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El capítulo de la amenaza nuclear ha sido abordado en películas que se desarrollan durante la Guerra Fría, como la sobria: "Punto límite" (1964), de Sidney Lumet; o la satírica: “¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú” (1964), de Stanley Kubrick, ambas estrenadas un par de años después de la Crisis de los Misiles de Cuba, 1962. También hemos podido ver recientemente Oppenheimer (2023), comentada en la entrega La bomba atómica.
Hoy me referiré al estreno: Una casa llena de dinamita (2025), de K. Bigelow; y La hora final (1959), de S. Kramer.
UNA CASA LLENA DE DINAMITA (2025). Con guion de Noah Oppenheim y dirección de Kathryn Bigelow, la premisa de la obra es sencilla: se lanza un misil contra Estados Unidos y se inicia una carrera contrarreloj para conocer quién es el responsable, y cómo responder. Mientras, el reloj corre y quedan menos de 20 minutos antes de que alcance su objetivo.
Película que no da respiro al espectador. Podríamos decir que se divide en tres secciones, cada una de las cuales ofrece una perspectiva única y diferente del suceso.
La primera transcurre en la Sala de Crisis de la Casa Blanca, donde todo transcurre con normalidad, con las actividades cotidianas, cuando este misterioso acontecimiento empieza a generar tensión y por las pantallas gigantes se ve un misil de origen desconocido que se dirige a algún lugar del Medio Oeste norteamericano.
Inicialmente no es claro cuál su objetivo, pero pronto se decide que apunta a Chicago. Es entonces que observamos la preocupación de los presentes, incluido el Mayor Daniel González (Anthony Ramos), quien se muestra inquieto. Mientras, el Almirante Mark Miller (Jason Clarke) mantiene la calma y es optimista: todo saldrá bien. Pueden derribarlo y detener su trayectoria. Pero tal vez no…

La figura clave en la que se centra la atención es la Capitana Olivia Walker (Rebecca Ferguson), cada vez más tensa hasta que tiene que comunicarse con el Presidente. La situación se está poniendo seria. El intento de derribarlo sigue adelante.
La segunda parte de la película se desarrolla en el Comando Estratégico (STRATCOM) y el tiempo se reinicia, esta vez desde la perspectiva de los generales y los de primera línea que deben decidir qué acción tomar si el misil no puede ser derribado y determinar rápidamente si se trata de un ataque enemigo.
La cuestión es de dónde proviene. Pasado algún tiempo los rusos niegan la mínima implicación. Tal vez puedan ser los chinos, o los norcoreanos; o un ciberataque.
Si no se actúa rápido, diez millones de personas morirán incineradas en segundos cuando el misil impacte en Chicago. En el centro de esta parte se encuentra el general Anthony Brady (Tracy Letts), que debe actuar bajo las órdenes del presidente y elegir cómo responder, pero no se sabe contra quién.

Si se trata de un ataque sorpresa hay que contraatacar, pero una decisión errada implicaría una escalada hacia la aniquilación total. Brady mira el reloj y exige acción para frenar cualquier otra acción del enemigo. El alterado subasesor de seguridad nacional Jake Baerington (Gabriel Basso), es sacado del coche en que viaja con su mujer (Brittany O'Grady) y llevado presto para una evaluación inmediata.
La tercera y última parte se centra en el Presidente (Idris Elba), quien, en tanto de nuevo retrocede el tiempo, asiste a un partido de baloncesto. En un punto es escoltado urgentemente fuera del helicóptero Marine One y le explican los acontecimientos y las opciones.
El Presidente se muestra escéptico y se pregunta a qué se debe tanta inquietud de la Casa Blanca y de los generales. Lo acompaña el directo Teniente Comandante Robert Reeves (Jonah Hauer-King), quien le expone algunas opciones difíciles.
Mientras tanto, el Secretario de Defensa (Jarred Harris), quien pretendía quitar importancia al asunto, siente la presión, más aún por cuanto su hija (Kaitlyn Dever) se encuentre en Chicago.

