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Todavía perduran en el comercio local las nefastas consecuencias que trajo consigo el duro impacto de la pandemia de la Covid-19. Aunque se han ido sucediendo los meses bajo la tentativa de restablecer la situación, lo cierto es que las pequeñas y medianas empresas de El Puerto de Santa María continúan sin encontrar los recursos necesarios que garanticen su subsistencia en un escenario cada vez más competitivo.

El problema no es nuevo. Fue hace aproximadamente tres décadas cuando las tiendas tradicionales, las de barrio, las que se caracterizan por la cercanía y el trato personal, sufrieron el primer revés con la llegada de los grandes establecimientos a la ciudad portuense. Especializados en ofrecer un repertorio ingente de productos y en abaratar el precio de los mismos, estas superficies supusieron la gran competencia para el comercio de proximidad, que de reinar en el centro de El Puerto pasaron a ver cómo el volumen de clientela mermaba año tras año. A pesar del golpe, el amplio índice de población que registraba la zona por aquel entonces y su buena capacidad económica amortiguaron, qué duda cabe, los resultados.

Otros factores influyentes

No pudo mantenerse mucho en el tiempo esta especie de resistencia, este salir airoso de un salvaje duelo entre David y Goliat. Pronto fueron apareciendo otras variables que dificultaron todavía más el hecho de coexistir con estos gigantes comerciales. La construcción de viviendas en las zonas periféricas trajo consigo un importante éxodo de población que decidió abandonar el núcleo que daba vida a los pequeños negocios. Tampoco ayudó el caudal de proyectos de peatonalización que invadió ese mismo espacio, puesto que las obras se prolongaron durante largas temporadas y además se suprimió la mayoría de los aparcamientos, dificultando de este modo el acceso a las tiendas.

Estas circunstancias, unidas a la amplia zona de parking que empezaron a habilitar las grandes superficies y a la proliferación de locales de hostelería que lograron hacerse poco a poco con el sitio, apuntalaron también el mal estado de salud que estaba atravesando el comercio local en El Puerto de Santa María. Desde ese momento, el declive experimentado se convirtió en la casilla de salida de un futuro que no trajo precisamente un aire de recuperación.

Si bien es cierto que tras la reforma del entramado urbanístico el sector hostelero experimentó su particular periodo de esplendor, gracias también a una organización más frecuente de eventos y al desarrollo turístico, fueron numerosos los locales comerciales que tuvieron que bajar la persiana definitivamente. El desequilibrio entre los beneficios y los gastos fue determinante. La tragedia se estaba consumando. Así lo concluyó en el año 2020 el informe presentado por la plataforma ciudadana de comerciantes portuenses denominada Revive El Puerto, que señalaba cifras objetivas poco alentadoras. Dentro del análisis llevado a cabo en más de una quincena de calles del casco histórico, se constató que de 355 locales disponibles para actividades comerciales, sólo 166 estaban ocupados, es decir, menos del cincuenta por ciento. De ahí se desprende que la totalidad de la zona centro podría acumular en torno al setenta por ciento de establecimientos sin uso. Se trata de un panorama que necesita de soluciones urgentes que no terminan de llegar.

Lo que sí hizo acto de presencia para terminar de hundir el comercio portuense fue la pandemia de la Covid-19. La situación obligó a cerrar transitoriamente todos aquellos establecimientos que no tenían un carácter esencial, y aunque las administraciones proporcionaron una serie de ayudas económicas destinadas a la recuperación, estas no fueron suficientes. Las grandes superficies vieron una vez más otra nueva oportunidad para acaparar el mercado. Además, con los alquileres por las nubes, el pequeño comercio tuvo pocas opciones de reacción. La más contundente, abandonar el tablero, pero también otras que no contribuyen a generar una dinámica de crecimiento: reducir los horarios con intención de rebajar costes, recurrir al teletrabajo o despedir a los empleados, por citar sólo algunos ejemplos.

La transformación digital

El Puerto de Santa María llega así a un punto que no admite concesiones, que se ajusta a la urgencia de salir a flote como sea. Por el momento, a la espera de que los diferentes gobiernos planteen nuevos paquetes de medidas y partidas presupuestarias específicas, una de las fórmulas más eficaces que llega para suavizar el entuerto es sin duda la digitalización.

Los comercios tradicionales están encontrando en la venta por internet una manera de ampliar sus canales de negocio. La inversión en las diferentes herramientas de ecommerces y softwares de gestión que conducen a una transformación digital está suponiendo, según datos de la Comisión Nacional de Mercados y Competencia, el incremento de la facturación a través de la red en más de un nueve por ciento. El volumen de pequeñas y medianas empresas portuenses que se han sumado a la era de las nuevas tecnologías tan sólo alcanza los diez puntos porcentuales, aunque se espera que la cifra crezca a partir del Plan de Digitalización de Pymes 2021-2025 que está llevando a cabo el ejecutivo.

Este tipo de horizontes complementarios exigen todo un proceso continuo que va mucho más allá de vender online o estar vinculado a determinadas redes sociales. Lo recomendable es trabajar aspectos como la eficiencia, la productividad y, sobre todo, el trato con el cliente. Resulta fundamental que los negocios sean capaces de desplegar un servicio de atención al cliente que los distinga de la competencia. Para ello, es recomendable incorporaren la página web aquellos recursos que optimicen la comunicación. Incluso la creación de una app específica para estos menesteres es de gran utilidad a la hora de resolver dudas y asesorar adecuadamente a la clientela.

En este sentido, el comercio electrónico está empezando a seguir el modelo implantado por aquellos entornos virtuales que han hecho de este servicio una pieza indispensable en su evolución, como pueden ser las entidades bancarias, las plataformas educativas o los espacios dedicados a los juegos de azar. Por norma general, cualquier neobanco, academia digital o aplicación de casino movil en España suele contar con todo lo necesario para estructurar un servicio de atención al cliente efectivo. La industria del juego, que es la gran referencia en esto, basa su fórmula sobre todo en cinco grandes elementos: un abanico amplio de canales que facilite todo tipo de interacciones, ya sea mediante chat, correo electrónico o Whatsapp; un uso de la inteligencia artificial que permita emplear bots para cuestiones simples; un equipo de asesores especialmente formados; y un sistema completo de FAQs que ayude a resolver con rapidez las preguntas frecuentes.

La idea no es otra que la de integrar un proceso minucioso que conduzca a la resolución de los problemas de los compradores antes, durante y con posterioridad a la venta. Tal vez sea este uno de los primeros pasos que deba dar el comercio local de El Puerto de Santa María en su camino hacia la transformación.