El tiempo ganado

Por J. Joaquín García-Romeu
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Hacía mucho que aquellas calles se me perdieron en la memoria, en ellas, solo la poca vida que quedaba ocupaba las aceras, y para mí, aquellas calles apenas tenían un destino.

Sin embargo, aquella mañana, y camino de un sitio concreto, decidí continuar andando, tampoco es que me llevara mucho tiempo, pero Ganado, llegando a la plaza parecía que acababa para mí.

Primero dejé atrás mis primeros recuerdos de Noel y León, la antigua sastrería que no conocí, aquel recuerdo de Sanlúcar, una de las más antiguas mercerías con nombre vinculado a la fundación de Roma, la sede y deposito de muchos domicilios amueblados, y que además podían regalarte un jamón… miles de viejos y nuevos recuerdos se mezclaron con nuevos y viejos tiempos.

Tiempos de cuadros con nombre que siempre se me antojó anglosajón, formidables estructuras y la quinta del hay de todo para el hogar, el grato recuerdo del siempre al servicio de usted… Las viejas ruinas siempre mirando al templo de los vinos, y al fondo, mucha más calle desconocida para mí, tan desconocida como su nombre, que imaginaba tiempos de conducción de reses hacia el mercado. Allí acababa el mundo de mi infancia, en donde llegar hasta allí era el más allá.

Seguí caminando por una calle amplia y soleada que invitaba a pasear, una calle llena de vida capital de un barrio alto, eje de una ciudad en donde patios centenarios cuajados de geranios daban esplendor a una ciudad que merecía ser vivida y paseada.

El temido abandono del centro no pasó desapercibido por algunas de sus fachadas, pero la ilusión recuperada, esa ilusión ajena a las normas y a la política, esa ilusión que con fuerza arrastraba a vivir, una ilusión por la vida en un centro, en una ciudad era objeto de lucha fratricida encerrar.

Mis pasos iban llegando a esas afueras que me obligaban a dar la vuelta, y mientras mis ojos se posaban en balcones vivos y alegres, dejé de mirar el abandono. Allí donde mi vista se posaba en la fachada perdida, veía un nuevo comienzo, allí donde las flores adornaban la blancura de la cal, una invitación a vivir.

J. Joaquín García-Romeu

J. Joaquín García-Romeu, nacido en Cádiz, es licenciado en Derecho por la Universidad de Cádiz. Ejerce como abogado en la localidad de El Puerto de Santa María y en Sevilla, actividad que compagina desde los años 90 con colaboraciones en el mundo de la prensa y con la publicación de libros como 'La última negra' (Ediciones Atlantis) en 2018.