El Puerto de Santa María vive estos días la Semana de San Sebastián, una cita religiosa y popular que tendrá su culmen este domingo 25 con la procesión por las calles de Vallealto, siempre que las condiciones meteorológicas lo permitan. La celebración, organizada por la Parroquia de San Sebastián, cuenta un año más con la colaboración municipal para el desarrollo de los actos dedicados al patrón, cuya onomástica se celebró el pasado martes 20.
El programa se inició anoche con la conferencia «Del anillo al final feliz», a cargo de Diego Blanco Albarova, estudioso de la obra de J. R. R. Tolkien. Desde hoy y hasta el sábado se celebra el solemne triduo en honor a San Sebastián, antesala de una jornada dominical que arrancará a las 11:00 horas con la misa solemne. A su término, a las 12:00 horas, se iniciará la procesión, acompañada por una banda de música durante todo su recorrido por el barrio. La jornada concluirá a partir de las 14:00 horas con una convivencia parroquial, con barra y tapas.
Desde el ámbito municipal, la Concejalía de Fiestas presta apoyo logístico al desarrollo de los actos. Su responsable, David Calleja, ha destacado el crecimiento de la celebración en los últimos años y ha trasladado su respaldo a la comunidad parroquial en su objetivo de construir una nueva iglesia, iniciativa que se impulsa mediante distintas actividades a lo largo del año.
Por su parte, el párroco Francisco Miguel Morales Varoni ha agradecido la colaboración institucional para realzar el recorrido procesional, así como la cesión del paso por parte de la Parroquia de Nuestra Señora de la O. La coordinación de capataces recaerá en José Manuel Cristo, mientras que jóvenes de distintas hermandades portuenses serán los encargados de portar la imagen.
El párroco ha recordado además la relevancia histórica de esta devoción, señalando que en 1525, durante una epidemia de peste, la población pidió la intercesión de San Sebastián. Tras cesar la enfermedad, el santo fue nombrado copatrono de la ciudad, consolidando una tradición que permanece viva cinco siglos después.
Con celebraciones como esta, El Puerto refuerza el vínculo entre tradición, fe y vida vecinal, manteniendo vivas unas señas de identidad que forman parte del patrimonio religioso y cultural de la ciudad.











