“Nuestra harina El Vaporcito siempre apoya la cultura, el deporte y el arte”.

Ya escribí sobre el Almodóvar del siglo XXI, más denso y complejo. Hoy me refiero al cine del Almodóvar del pasado siglo, más genuino y natural.

Películas como: Todo sobre mi madre (1999); Átame (1989); Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988); Matador (1986); Laberinto de pasiones (1982); y Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980).

TODO SOBRE MI MADRE (1999). Rodada en escenarios naturales de las ciudades de Barcelona, Madrid, La Coruña y El Ferrol, y también en estudio. Cuenta de una madre soltera por entero dedicada a su hijo, que es la razón de su vida. Manuela trabaja en un hospital madrileño como enfermera. El padre de su hijo es un transexual. El desarrollo sigue derroteros dramáticos.

Con esta película no cabe duda de que Almodóvar dio el campanazo de público, crítica y cómo no, en los festivales y los premios: Goya, Oscar, Cannes; alabanzas a todo trapo y un éxito sin precedentes.

Almodóvar creó, dirigió y escribió un libreto sensacional, en un género que tiene sus dificultades y riesgos: el melodrama; un melodrama que reúne a una galería de mujeres luchadoras, desprejuiciadas, comprometidas y que dicen tacos a todo meter.

Por lo tanto, una cinta con un extravagante universo de mujeres, a la vez con un relato singular, duro, dramático, intenso, sustentado en cierto sentido trágico de la vida y que no deja indiferente.

Obra que habla de la soledad, del dominio, de la fuerza del amor y el importante papel de los sentimientos de todo tipo, sin olvidar muchos elementos que conciernen al mundo femenino como la maternidad o el cariño incondicional.

Excelente y muy bonita la música del compositor Alberto Iglesias, que consta de quince cortes, con predominio de solos de piano y con un tema principal (“Todo sobre mi madre”) que se repite con arreglos diversos.

Una gran fotografía de Affonso Beato en color (eastmancolor), creando una visualidad vibrante y colorista.

El reparto es de lujo con una Cecilia Roth maravillosa. Grande Marisa Paredes, como mujer cuya apariencia fuerte e imponente esconde una gran fragilidad en su interior. Una bisoña pero eficiente Penélope Cruz, como mujer bondadosa y delicada que ayuda a los demás. Y Antonia San Juan magnífica, como Agrado, mujer que trata de construirse a sí misma.

Esta película es un canto a la necesidad de afecto y cuidado de las personas, un lineamiento que se enfrenta a la cultura individualista imperante. Y por supuesto, no olvida Almodóvar situaciones extremadamente duras y propias de la mujer-madre, que cobran naturalidad en el relato.

Lo que Almodóvar deja muy claro es que ante circunstancias dramáticas, las mujeres se acompañan mejor que los hombres, hablan espontáneamente, solidariamente, lo cual el filme ilustra muy bien.

La película es igualmente meritoria por cuanto llama al apoyo y la toma de conciencia con relación a enfermedades como el VIH/SIDA, el Alzheimer y el tema de la donación de órganos.

A veces me pregunto si en este tipo de cine almodovariano no está hecho para el extranjero. Es decir, si no hay una intención premeditada de ofrecer una imagen surrealista o exótica del español, como si fuéramos individuos tirando a raros, con monjas lujuriosas o sidosas, toreros en tropel, travestis que preñan, etc.

Y que España sigue siendo cañí y somos la unidad biocultural más estrafalaria del planeta, que incluso olemos a ajo y a cebolla.

 

ÁTAME (1989). Película que retoma los primeros trabajos de Pedro Almodóvar, donde la sexualidad era un tema central. Se aleja de los gags visuales, las tácticas impactantes y el kitsch glamuroso, que se ha transformado en una narrativa más sutil.

Ricki (Antonio Banderas) es un hombre de 23 años que sale de un centro psiquiátrico. Ve una foto de Marina (Victoria Abril) en una revista para cinéfilos. Ella es una prostituta y actriz porno a la que le pagó para pasar con ella una noche, y decide casarse con ella.

