Deleite cofrade gracias a Los Afligidos

Imagen de Lunes Santo de los Afligidos.//P.P.M.

Imagen de Lunes Santo de los Afligidos.//P.P.M.

Alfonso Bello.- Hoy amaneció un caluroso día de primavera. El contraste de las playas repletas con un centro desierto hacía una estampa atípica para el cofrade. Ese que se preparaba para vivir una de las jornadas más solemnes de nuestra Semana Santa.

A las 19 horas se abrían las puertas del estrecho dintel de la antigua capilla del hospital de San Juan de Dios, ahora capilla de Jesús de los Afligidos. Un muñidor anuncia la llegada del cortejo, con el fin de llamar al respeto y al recogimiento, algo de lo que por desgracia carecen la mayoría de nuestros ciudadanos. Un cortejo de recogimiento absoluto, antifaz y túnica negra solo roto por el marrón del esparto de sus cinturones. Un discurrir que, para algunos a los que tanto copiamos y deseamos de otros lugares, envidiarían sin duda.

El paso de Lignum Crucis pasa desapercibido para algunos, y es una emoción rebosante para otros. Pero sin duda, no deja indiferente, aunque solo sea por el hecho de ser el único que discurre por las calles de nuestra ciudad. El Señor de los Afligidos, que este año conmemoraba el 150 aniversario de ser acogido por las Reverendas Madres Concepcionistas tras la expropiación de 1858, cruzaba el umbral no sin dificultad para volver a presidir la calle que le espera cada año, la de Micaela Aramburu. Buscando ya sus revirás y el recogimiento de calle Cañas, Conde de Osborne o Palma, María Santísima del Rosario en sus Misterios Dolorosos comenzaba las maniobras de salida del templo, mientras la excelsa Banda de Música de Gailín de Puerto Serrano interpretaba la primera marcha de la jornada. Unos sones exquisitos que completan un cortejo que no tiene desperdicio de principio a fin.

Si me permiten la opinión, la verdadera penitencia y el recogimiento del cofrade están en este tipo de Hermandades. A cualquiera le emociona ver una jornada como la de ayer, con pasos de corte “alegre”, que te ponen los vellos de punta en cada chicotá. Y son igualmente necesarios, pues si miramos atrás al Concilio de Trento, las Hermandades nacen para llamar al pueblo a la Iglesia, y así continuamos haciéndolo. Pero ver al Señor andar de frente como el de Afligidos, con su firme caminar, o a su Madre recogida bajo un palio en su justa medida de ostentosidad, solo rota por Amarguras e Ione, marchas que lloran por Ella… Señores, eso es la máxima expresión del deleite del cofrade. Enhorabuena a la Hermandad, por su saber hacer y por llevar a cabo una Estación de Penitencia envidiable, que se desarrolló por y para el Lunes Santo portuense sin ningún contratiempo. Ahora nos alejamos del parque y la fuente de las Galeras, que espera ya su Madrugá, para soñar con un nuevo Martes Santo de contrastes.

Que así sea.

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Apemsa

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