Y llegó el Domingo de Ramos que como siempre llega

Domingo de Ramos 2019.

Domingo de Ramos.

Alfonso Bello.- Llegó como se le esperaba, dejando atrás una fría Cuaresma de espera y preparativos, de ilusión y oración, de ensayos y cultos. Llegó el número cero para algunos en sus calendarios, llegó con la sonrisa más iluminada de todo el año.

Llegó con el mismo Dios a lomos de una borriquita. Esa que le da nombre a la Hermandad del San Marcos. La Hermandad de los niños, que con su fajín y su cara descubierta, comienzan a entender lo que es la Semana Santa. Se cumplieron las expectativas, pues de nuevo un día primaveral amaneció para acoger por las calles de El Puerto al Señor triunfante. A las cuatro de la tarde se abrían de nuevo las puertas de San Marcos para que todo ese mar celeste de ilusión y júbilo saliera a la calle a dar testimonio de fe. El Señor, el moreno de San Marcos, en su barco marinero que estrenaba los tallados de los laterales del canasto, volvió a surcar un barrio de devoción, porque hoy todos te estaban esperando. Y algunos, que el centro les resulta lejos por su edad o su enfermedad, te esperaban postrados en sus casas, con reposteros azules y algún cuadro que tienen en casa puestos en el balcón, para volver a pedirte un año más por aquello que les aflige.
La Entrega es la de María, Ella con su gente. En un palio que ha mejorado evidencialmente, aunque aún necesita un empujoncito, iba María en su Entrega. En su Entrega y Soledad, porque hay que recordar a nuestros portuenses que la procesión acaba en el palio, y es recomendable, pues todo cofrade que se respete, sabe que no hay nada como un palio de espaldas, más si va de vuelta. Y de eso bien entienden sus cofrades, Alejandro y Carlos, que con su tesón regalaron a la virgen un mar de pétalos que hicieron, más si cabe, explendoroso su caminar.
Y dejando a la Hermandad en Estación de Penitencia, el portuense toma la calle Vicario, que espera ansiosa porque sabe lo que pasará ahí esa noche. En la calle Cielo no cabe un alma, porque esperan un año más a la Hermandad. Este año hay novedades, y bien grandes, pues el Señor estrena paso. Tras veinte años de espera tras su restauración, por fin el Señor tendrá lo que merece. Hermanos Caballero nunca defraudan, y aunque sea difícil imaginarlo viendo el paso en bruto, sabemos que la Flagelación tendrá un misterio de los que impresionan. Como siempre, cuadrilla por excelencia la comandada por Sergio Alejo y su gente, que cada año se superan y hoy día pasean al Señor en muchos momentos de su Pasión.
En contraste con el cortejo de la Hermandad de la Borriquita, pocos hermanos en los tramos que anteceden y preceden al Señor, llevándonos a una Amargura explendorosa. Todo para Ella es poco, y sus hermanos bien lo saben. Completado el conjunto de sus bambalinas nuevas, obra de las costureras de la Hermandad, a su paso de Palio no faltaba un detalle. He de confesar que soy fiel defensor de su saya blanca, un acierto como ya vimos en 2018, por el señorío y la elegancia que le confiere. Como siempre en casa Calleja, un desborde de cofradía y devoción. La calle repleta y los balcones engalanados para el día grande. El Señor firme en su caminar seguía el sentido de la calle buscando en Cielo su recogida. Mientras esto pasaba, la Señora se recreaba con saetas y oraciones, marcha tras marcha hacía tan especial su paso por casa Calleja, quien con esmero e infinito amor, la engalana en cada momento, regalándonos todo su explendor.
Y así llegó el Domingo de Ramos, y tal como vino se fue. Se fue a San Marcos y a San Joaquín, con los cirios gastados y los pies cansados, pero siempre felices por lo bueno del trabajo consumado. La misma estampa en ambas parroquias cuando, en la penumbra de un ya Lunes Santo, los hermanos admiran al Señor que les da las gracias, a sabiendas de lo que le espera, y a María en su palio cuyos cirios han llorado como ella lo hacía. Y esa estampa, que a todos nos encandila el alma, fue gracias al buen tiempo y a las cosas bien hechas. Un Domingo de Ramos para el recuerdo, que se quedará en el corazón de todos sus hermanos y que servirá de aliento para los días que aún nos quedan por disfrutar, con un Lunes Santo que deleita a los amantes del buen gusto.
Que así sea.

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Apemsa

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