Martes Santo de contrastes

Imagen de La Piedad a su paso por Carrera Oficial.

Imagen de La Piedad a su paso por Carrera Oficial.

Alfonso Bello.-Un Martes Santo caluroso llegaba a nuestra ciudad. Se “abarruntaba” el levante mientras la Basílica Menor se encontraba abarrotada de gente. La Hermandad de la Misericordia y la del Dolor y Sacrifico tenían sus pasos retranqueados mientras los devotos y hermanos admiraban sus Titulares horas antes de su Estación de Penitencia.

La tarde se mostraba apacible para lo que al Puerto le esperaba. Un mar rojo y hueso atravesaba la Plaza de España buscando calle Meleros, precediendo al Señor de la Misericordia. Prominente el sonido del martillo a la altura del dintel, una obra que se estrenaba en ese momento, con diseño de Calleja y realización a cargo del taller de Antonio Falla. Salvaba el marco interior del dintel suspendiendo los cuerpos sus costaleros levemente, para que el Himno Nacional fuera interpretado por la AM Santa María La Blanca de Los Palacios para llevar al Señor a las calles de su ciudad. Sus hermanos, devotos y de forma muy especial su Grupo Joven, ya soñaban con ver al Señor por el Castillo. Nuestra Señora de la Piedad brillaba más que nunca, pues su crestería del palio y su manto habían sido restaurados para la ocasión. Un Martes Santo especial para ellos, pues una vez clausurado, la Señora partirá hacia el taller de su restaurador para que sus hermanos la vean más guapa que nunca.

Pasando Cerillitos por Carrera Oficial, llegaba el momento que los devotos más profundos de nuestra ciudad esperan, la salida de la Hermandad del Dolor. Con tiñes añiles propios del atardecer, y con un cortejo bastante extenso que le precedía (aunque nada que ver con los eternos que veíamos hace algunos lutros), el monte de claveles rojos del Señor se empapaba de los últimos rayos de luz de la tarde. La túnica blanca es espectacular, el Cautivo estaba radiante y el contraste producía un deleite para nuestra vista. Tras el Señor, que se marchaba a golpe de horquilla, llegaba la Madre del Dolor y Sacrificio, la primitiva devoción de la Hermandad. Ataviada de hebrea como hacía algunos años que no veíamos, dejaba enmudecido a quién se acercaba.

De nuevo Calleja hacía de las suyas, y nos regalaba a la Madre de Dios arrancándote una oración sin pensarla. Tarde de contrastes, de melodías cofrades por el Castillo, frente al silencio solo roto por la horquilla y la saeta del Barrio Alto. De un Castillo que esta noche acariciaba con sus almenas el rostro ensangrentado del Señor que va muerto en la Cruz, y una calle Espelete que recuerda como la Virgen sorteaba los palos de sus fachadas en antaño mientras saeta tras saeta los vecinos procuran, un año más, calmar el Dolor de su Virgen. Y cuando la Basílica se cierra a cal y canto, y los hermanos elevan a sus respectivos Titulares su última oración, otros llenos de Esperanza azul Olivo sueñan con su Miércoles Santo, con la Plaza de la Cárcel como colofón.

Que así sea.

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