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| Encendido 2 meses hace

Tiempo de berzas

Por Tribuna libre
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Por fin las temperaturas han bajado lo suficiente para que sintamos el frío. Los primeros pasos del otoño se abrieron hueco, forzadamente con alguna que otra fiesta, incluidas las religiosas, y la ansiada lluvia, por fin se dejo sentir.

El olor a humedad de las prendas de abrigo ya inunda las aceras, y ese acogedor olor a ropa guardada nos hace recordar, o bien los olores a lavanda, a alcanfor o simplemente a cerrado, que tanto dependen de los gustos. El frío se abre camino, y ahora, cuando el sol nos calienta ya no nos quejamos del bochorno, y acogemos con agrado ese calorcillo.



Llegan los tiempos de los guisos de otoño, y de la nueva puja por ver de donde son, si lo que comemos es nuestro o una infección extranjera.

El Facebook se inundará de expertos alegando que tipo de berza debemos comer, cual es la nuestra, y cual debería estar prohibida por ser un invento extranjero -llamemos así incluso a las importadas de Jerez-. Por mi parte, me importa bastante poco quien invento la berza, la etnia u el origen, que por cierto es una hortaliza, pero pasa como con los Rotring, que son una marca, y con sumo gusto, y sin que se me arrugue el alma, comeré con gusto las de habichuelas verdes con calabazas; me dará igual si se combina el garbanzo con la habichuela; disfrutare con la de chícharo y habas; no discutiré si debe llevar una palada de manteca colora o no, y por supuesto, probare si lleva magro, jarrete, careta o lo que sea; tampoco me ofenderá el uso o abuso del chorizo o la morcilla; y por supuesto, respetaré la de acelga y apio, aunque lleve tocino.

La berza, en toda su extensión no merece el más mínimo reproche, la menor crítica, y siendo, para mí, de imposible ubicación, la tomaré como bandera de mi cocina, haciéndola propia en estos meses. Y sé que las redes hacen tanto daño, tanto daño, que a pesar del indiscutible  papel de la misma en nuestro corazones, llegará algún listo dando lecciones, más solo una recibirá… la pringá hay que comerla después, con el resto del caldito, y… por supuesto con las manos pringando el pan.

Tribuna libre

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