“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

Hoy toca hablar de la opción de dar un giro a la existencia, de redención personal, en personajes asesinos. Escribiré sobre: El maestro jardinero (2022), de P. Schrader; Una historia de violencia (2005), de D. Cronemberg; y Atrapado por su pasado (1993), de B de Palma.

 

EL MAESTRO JARDINERO (2022). Narvel Roth (Edgerton) es un experto y meticuloso jardinero en la mansión de Gracewood Gardens. Su función es hacerse cargo de los jardines de esta histórica y afamada finca, y complacer a su dueña, la rica viuda Sra. Havernhill (Weaver). La ordenada vida de Narvel se trastoca cuando la Sra. Haverhill le encomienda que tome como aprendiz a su problemática sobrina nieta Maya (Swindell). Será esta situación la que saque a la luz oscuros secretos de un pasado de violencia y crimen que se convertirá en una amenaza para todos.

Magnífica dirección y guion de Paul Schrader, en una película que utiliza bien los elementos narrativos más complejos, desde la voz en off a la visualización de momentos del pasado, y consigue mantener una línea de intriga siempre difícil de prever.

El cine de Schrader no se adapta a las modas de los tiempos, no utiliza fórmulas comerciales para el brillante Hollywood, no busca el triunfo de las estrellas. Es un cine personal que se reconoce y su mundo “es turbio, obsesionado con el pecado, la culpa, el tormento y la posibilidad de redención mediante algo llamado amor” (Boyero).

El personaje de esta película es un hombre que había pertenecido a una banda criminal y nazi, pero logró escapar y cambiar de vida, un perdedor acorralado, con infiernos internos y externos, que consigue cambiar el rumbo de su vida y ahora es un “testigo protegido” de la policía a quien buscan los de su antigua organización asesina.

Narvel es un hombre liberado por la jardinería y por el amor de una joven de color que pasa de ser su aprendiz a ser su mujer. Un hombre que ha optado por una segunda oportunidad. Y qué mejor que las flores, la jardinería significa creer en el futuro, y Schrader, siempre sirviéndose del espejo de sus antihéroes, nos coloca en pantalla a un hombre que fue violento y ahora anhela ser pacífico y ser jardinero, que como dice el adagio chino, es la única manera de ser feliz para siempre.

El reparto es sensacional con un Joel Edgerton rocoso y arrepentido que busca cambiar; Edgerton presta sus músculos tatuados a otro prototípico antihéroe schraderiano. Un tipo más bien rígido, estatuario, declamatorio, que ha logrado amaestrar la angustia mediante rituales repetitivos y obsesivos, en este caso la horticultura.

Enorme la actriz Sigourney Weaver como la perversa dueña del gran jardín que reclama la sexualidad de su empleado como forma de goce y para someter a Narvel. Y muy bonita y eficiente la actriz afroamericana Quintessa Swindell, que aparece conectada al personaje de la Sra. Havernhill por un conflictivo lazo de sangre y al de Narvel por un delicadísimo vínculo emocional: la joven que enamora al hombre de los terribles tatuajes.

La primera parte transcurre en calma y Schrader filma los rigurosos rituales de jardinería que el protagonista escribe y ofrece a sus aprendices. Donde también observa al personaje en la escritura de su diario de flores, con reflexiones vitales profundas. Las flores se colándose como violentos fogonazos, son las terribles verdades sobre las que crece el jardín.

En la segunda parte el relato el filme se vuelve más nítido, con mimbres de thriller y de melodrama romántico, donde el personaje rompe a su favor, para su bien. Con un final donde hay amor y hay violencia, que acaba dejando un regusto agridulce en que el director nos hace recordar magistralmente que la redención y las segundas oportunidades pocas veces son limpias ni sencillas.

 

UNA HISTORIA DE VIOLENCIA (2005). La película cuenta una historia que se inicia en un pequeño y bucólico pueblo de la América profunda, en Millbrook (Indiana), donde vive Tom Stall (Mortensen) plácidamente con su mujer (Maria Bello) y dos hijos.

Un día, Tom evita un robo en su restaurante. Este hecho le hace salir en prensa y TV, y es considerado un héroe en la ciudad. Pero su popularidad atrae la atención de unos extraños visitantes que aseguran conocer su pasado, un pasado que no parece ser limpio como todos creen, incluida su familia.

Es una buena película, con una excelente dirección del canadiense David Cronemberg, con gran guion de Josh Olson basado en un cómic de John Wagner y Vince Locke. El guion pone el acento en las contradicciones morales del ser humano.