Ricki irrumpe en su apartamento y le declara sus intenciones. Tras un forcejeo, decide atarla a la cama, convencido de que así aprenderá a amarlo. La relación entre los protagonistas evoluciona gradualmente de captor y cautiva a amantes.

Mientras tanto, el anciano director de cine porno, confinado a una silla de ruedas, se une a Lola (Loles León), la hermana de Marina, para intentar encontrar a la actriz desaparecida.

Ingeniosa la dirección de Almodóvar, la magnífica fotografía de José Luis Alcaine, la excelente banda sonora de Ennio Morricone y los impecables aspectos técnicos de una película que es un placer visual.

El filme mantiene la misma ambientación española que sus predecesoras, reflejando la cultura moderna, amoral, de sexo y drogas del Madrid ochentero, entrelazado con valores religiosos y sociales profundamente arraigados. Abril y Banderas están fascinantes en sus roles protagonistas.

 

MUJERES AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS (1988). Para mí una de las mejores películas de Almodóvar. Una cinta con la frescura de sus primeros años, una comedia trepidante e inspirada que merecidamente lanzó a la fama al director manchego. Un plus de aire fresco que llenó las pantallas españolas en aquellos años ochenta del pasado siglo.

Sensacional María Barranco y su relación con el mundo árabe, una inspirada Julieta Serrano, el taxi –sólo comparable con el de Taxi Driver- de Guillermo Montesinos, Chus Lampreave y su absoluta y ciega fe, las adormideras, el revolotío de féminas entre histéricas y patológicas, todo ello compone un mosaico de lo que constituyó el cine almodovariano de los comienzos, un cine con sello propio.

Merecido éxito, impresionante cinta por su naturalidad antinatural y su sabor a obra muy hispano tronchante. Traviesa y absurda a partes iguales.

 

MATADOR (1986). El laberíntico relato de terror erótico de Almodóvar comienza de forma provocativa. Un torero retirado se masturba mientras ve un vídeo que incluye escenas sangrientas de sangre y encaje negro, y luego se siente inspirado para cometer asesinatos en la vida real.

En la elegantemente sobria "Matador", Almodóvar ve en la tauromaquia una ecuación entre sexo y muerte que llega al corazón de una cultura que es a la vez intensamente puritana y machista.

Esta película es tan escandalosa como: "¿Qué he hecho para merecer esto?" (1984); o "La ley del deseo" (1987), pero esta resulta más perturbadora en su representación de la pasión.

Sin embargo, la habilidad de Almodóvar hace que la película atraiga más de lo que repele. Aun así, hay escenas bastante fuertes, sobre todo en los cuatro primeros minutos, escenas espeluznantes.

Almodóvar toma como motivo la famosa escena final de "Duelo al sol", 1946, en la que Jennifer Jones y Gregory Peck, heridos mortalmente, se funden en un abrazo agonizante. En una sala de cine, María Cardenal (Assumpta Serna) y Diego Montes (Nacho Martínez) presencian esta escena.

Montes es un torero famoso apartado de los ruedos por una cornada que lo ha dejado cojo. Ha descubierto que lo único que iguala la emoción del triunfo en la plaza de toros es el sexo que termina en asesinato.

Cardenal, una abogada penalista segura de sí misma, que venera a Montes, ha descubierto a su vez que solo el sexo que culmina con ella atravesando a un hombre con la misma precisión con la que Montes mataba toros, es verdaderamente satisfactorio.

Si María y Diego, que formarían una pareja tan deslumbrante como letal, representan la experiencia en su forma más decadente y destructiva, Ángel (Antonio Banderas) y Eva (Eva Cobo) representan la inocencia en su forma más vulnerable.

Ángel es uno de los alumnos de tauromaquia de Diego, un joven virgen con una madre fervientemente religiosa (Julietta Serrano). Eva es la joven amante actual de Diego, una bella modelo, también con una madre dominante (Chus Lampreave); tan ambiciosa como fanática es la madre de Ángel. (Estas dos madres aportan un toque cómico).

