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| Encendido 2 meses hace

La desintegración de una nación

Por Tribuna libre
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Diego Ruiz.- Es obligado, al hablar de este tema, recurrir a Ortega, con su ojo histórico que vio lo que pocos vislumbraron y su pluma certera que nos llega con claridad. En 1921, en su ensayo España invertebrada, tituló su primer capítulo Incorporación y desintegración. Se refería a Roma y a su proceso hacia el imperio. Cita unas líneas de inicio de la magna obra de Mommsen sobre Roma, que son el resumen de los miles de páginas que vienen a continuación. Son éstas: “La historia de toda nación, y sobre todo la de la nación latina –lo mismo puede decirse de España- es un vasto sistema de incorporación”. No se puede decir más con tan escasas palabras.

De este modo lo hace Ortega cuando habla de incorporación, que la considera no como “la dilatación de un núcleo inicial, sino más bien la organización de muchas unidades sociales preexistentes en una nueva estructura”. Es decir, la expansión no es anulación, sino integración. El caso hispano. Por desgracia, como sucede actualmente en España sin sopesar la importancia de la unidad, existe también la decadencia de una nación que “es la historia de una vasta desintegración”. Es el caso español actual, por fines ajenos a la unidad de la nación y por fines espurios interesados de partes sustanciales de ellas. El término explícito para definirlo es “desintegración”.

España no es la nación más antigua de Europa, lo es San Marino, pero es sin duda una de las más antiguas, procedente de los Reyes Católicos hace más de 500 años. Pero con frecuencia se olvida la historia que se fue conformando a lo largo de milenios. Podríamos decir desde Atapuerca. Pero quiero comenzar desde una fecha más reciente, desde la que se conoce como Edad del Cobre, hace más de 6000 años. Y desde entonces ha tenido una historia activa e integradora, que hacen de la Península Ibérica uno de los países más ricos histórica y culturalmente. A ella arriban pueblos venidos de Oriente y de distintos puntos mediterráneos, como micénicos, sardos, fenicios, griegos y romanos. Sólo citarlos nos proporciona el acervo cultural, que olvidamos con frecuencia y que fue el origen de Europa. Claro está con los principios doctrinales cristianos. Aquí se formó el germen de Occidente. Y más adelante, el legado islámico, sin los integrismos que muchos profesan y ejercen, ha sido positivo en muchos aspectos. Los elementos están ahí, no hace falta expresarlos. Pero no se deben olvidar los hebreos unidos a la Biblia y su riqueza cultural.



El cristianismo comenzó desde su llegada a conformar otro mundo de valores, hasta que los RR.CC en 1492, tras la conquista de Granada, crearon un Estado unificado, una nación. Esta fecha marca otro hito importante, el inicio de navegaciones que alcanzaron otros mundos y su integración. De una península, culturalmente riquísima, de una nación unificada en los límites actuales, España llegó a ser un Imperio con presencia en la mayor parte del mundo. Hubo un momento en el que se inició la reducción de este Imperio hasta alcanzar el límite actual. Y al existente lo quieren menguar y dividir.

Es una historia con esfuerzo, con cultura, ideas y creencias, con manos abiertas y a veces cerradas. Pero es indudable que se construyó España, la gran estructura con peso decisivo en el mundo en muchos aspectos. En los tiempos recientes, y con los cambios sociales e intelectuales, tras la Ilustración y Revolución Francesa y el ensayo del comunismo, en España ha habido problemas. El más importante que se recuerda es la Guerra Civil, cruenta y funesta, que la izquierda ha hecho suya en posición de mártir, que se quiere recordar a la manera de cada uno en la llamada Memoria Histórica, para que siempre perdure el odio, el mito y la división, pese al pacto constitucional de 1978 en su intento democrático, modernizador y de poner fin a los dos Españas.

Desde entonces, ha habido de todo. La historia de una incipiente democracia y el deseo de una integración con la creación de las autonomías, un modo práctico administrativo de gobierno y de reconocimiento de las regiones que conforman la nación española en su unidad. Ha habido equivocaciones de distinta intensidad, olvidos y premios inmerecidos, los asesinatos de ETA desintegradora, las continuas y persistentes políticas nacionalistas catalanas, gobiernos con dispares criterios en los modos de concebir la política y España. Lo que ha ido pergeñando una situación compleja, pero sin el deseo de desintegración y con la propuesta de diálogo. No ha podido ser. Estamos en esta tesitura.

Llegó 2004 con la execrable matanza de Atocha. Y con Atocha, el PSOE de Zapatero y sus ideas que muchos no comprendemos ni aprobamos. Llegó la crisis de 2007 para colmo de los males. Rajoy, que pudo presidir a España en 2004, tardó unos años. La crisis se redujo, pero no la tensión nacionalista que ha ido en aumento hasta el 1 de octubre de 2017. Forzadamente, con una moción de censura que nunca debió ocurrir, llegó Pedro Sánchez, político y doctor sin trabajarlo, pero con mucha fortuna y ansias de transformar el mundo equivocadamente. Formó un gobierno que se ha llamado Frankenstein, por la multiplicidad de piezas con las que está hecho y con criterios opuestos y trasnochados que se venden como de progreso. Así nos ha ido. Llegaron otras elecciones municipales y autonómicas que mostraron el descontento en las urnas. Y las generales del 23 de junio de 2023, que han multiplicado el desconcierto, la intolerancia, la prepotencia, la casi desaparición del poder judicial, la base de la democracia, el odio, las leyes sin sentido, la ausencia de la cultura y, en lugar destacado, la DESINTEGRACIÓN DE ESPAÑA, con altos precios que pagamos nosotros en beneficio de los nacionalismos. El precio de la amnistía, el referéndum, Bildu y los nacionalismos celebrando su triunfo y con excelentes beneficios en todos los aspectos, viene la nueva España mutilada.

Termino recordando el triste poema de José Hierro Réquiem, dedicado a Manuel del Río, natural de España, que murió en New Jersey por un duro trabajo de 17 dólares. Y se refiere a Manuel y a sus recuerdos de España “objetivamente, sin vuelo en el verso”. Así he escrito estos párrafos –objetivamente- de una historia que fue, puso ser y otros se han empeñado en que no sea, con la aprobación del aspirante a la renovación presidencial, el Sr. Sánchez, y su secuela de partidos. En este caso, no son 17 dólares, es el gobierno, el poder y la desintegración territorial, política y cultural de una nación que ha trabajado mucho por serla. Descanse en Paz. El funeral se celebrará el día de la investidura del señor Presidente Sánchez. Se anunciará la hora y lugar a su debido tiempo.

Tribuna libre

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