III Muestra de vinos: Como una diosa en manos del Dios Baco

Muestra de vinos de la provincia en el IES Santo Domingo.

SOL RUIZ.- Mañana fría, el sol arriba en lo alto y la sensación de que todo está en orden un domingo más. Y sin embargo, sabemos, sé que no.

Todo está demasiado tranquilo en El Puerto, los locales desperezando aún para acoger al visitante valiente que asalte hoy la calle ocupada por el viento de la escarcha, ese que barre las hojas del otoño, y las risas las esconde bajo las bufandas coloristas y abultadas. Ese que abruma y desorienta, y nos hace correr y meternos en casa donde todo parece guardar compostura y ofrecernos protección.

La calle no merece hoy mucho paseo si no fuera porque el sol de esta tierra indolente, dibuja en las esquinas y en el azul del río una de las imágenes más hermosas del mundo. El sol, la tierra, el vino.

Casi siempre nos sentimos seguros cuando podemos identificarnos con nuestra naturaleza, nuestras raíces, nuestra idiosincrasia. La de hoy, tiene carácter y viene empujando fuerte para renovar la ilusión de un arte que llevó a El Puerto de Santa María a ser conocida en todo el mundo. El vino, tornado ahora con el color de la sangre, vuelve a El Puerto un año más a recordarnos nuestras raíces y nuestro débito.

El claustro del instituto de Santo Domingo ha sido el escenario, como un buen convento de monjes cartujanos que protegieran y cuidaran en las lindes de un monasterio sus parras más preciadas. Trece bodegas, o 12+1 para los supersticiosos, apostadas alrededor de los bajos del claustro ofrecieron este sábado y domingo de frío febrero, sus vinos tintos.

Estos vinos, al margen de lo que puedan pensar están siendo ya muy reconocidos en el resto de España, algunos incluso compiten con vinos de gran calado en las mejores guías de nuestro país. La guía Peñín, La Guía Gourmets de los vinos de España y la muy afamada (no sé si por ser extranjera) Guía Parker. En todas ellas aparecen vinos españoles, y poco a poco, los vinos tintos de Cádiz se van haciendo un hueco en alguna de ellas.

Con gran asombro, paseo por estos mostradores decorados con publicidades tan sugerentes, como los colores que destellan en mi copa, una tras otra, evocando paisajes de esta provincia que bien podrían ser una especie de sueño.

Desde Jerez de la Frontera nos trae la Bodega Luis Pérez tres tintos que rindieron honores al sol en la Hacienda Vistahermosa, en la que nos dice se asienta su Bodega; Garum, nombre romano para este vino de 2010 y elaborado a partir de variedades Merlot, Syrah y Petit Verdot, tras 12 meses en barrica de roble francés y americano, con aromas a frambuesas, regaliz, café, cacao…; Samaruco un tinto artesano de 2008, y que según nos develan, irá adquiriendo mayores notas de complejidad con los años; y el Petit Verdot 2008, una de esas rarezas en las que el vino, es ya una obra de arte. Diez años desarrollando prácticas ecológicas de cultivo integral, comienzan a dar sus frutos.

Desde la campiña jerezana nos llega también Cortijo de Jara, producido por Puerta Nueva S. L., una marca que produce dos productos con el mismo nombre, El Cortijo de Jara Roble vino tinto crianza que durmió cuatro meses en botas de roble y dibuja en nuestra copa un color cereza intenso y nos deja aromas a fruta madura y especias dulces; y el aceite de oliva virgen extra Cortijo de JARA, obtenidos por procedimientos mecánicos a partir de aceitunas de variedad Arbequino que se producen en la propia finca.

Desde Arcos de la Frontera la ya conocida Bodega Barbadillo, nos seduce con Gibalbín Joven y Gibalbín Crianza, dos vinos atractivos y sugerentes que consolida así la tarea ambiciosa de elaborar vinos tintos andaluces de calidad, una quimera, nos dice, hecha realidad. Algunos de estos vinos, como es el caso de Gibalbín crianza, por ejemplo, utilizan en su elaboración uvas de la variedad tempranillo, Cabernet, Syrah, Merlot y la cada vez más preciada uva autóctona Tintilla de Rota con un marcado carácter que la hace única.

Desde Arcos también está presente la cada vez más conocida Bodega Huerta de Albalá, con sus joyas de la corona Taberner nº1 y Taberner, vinos que llevan el apellido del fundador Vicente Taberner, que con gran fe y constancia emprendió el camino vitivinícola, aunque a veces nos pueda parecer fantasía la cantidad de los matices que integran sus productos,  como los que evocan los nombres que da a sus vinos, como el Barbazul, o Barbarosa, y que tan buena acogida tienen entre los amantes del vino.

Presentes también las Bodegas Regantío, Páez Morilla, y por último, aunque no menos importante, la Bodega El Rey Habis dedicada a la agricultura ecológica por completo. La mañana sigue fría a pesar de que avanza el sol y se posa en el cénit para atravesarnos de intensos brillos y reflejos que rebotan en las macetas del claustro, mientras los vapores del vino con sus efluvios, nos va pidiendo llenar el estómago con el bendito Ajo caliente del bar preparado para la ocasión, o la morriña de la Berza que nos resucita y nos pone en marcha de nuevo.

La conversación se vuelve lenta, por el sopor, porque el corazón va pausado y las sonrisas despegan como pájaros por el lugar. Entonces se produce el misterio que se da casi siempre en estos estados, se le quita a una el complejo, los miedos, la conocida palabra ridículo se va con el perro a pasear por la calle y le tiende la mano al primero que pasa, en esta ocasión me enredo en una amigable conversación con Luis Mateos Salido, hermano de Antón con quien comparte, junto a sus parejas e hijos, la entrañable tarea de la tierra y el arte de cultivar parras.

Y hablamos largamente, sin prisas, sobre ecología, sobre la dicha que se siente cuando se recoge la siembra aunque no se obtengan resultados económicos, de la sonrisa de los hijos cuando corren por el campo montados en el mulo. De cómo esperamos que cambien las conciencias de los que gobiernan el mundo en el que vivimos, y sobre todo, de esta tierra, la nuestra. De los ratones que conviven en las bodegas y las arañas que tejen sus telas sobre los barriles, de la ilusión de levantar un proyecto con las manos, del calor de la amistad de la gente del campo, de la vida agraria, y de tantas y tantas cosas… Y es que a pesar del vino y sus efectos, creemos que tenemos la certeza de vivir en uno de los lugares más generoso, más intenso y rico que jamás conoceremos.

Ahora que estoy totalmente templada y serena, vuelvo a pensar que no es un sueño. Quizás esta tierra vuelva a depender del vino, de aquellos oficios que fueron desapareciendo, para llegar a esa ecología sostenible, o a esa economía sostenible que siempre nos ha dado esta bendita tierra.

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5 Respuestas a III Muestra de vinos: Como una diosa en manos del Dios Baco

  1. Anónimo

    Me ha encantado la muestra y el trabajo que hacen los responsbles del Santo Domingo. Eso sí, hay que dar gracias a la Junta de Andalucía por esta apuesta de crear el aula de enología en El Puerto.

  2. Anónimo

    Genial crónica me ha encantado, parece q estuviera alli. Una pena perdermelo esrte año……

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