Tras suspenderse el truco o trato por razones obvias, llega la hora de plantearse qué está ocurriendo, y no solo en la ciudad, sino incluso más allá de nuestras fronteras. Las visiones catastróficas y las teorías conspiranoides fluyen libremente, pero no solo desde un lado o un color.
Ello me lleva a un estado más allá de la furia vomitiva. Es como esa resaca que queda después de un mal día y que te deja sin ganas de nada, con la cabeza en un estado tal que te aburres de tratar de comprender, enfadarte o convencer. Y es que, llegado a este punto, casi todo carece de lógica.
Por ser más cercano al tema, me parece ilógico llamar asesino a alguien ante un accidente. Nadie quiere una desgracia, cargar sobre su conciencia una sola muerte o que las cosas se salgan de madre. Aun así, igual de ilógico me parece cargar sobre la conciencia de un pobre trabajador toda la culpa de unos hechos, algo que resulta todavía más difícil de entender dados los sistemas automáticos de seguridad, las supuestas revisiones y la ingeniería informática que tiene hoy hasta un coche que no sea de última generación.
Pero, claro, es igual de ilógico que quien dirige todo el cotarro se encoja de hombros y culpe, cual párvulo, al compañero de banca. Y no una vez, sino hasta dos veces en asuntos graves, porque del día a día ni hablamos.
Sin embargo, esto apenas me sorprende, porque la lógica de esta nueva forma de hacer gobierno pasa por pactar con terroristas, algo que podría entenderse para algunos votantes, con la misma sonrisa y aprobación con la que aceptan pactos con los medio jesuitas renegados de extrema derecha del PNV o con los burgueses capitalistas de Junts.
Todo este sinsentido, inexplicable, encuentra apoyo en personas de las que no dudo su buena voluntad y que defienden que se acuse a un pobre trabajador, posiblemente de izquierdas, sindicalista y padre de familia… ¿Y para qué? Para escuchar que un supuesto demócrata diga que gobernará de una forma o de otra.
Tengo no solo buenos amigos socialistas, y no únicamente de base, sino incluso familia, de los cuales sentiría vergüenza si votaran al PP por incongruencia y deslealtad con aquello en lo que creen. Pero, llegados a este punto, quizás lo más sensato es que votaran en blanco, porque seguir confiando en personas que ni creen en la democracia, ni en los ideales, ni en la libertad, y mucho menos en la decencia o el honor, es igual o más vergonzoso que ver a un socialista votando al PP.










