“Del Gobierno Frankenstein al Gobierno MrPotato”

Susana Díaz haciendo balance.

Susana Díaz haciendo balance. / EFE.

Manu Garro (Periodista).- Hacer un balance de unas elecciones una vez finalizadas es fácil, asumir lo que ha pasado (y puede pasar) en estos comicios va a ser mucho más difícil. No se trata de que el bloque de la derecha haya ganado o que represente el final del socialismo en Andalucía (que antes o después se sabía que iba a llegar), de lo que se trata es que todos los andaluces hemos ayudado a crear, o mejor sería decir consolidar, un monstruo llamado Vox. Y lo peor es que ahora no vamos a saber qué hacer para quitárnoslo de encima.

Legítimamente (aunque quizás equívocamente) PP y Ciudadanos van a querer contar con los votos de Vox, pero se equivocarán si piensan que estos van a ser gratuitos. Vox es la extrema derecha y no llega para hacer política, sino para romperla. Puede que esté dispuesto a ceder sus votos pero a cambio de mucho. El ejemplo de Italia donde gobierna esta misma extrema derecha sin que suceda nada (salvo el oprobio del resto del mundo decente) es un espejo en el que pueden reflejarse los dirigentes andaluces de Vox. ¿Se imaginan a una Consejería de Interior y de Políticas Sociales en manos de estos individuos?

Cuando Pedro Sánchez llegó a la Moncloa se habló de su Gobierno Frankenstein. Andalucía lleva ahora camino de crear un Gobierno de MrPotato, ese juego infantil en el que los más pequeños van pegando ojos, orejas y narices en una cara sin importarles nada que el resultado final tenga sentido. Pero a un niño no se le puede pedir responsabilidad ni coherencia, a unos políticos, sí.

Tras estos resultados, el PP ya ha comenzado a olvidar gran parte de sus mantras. Ya no importa que no gobierne la lista más votado; ahora es legítimo que quien perdió las elecciones pueda gobernar; los pactos, aunque sean con los extremistas, son aceptables; y, si es necesario, si debe negociar un Gobierno o unos presupuestos no en una cárcel pero sí en el Valle de los Caídos, pues se hace.

Por su parte, Ciudadanos empieza a jugar con fuego y con riesgo de quemarse. Intentará gobernar para rentabilizar sus grandes resultados pero conscientes de que el PP nunca le va a ceder la Presidencia y que deberá volver a hacer el papel de siempre: Dejar gobernar pero sin entrar en el Gobierno, pero con el agravante de que en ese Gobierno puede estar Vox. Y eso siempre es difícil de explicar y, como se ha visto en estas elecciones andaluzas y puede pasar en las municipales, para tener una copia mala, me quedo con el original de Vox.

De las dos izquierdas, de esas que insisten siempre en ir en paralelo, poco se puede decir, porque han pagado sus propios errores. Por un lado han visto que las convergencias quedan bien sobre el papel, pero no en las urnas. Y si como ya empiezan a insinuar su estrategia de futuro es salir a la calle para hacer frente a la extrema derecha, se pueden equivocar y lograr lo que ya se ha logrado en estas elecciones: Dar visibilidad a quien no la tenía. Y ahora mismo, visto lo visto, si a una parte de la población se le fuerza a apostar por los extremos, la derecha ya tiene mucho ganado.

¿Y qué va a pasar con los socialistas? Pues que, les guste o no, les ha llegado el momento de renovarse… o seguir muriendo. De la misma forma que el PSOE nacional ha ido diluyéndose en elección tras elección, en Andalucía también les ha llegado su hora de asumir que no basta con perpetuarse en el poder para seguir en él. El gran voto de castigo en forma de abstención no es un tirón de oreja, es una patada en los mismísimos. Y su aplazada renovación deberá llegar, y a poder ser cuanto antes, porque el partido necesita no solo gente joven, sino dirigentes nuevos que sepan dónde están, con ganas de cambiar las cosas y con la ilusión de volver a ganar, no de mantener un cargo que, al final, se ha visto que no era vitalicio.

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