Un reflejo

Por J. Joaquín García-Romeu
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En ocasiones nuestra mirada no puede captar todos los momentos bellos. Los instantes vividos y captados no son infinitos, y nuestra existencia se ciñe a esas vivencias personales que se graban en nuestra retina.

Sin embargo, ese engendro de odio, de maldad, el lugar en donde la valentía se vuelve vocablo insultón y grosero, en ocasiones, permite disfrutar de momentos, experiencias y circunstancias que de otra forma no nos llegarían.

El Puerto, la ciudad con la que soñamos en cada mañana, la que recorremos en las noches, la vivida, a veces, esconde imágenes tan bellas que solo algunos privilegiados pueden vivirla, momentos que algunos comparten, suben a esas redes y nos permiten volar hacia ellas.

De todas, en estos días, la maldita noria del absurdo enfrentamiento, la que algunos quemarían como engendro del diablo por el simple placer del minuto de gloria, está dando a la ciudad algunas de sus imágenes más bellas. Mi río y mi Puerto, la otra banda iluminada, el cielo acompañado o abandonado de su luna, sin estrellas, sin sus nubes, con un palio y un rosario, con su todo y con su nada, enfundando una estampa sobre el río reflejada. Y un cantil sobre la vida.

En estos días, mi mente no sueña, no se despierta, disfruta con las imágenes compartidas de la noria reflejada sobre el río, de las barcas incendiadas por un corazón de fuego que se baña en las tranquilas aguas del Guadalete. Curiosamente, las redes sociales se emplean para la difusión de algo más que el insulto fácil.

La belleza de las imágenes permiten que todos disfrutemos de esos momentos que algunos privilegiados han podido captar, con esos momentos que algunos iluminados han querido compartir, con esos momentos que muchos porteños hemos sabido disfrutar. Y aun sabiendo que no es la primera vez que esto ocurre, a veces, todas esas personas que ya sea con su móvil, su cámara o su Tablet son nuestros ojos, también necesitan saber que gracias a ello, esos momentos mágicos de El Puerto no se pierden, llegando allí a donde a algunos los recuerdos le trasladan hasta el principio de los tiempos.

J. Joaquín García-Romeu

J. Joaquín García-Romeu, nacido en Cádiz, es licenciado en Derecho por la Universidad de Cádiz. Ejerce como abogado en la localidad de El Puerto de Santa María y en Sevilla, actividad que compagina desde los años 90 con colaboraciones en el mundo de la prensa y con la publicación de libros como 'La última negra' (Ediciones Atlantis) en 2018.