“Un paseo de invierno”

El invierno también invita a salir a pasear por las playas. / Naydene.

El invierno también invita a salir a pasear por las playas. / Naydene.

Joaquín García de Romeu. "Tiempo de silencios"

Joaquín García de Romeu. “Tiempo de silencio”.

Joaquín García de Romeu (Tiempo de silencio).- Normalmente pensamos en ese bello verano, en aquellos momentos en los que, acurrucados en los rayos de sol, vamos aspirando el olor a mar mientras el susurro de las olas nos relaja. Sin embargo, el beneplácito del verano, largo en estas costas, no es comparable con los débiles rayos de sol que besan las arenas en invierno. Esa experiencia se disfruta tan solo por algunos, sobre todo por aquellos que, teniendo animales, disfrutan viéndolos correr entre las olas mientras se arrebujan en sus abrigos.

Cuantas veces he pensado en ese turismo de invierno que huye de las playas y busca el refugio de una chimenea serrana… cuantas veces he paseado por las playas, del espigón al castillito, o buscando el horizonte perdido del levante. La plácida soledad de las playas, el rugir de las olas que se alivia del susurro del verano, el viento salado tensando la piel de la frente mientras mis pulmones se llenan de esa salada paz. Y es que, sentado en aquella duna contemplo la bahía y me dejo llevar.

Los cielos aborregados invitan a marcharse, y sin embargo, si uno aguanta diez minutos en esas playas de invierno comienza notar como el sol te brinda algo de calor, invitándote a no marcharte, las olas te gritan buscando tu cercanía y el viento, el viento tan solo te empuja a seguir andando, hundiendo los pies en una fría arena menos mullida que la de verano.

Cierto que cada día son más quienes pasean, por los bulevares, los paseos, los caminos, las orillas, jugando con las olas que intentan besarnos los bajos de los pantalones. Pero son pocos. Quizás perdimos la visión de una ciudad que aun en invierno sigue siendo atractiva. Una ciudad en donde en un domingo soleado, aun con un sol alto de invierno, sus rayos calientan.

Todo ello me lleva a negarme a vivir en una ciudad para el verano… también hay inviernos, también la llovizna nos muestra una orilla interesante y acogedora, en donde los pensamientos se filtran y embellecen… y es que, si pensamos que las bicicletas son para el verano… los paseos son para todo el año… y para limpiar la mente, para depurar los pensamientos, para afianzar el sentimiento, quizás lo mejor sea ese paseo junto a las olas en esas playas de invierno…

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Apemsa

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