La inquietante manera en que María, Diego, Ángel y Eva se entrelazan haría las delicias de Buñuel, de quien Almodóvar es en cierto modo el heredero natural.

A pesar de sus sobresaltos y extravagantes fantasías, «Matador» es una película fluida y de una sensualidad oscura, en la que Almodóvar consigue interpretaciones controladas, interpretando él un pequeño papel como diseñador de moda, reservándose la mejor observación para sí mismo: «España», explica, «está dividida entre los envidiosos y los intolerantes».

Una reflexión hilarante e intrigante sobre el sexo y la violencia, que profundiza de forma sacrílega en los fundamentos almodovarianos de la corrida de toros.

 

LABERINTO DE PASIONES (1982). Proyecté esta película a mis alumnos de Psicología Social, como aproximación a la movida madrileña, el tumulto almodovariano o la locura de aquellos tiempos. Los alumnos/as quedaron muy agradecidos con este descubrimiento plan “locura total”.

En el Madrid ochentero se cuenta una atípica historia de amor entre una joven ninfómana y el hijo de un jeque morubi. La chica forma parte de un grupo musical-salvaje y a él le interesan los cosméticos y los hombres. Así, algo mariconoide él.

 

Hay música, terrorismo chiita, seguimientos, acechanzas y crímenes, pasión y sexo “round”. Personajes que colisionan y bandean en forma silvestre, junto a una carga energética muy de la época.

Cecilia Roth, Imanol Arias (quién lo diría), Helga Liné, Antonio Banderas o el propio Almodóvar (Pedro), arman un reparto loco y sincopado, no obstante, donde la horterada, el humor chabacano pero un atractivo frescor, cursaba las pantallas de aquellos tiempos.

Creo que hoy estaría casi prohibida, y sin “casi”.

 

PEPI, LUCI, BOM Y OTRAS CHICAS DEL MONTÓN (1980). Cuando se estrena, esta comedia no se parecía en nada a cuanto se había hecho en el cine español. Era una obra llena de ingenio y descaro, que suplió holgadamente las carencias técnicas con un aire fresco mayormente insólito en el cine patrio.

Se rodó en 16 mm y posteriormente se amplió a 35 mm. Estilísticamente, la primera película de Almodóvar destaca por la falta de una técnica depurada (planos toscamente compuestos y borrosos, el montaje y la continuidad apenas superficiales). Pero temática y espiritualmente, la alegre y absurda sensibilidad de Almodóvar está presente en su totalidad.

En sus 80 minutos, hay una despreocupación descarada que se burla de las normas y tabúes culturales. La historia es, en resumen: Cuando el policía (Rotaeta) que vive enfrente intenta arrestar a Pepi (Maura, en la primera de sus muchas interpretaciones con Almodóvar) por las plantas de marihuana que ve desde su ventana.

Pepi le ofrece favores sexuales a cambio de clemencia. En cambio, él la viola, lo que llena a Pepi de sed de venganza, pues había estado guardando su virginidad para venderla al mejor postor.

En represalia, hace que algunos de sus amigos punks se disfracen y golpeen al policía, mientras le cantan serenatas. El problema es que atacan por error a su inofensivo hermano gemelo. Pero entonces Pepi descubre a la masoquista esposa del policía, Luci (Siva), y le presenta a su dominante amiga lesbiana punk, Bom (Gara, alias Alaska).

En el camino, encontramos un sinfín de imágenes y chistes polimorfos, groseros, divertidos y perversos sobre flatulencias, lluvia dorada, concursos de penes grandes (Almodóvar como maestro de ceremonias), masoquismo sexual, muñecas que menstrúan y transpiran, ropa interior que sirve como juguete sexual, una mujer barbuda y su marido voyeur, consumo de drogas, corrupción policial y… bueno, mucho más.

Si necesitabas alguna prueba más de que el Generalísimo Francisco Franco había muerto, esta comedia cruda del Madrid de la loca súper movida te las da todas. Para los fans de Almodóvar, esta primera incursión en el cine es imprescindible.