incluso a pesar de llegar a declarar ante un juez que lo tome por demente.
Su hermana trata de disuadirlo sin suerte. Hará lo imposible para conseguir su propósito, solo así sentirá algo parecido a la satisfacción.
En la dirección y guion Rodrigo Cortés hace gala de su capacidad para reinterpretar mitos y darles la vuelta como un calcetín para crear algo nuevo y estimulante. Después de la injustamente ignorada El amor en su lugar (2021), hilvana un relato cautivador por su innovador punto de vista, con una inversión en relación de los relatos clásicos.
Se acompaña de la natural y resuelta Anna Castillo y de secundarios excepcionales cuya vis cómica aparece en diálogos ágiles, sagaces y berlanguianos puestos en boca del gran José Sacristán, de Josep María Pou, de Blanca Portillo, David Lorente o Juanjo Puigcorbé.

Película que se aproxima al esperpento, proponiendo una dulce locura en la cual, las expectativas de los espectadores son contravenidas para crear una obra singular.
Con la producción nada menos que Martin Scorsese, brilla en su regusto local y en su capacidad para realizar inusitados homenajes al Arte con mayúsculas, bien escuchando a Antonio de Molina o bailando una jota, además de apuntar a películas como Tesis.
En suma, una avis en nuestro cine, un soplo de aire fresco y la idea de que se puede contar una historia desde un lugar diferente, con identidad propia, audacia y destreza. Cortés sigue haciendo constar su gran talento. Una de las mejores películas españolas del año.
CONDENADOS (2024). Eva, una funcionaria de prisiones idealista (Babett Knudsen), se enfrenta a una disyuntiva vital cuando un joven preso, hombre que es parte de su vida, Mikkel Iversen (Bull Sarning), es trasladado a la prisión donde ella trabaja.
Cuando Eva presencia desde una ventana la llegada del preso Iversen, lo reconoce y se estremece, aunque no sabemos por qué. Pero Eva solicita ser trasladada al ala de máxima seguridad, que es donde será instalado el joven. Esto provoca la sorpresa del alcaide, pues se trata de una zona de máxima seguridad, con presos peligrosos.
Es necesario aclarar que el título original de la película es “Vogter”, lo que en idioma danés significa venganza, algo que encaja mejor con la temática de este estupendo thriller carcelario de Gustav Möller, con guion del propio Möller junto a Emil Nygaard Albertsen, un libreto sobrio y bien estructurado para una historia que se va abriendo al espectador poco a poco.

En el reparto destacan Sidse Babett Knudsen, una actriz de expresiva mirada que hace un buen trabajo como la funcionaria Eva; y Sebastian Bull Sarning, que encarna al violento psicópata Mikel, que da por momentos miedo.
La intriga relativa a las decisiones y planes de la guardiana hace que la historia resulte interesante, junto a la puesta en escena. Con el transcurso del metraje nos damos cuenta de que la forma pausada de actuar de Eva, apunta a su dificultad para cumplir las normas de la prisión, sitio por excelencia de vigilancia y castigo, donde mantiene una fina ambigüedad.
Faceta maternal de Eva
En las primeras escenas, Möller muestra a Eva esforzándose al máximo por los presidiarios, que vienen a ser como sus hijos. No lo hace para compensar su condición de mujer en una cárcel de hombres, sino porque realmente le importan.
El instinto casi maternal que demuestra Eva al intentar educar y controlar la rabia de los presos, cobrará sentido más adelante, cuando nos enteramos de que su hijo Simon de 19 años murió en prisión, y que ella lo desatendió: nunca lo visitó. Eva siente que no acertó al educar al hijo, cuya historia queda a la imaginación del espectador.

Hay algo más
Esta cinta no es la historia piadosa de una guardia de prisión ejemplar. La compasión de Eva tiene límites. Como decía antes, al poco de empezar la película, cuando llega un nuevo contingente de convictos, Eva se queda rígida al ver un rostro familiar entre ellos.
El joven es alto y cubierto de tatuajes, mirada furiosa y sin vida, es Mikkel Iversen, el hombre que asesinó a Simon. Desde el momento en que Eva lo reconoce, cambia su comportamiento, y durante el resto de la película, nos preguntamos qué está pensando y qué está pasando.
Impresionado por la dedicación la mujer, el sensato comandante del Centro Cero, Rami (Dar Salim), intenta prepararla su puesto entre los incorregibles. Quiere proteger a Eva, aunque quizá no sea ella quien necesite protección.
El director Möller nos obliga a interrogarnos si Eva busca vengar o redimir a este asesino recién llegado. Hay cámaras de seguridad por toda la prisión, lo que le dificulta cualquier intento desmedido. Pero hay muchas maneras de amargarle la vida al joven.