Bien acompañada por la música de Howard Shore, con una partitura que incorpora cuatro temas principales: el "Main Title" (de tono solemne), el tema de Tom y Edie (romántico y melódico), el de Fogarty (dramático) y el de Richie (trágico y perturbador), y añade dos canciones memorables: "Life of a fool" y "Club Hoppin"; y la sobria fotografía de Peter Suschitzky, una fotografía bella, realista y clasicista, que impone mesura y eficacia al relato.

Planos largos y un ritmo lento, hacen más abruptos los estallidos de violencia. Una mezcla de cine negro y western urbano que se ve con interés y mantiene la atención hasta realmente conocer quién es Tom Stall, cuál su identidad originaria.

Interpretaciones buenas, con un Viggo Mortensen templado; María Bello, con una interpretación creíble y un poco de sobreactuación; y el resto actores adultos y niños, actúan de manera muy profesional, como el excelente William Hurt o el eficaz y el brillante Ed Harris.

Este filme demuestra que obras aparentemente menores pueden ser tratadas con un lenguaje propio, tonalidades singulares y una hondura meritoria. Pues aunque Cronemberg no sea un “grande”, sabe hacer de esta historia escueta un análisis crítico y profundo sobre la violencia, así como reflexiones complejas sobre el peso que juega el pasado en la vida de las personas, y la posibilidad de cambiar.

La violencia es algo consustancial al ser humano, se vive cada día, todos los sabemos. La agresividad está siempre en nosotros, como la luna, a veces menguante y otras creciente, pero siempre ahí. Esta película muestra, además, diferentes tipos de violencia (Erich Fromm): la defensiva (proteger la vivienda, la prole, etc.) y la violencia ofensiva, que puede desembocar en violencia “maligna”, exclusiva del ser humano, por la cual matamos o violentamos cruelmente.

En cuanto al segundo aspecto, el de la influencia del pasado en el devenir humano, esta película es la historia de un hombre que ha decidido cambiar su anterior vida de sicario poco recomendable, por otra de individuo trabajador, amante de sus hijos y de su mujer, y buen ciudadano. Pero parece que siempre está el pasado como una losa tras él. En este sentido la pregunta que la historia plantea es la de si podemos zafar de lo que fuimos.

Tom Stall es dos cosas a la vez, un pacífico hombre en su cafetería y un hombre capaz de tumbar en dos segundos a dos malhechores con una violencia inusitada; o que aparece hablando tranquilamente con los mafiosos, y en un plis-plas y con profesionalidad los mata a todos. O sea, hay dos Tom, el violento del pasado y el hombre pacífico del presente. Pero Tom ansía convertirse finalmente en un hombre honrado.

Buena película que explora con pulcritud y seriedad el fenómeno universal de la violencia y el peso que en la vida tiene el pasado, sobre si cabe la posibilidad de rehacer la vida por derroteros más productivos y generosos.

 

ATRAPADO POR SU PASADO (1993). Película exitosa al gusto de la crítica y del público, en su momento. Su director Brian de Palma lleva este magnífico thriller lúcidamente, con su toque clásico y su hacer brillante: una tragedia llevada con pulso firme.

Acompaña a estas cualidades una música de Patrick Doyle que arropa el filme, música-disco setentera trepidante: Ray Barreto, Joe Cocker o La Belle. Magnífico montaje y una buena fotografía de Stephen H. Burum de colores ocres.

Reparto excepcional con un Al Pacino en el papel de Carlitos y un curioso Sean Penn caracterizado con pelo rizado y vestido de etiqueta como abogado de mafiosos. Penelope Ann Miller guapa y estupenda.

En la trama, Carlitos Brigante (Pacino) es un hispano que al principio es tiroteado. En estado crítico, el protagonista repasa de su vida, que es lo que se narra a lo largo del filme. Vida de delincuencia, tráfico de drogas, crímenes y cárcel, época en la cual tomó la decisión de redimirse. Pero su tutor, un abogado cocainómano (Penn), es más un problema que una ayuda.

Carlitos intenta retomar su relación con su antigua novia (Miller). Pero sus buenas intenciones se van yendo al traste, pues es muy difícil rehacerse si se continúa dentro del mismo mundo.

De Palma cuida mucho sus escenas, genera tensión cuando se ve que puede ocurrir lo peor. Lo hace con fuerza, como ocurre en episodios violentos como la partida de billar o en la estación de trenes. Hace también un sensible y complejo retrato de los personajes.

Se me ocurre que en esta peli se ejemplifica el concepto psicoanalítico de “compulsión de repetición”. Cómo las personas tendemos repetir actos y pensamientos desagradables e inconvenientes. En este caso, un asesino se ve impelido a repetir su papel de gánster.

La historia plantea la oportunidad de corregir errores, retomar otro camino e iniciar una vida nueva. Pero de a poco se va torciendo y Carlitos, al final, vuelve a las andadas.

Más extenso en revista de cine ENCADENADOS.