“Pararara papa… ouuuuh yehaaaa”

El Vaporcito en sus mejores momentos surcando el río Guadalete a su llegada a El Puerto.

El Vaporcito en sus mejores momentos surcando el río Guadalete a su llegada a El Puerto.

Joaquín García de Romeu. “Tiempo de silencio”.

Joaquín García de Romeu. “Tiempo de silencio”.

Joaquín García de Romeu (Tiempo de silencio).- Acabo de llegar al Liba y me siento frente al desierto muelle del vapor. Mientras miro la ribera, aquella sirena de la infancia me llena el corazón de eternos recuerdos. Entonces, lo que los ojos no ven observa como mi vapor acaba de atracar en su muelle, y con Pepe ante el timón, observo como unos extraños pasajeros van subiendo, Simios, Israelitas, Caballos…

La marea me trae los aromas de una eterna bahía que tiene el mundo en sus manos. El café reposa sobre la mesa y aquel año 99 retorna a los bongos y guitarras de un eterno Yester… cai. Algunos majaras esperan para subirse al vapor que va para Cádiz, y en la proa un eterno Paco, al Alba de la mañana, silba por tanguillos.

La sirena del vapor vuelve a sonar avisando que está a punto de salir… y corriendo, como puede, un joven Jose Luis Arniz vestido de cubano con un cubata en las manos pide que le esperen. De pronto, alguien dice que parten para Cádiz City, la ciudad de las Ruinas Romanas, que tienen que recoger a un ilustre pasajero. Desde la proa, Paco se gira y le dice a Pepe… ‘camon baby’.

Casi sin pensarlo corro hacía el vapor que hacía tanto que no veía zarpar, y de un salto me cuelo en el último momento, y casi perdiendo el equilibrio un hippy me invita a un Tinto de Verano. Como me mareo me voy a la proa, y en un blanco y negro de eternos y salados colores, Paco me pone una mano en el hombro y me dice que allí no pinto nada…

Como en el Señor de los Anillos, el vapor también hace sus eternos viajes a la mítica tierra más allá de las estrellas que se encuentra en ese mágico punto de la Bahía… aun así, la Perla Negra de la bahía navega en busca de su Capitán.

Sin casi pensar en el tiempo pasado, se ve en el horizonte el muelle de Cádiz, en donde un señor con mano en el pecho y un enorme sombrero espera impaciente su primer pasaje. Las estrellas brillan en la luminosa mañana de mayo mientras las olas van meciendo, al compás del tres por cuatro, al Trovador de la Bahía que va dirigiendo a la agrupación.

Sin pensarlo, cojo la taza de café… y veo como entre la espuma se pierde el  vapor, que con una gracia infinita navega hacia las estrellas, roneando entre unas aguas plateadas y azules que le dan besitos mientras va ascendiendo hacia esas bahías azules que se encuentran en el cielo.

Desde mi mesa veo como se aleja… la alegría de Cádiz aún suena en las palmas de Chano Lobato, y me inunda la enorme paz de que sus crujías no se pudren en el varadero. Menos mal que Paco Alba lo reflotó para llevarse a las Bahías Azules que se pierden en las nubes  a sus hijos más queridos. Hasta dentro de un rato Juan Carlos…. Ouhhh Yeaaaa.

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