Entre otras, Eva escupe en su comida o le niega el acceso al baño. Si se resiste a sus provocaciones, puede conseguir que lo encierren en régimen de aislamiento o cancelarle las visitas, algo que intenta hacer tras ver a la madre del joven (Marina Bouras) en una lista de próximos huéspedes.
El día de la visita, Eva, cada vez más desquiciada, ronda fuera de la habitación, furiosa. Esta situación que ella valora como injusta la vuelve más desquiciada.
No sabemos hasta dónde planea la guardiana llevar su venganza. La actuación de Knudsen revela un lado impredecible, que ofrece un giro a veces salvaje alimentado por la ira y el arrepentimiento a la vez.
Aspectos técnicos
Rodada en la extinta prisión de Vridsløselille (Copenhague), el director de fotografía Jasper J. Spanning observa a Eva y a los presos como lo haría un equipo de documentalistas, siguiéndolos en el trabajo y observando cuando no hay nadie más.
Esta forma de captar las situaciones carcelarias le da a la película una sensación de intimidad semisecreta dentro de un espacio frío y opresivo. Pero también el comportamiento de Eva se sale de los límites de su profesión: está constantemente merodeando y tramando para hacerle la vida imposible al recluso.
La cinta parece transmitir que no hay consecuencias por golpear a los convictos, como se obvia en el pasaje de una salida de Mikkel, que es una trampa de la guardiana. Y nos quedamos sin saber dónde acabará esta historia de venganza.

Cerrando
Durante toda la película persiste la sensación de que la protagonista está reflejada en “la sentencia” que le dice uno de sus colegas: “Hay gente que no se puede salvar”. Él se refiere a Mikkel. Pero la toma posterior a tales palabras, y la insistencia de Eva por estar cerca del presidiario, delatan que ella también está condenada.
El movimiento por salas y pasillo de Eva es tan frenético que, aunque la expresividad facial de Sidse puede pasar desapercibida, no ocurre igual con sus aclaratorias miradas. En sus ojos la rabia, la tristeza y la desolación le sirven para seguir escabullendo lo que está en sus manos: irse. Pero yéndose estaría obligada a lidiar con los dilemas de su culpa y el duelo.
MAIXABEL (2021). La historia se ajusta a los hechos reales. Maixabel Lasa enviudó en el año 2000 cuando su esposo, Juan María Jáuregui, un político socialista, fue asesinado por tres hombres armados mientras almorzaba con un amigo. Once años después, aceptó reunirse con dos de los asesinos de su esposo como parte de un programa estatal de reconciliación.
Solo once de estas reuniones tuvieron lugar antes que se cerrara dicho programa; lo mínimo. Gracias a una dirección y guion extraordinarios de Iciar Bollaín (e Isa Campo), junto con unas interpretaciones de enorme intensidad e integridad, esta cinta nos asombra profundamente.
Es temática sensible, ETA, que equivale a extorsión, criminalidad, miedo, odio o culpa; y más. Los españoles sabemos reconocer a estas personas del filme: los asesinos y sus víctimas, ambos destrozados por las terribles experiencias que han vivido.

Como Maixabel, Blanca Portillo destila la fuerza digna que se requiere de las heroicas supervivientes. Sin embargo, desde la primera vez que la vemos, el rostro tenso al saber que esa podría ser la llamada que ha temido durante años, ya queda claro que la vivencia es más compleja que la figura de la esposa mártir.
La Portillo está extraordinaria, interpretando varias capas emocionales simultáneamente, su rostro es un juego de luces y sombras, ira y compasión, dureza y vulnerabilidad, y los matices de sentimientos intermedios.
La protagonista se entrevistó primero con Luis (elocuentes miradas de Urko Olazabal) y después con Ibon Etxezarreta, el segundo de los dos asesinos. Como Etxezarreta, Luis Tosar se conmueve con la tristeza de su personaje, como si prefiriera comerse su propia voz antes que tener que contar su terrible verdad. Gran actor.

En el encuentro con Etxezarreta, alcanza su clímax la obra. Gran escena la escena final: una reconciliación masiva. Escenas todas sobrecogedoras. No pocos espectadores mojaron sus pañuelos con lágrimas.
A base de escuchar, de ponerse en lugar del otro (también del verdugo), la cineasta madrileña construye un emotivo alegato a favor del diálogo. La justicia restaurativa de estos encuentros que muestra el filme, busca reparar en lo posible a las víctimas y dar un paso más en la reinserción de etarras, al asumir y pedir perdón por el dolor causado.