La estructura en tres actos resulta efectiva, pues las conversaciones y los personajes que vemos en primera persona aparecen de nuevo en actos posteriores a través del teléfono y otros medios, lo cual que vamos completando de a poco el rompecabezas de todas estas personas.
Enfoque inteligente que muestra realísticamente cómo podría desarrollarse la situación. Pues la Bigelow se decanta por la autenticidad, pero con esta obra vemos que la cineasta quiere algo más que una simple película de entretenimiento. Más bien, tiene el propósito de alertar al mundo sobre el hecho de que la "normalización" de una guerra nuclear y la actual retórica belicista, con el destino de la humanidad en juego, es algo que no nos podemos permitir.
Hay una obra que es la más me recuerda a esta película: La hora final (1959), que comento a continuación, que finaliza con el último suspiro de la humanidad en un pueblo australiano desierto tras el paso de la lluvia radiactiva.
Para esta película, Bigelow ha contado con Barry Ackroyd como director de fotografía; la música de Volker Ackroyd; Jeremy Hindle, diseñador de producción. El montaje de Kirk Baxter se acelera a medida que la cosa avanza y se vuelve desesperada. El reparto coral es magnífico, con Rebecca Ferguson, Idris Elba, Jared Harris y, especialmente, un impresionante Tracy Letts.
Vibrante mirada de Bileow a la amenaza nuclear, 112 minutos eléctricos, de taquicardia, una incontestable propuesta en economía narrativa en su planteamiento y en su ejecución cinematográfica. Un relato apasionante a tener en cuenta.
Además, es una película importante para este tiempo nuestro. Ojalá los líderes del mundo en cuyas manos está nuestro destino, se den cuenta de que aún es tiempo para el desarme; o como se dice en la película de Kramer: «Todavía hay tiempo, hermano».
LA HORA FINAL (1959). Película dramática que debe servir de lección sobre lo que podría ocurrir si a alguna de las grandes potencias del mundo, les diera por utilizar el armamento nuclear.
Es una película que en cierto sentido puede ser profética y que nos previene, sobre lo que sería nuestro mundo si la locura se apoderara de nosotros. Hay que verla, pues. Y es que, además, es una excelente película.
Un gran Stanley Kramer con pulso, tensión y sensación claustrofóbica alumbró esta cinta fatalista. Consigue perturbar. Lo hace con un gran guión de John Paxton y James Lee Barrett, la gran música de Ernest Gold (nominada al Oscar) y la fotografía archimagnífica de Giuseppe Rotunno y Daniel L. Fapp (B&N), que acompaña a la perfección el fin de los tiempos.
En cuanto al reparto es puro lujo. Un extraordinario Gregory Peck, brillante en su papel, hace dúo con una bellísima Ava Gardner que le acompaña con toda su veta dramática y de hermosura. También está desconocido en su genial papel dramático Fred Astaire, y Anthony Perkins borda su rol de amante esposo que espera con serenidad la muerte junto a su mujer.

La película trata el tema siempre candente y actual de un holocausto nuclear que aniquila a los seres humanos casi en su totalidad. En la película, sólo un reducido grupo de población que habita Australia ha sobrevivido a la explosión atómica y Gregory Peck es el comandante de un submarino cuya misión consiste en buscar a los supervivientes. En tanto, la nube radioactiva que ya ha destruido el hemisferio norte se va acercando a ellos, el último enclave humano.
La película es sórdida, atormentada e irrespirable, cargada de desasosiego e intriga; película que previene y hace una enorme crítica al peligro nuclear que nos rodea.
En general la cinta atrapa al espectador durante los 134 minutos que dura el metraje y lo introduce dentro del grupo de personajes que tras la guerra atómica se enfrenta a un mundo cuya violencia ha aniquilado a la raza humana, mientras esperan resignadamente unos, románticamente y suicidamente alguno de ellos, a que la nube radioactiva caiga sobre sus cabezas.
Kramer resuelve de manera redonda esta película, sobre todo en el tercio final que es cuando la compostura militar inicial cede paso a un sentimiento poético y emotivo, más a tono con el tema que toca, esto es, narrar con cierta coherencia el inexorable ocaso de la especie humana. Y como ya he mencionado, todo ello arropado por un implacable “Waltzing Matilda” que se convierte en la brillante banda sonora que, entre otras, reivindica la identidad nacional del último reducto habitable del planeta.

El filme está basado en la novela On the Beach, novela postapocalíptica escrita por Nevil Shute en plena época de La Guerra Fría, después de emigrar a Australia. El título En la playa es un término de la Royal Navy que significa "retirado del Servicio". El título también se refiere al poema de TS Elliot The Hollow Men, que incluye en la estrofa final: Esta es la forma en que termina el mundo (…) No con un estallido sino con un gemido.
La novela y la película advierten, como he apuntado, sobre el peligro letal para la humanidad del uso intencionado o accidental de las armas de destrucción masiva, armas que muchos países tienen y se atribuyen, con la excusa de otorgarnos una supuesta seguridad que ni ellos mismos pueden asegurar.
Se trata de una película excelentemente filmada, actuada y realizada con amor al oficio; esta obra consigue construir un filme a la vez romántico, dramático, un poco tendencioso, directo, sincero, presuntuoso, brillante, impactante, apasionado: tal es su calidad.
Lo único que queda al final es una pancarta esperanzadora ondeando al viento: "Todavía hay tiempo, hermano".
Revista ENCADENADOS











