“El tendido de los sastres”

plaza interna

Vista aérea de la plaza de toros de El Puerto.

Alamares (Pensión Las Columnas).- Allá por el año de 1936 la plaza vieja de Madrid fue víctima de la piqueta y en su lugar se levantó una barriada. La competencia que ejercía por entonces la recién inaugurada plaza de Las Ventas hizo caer en desuso al viejo coso, entre otras cosas porque casi duplicaba su capacidad. Pero esa plaza vieja albergaba una peculiaridad propia de la España costumbrista e impensable en los cosos modernos. Los corrales estaban separados físicamente del cerramiento de la plaza, por lo que existía un pasillo que se llenaba de chavales, ancianos y bellas mozas al reclamo de los toreros. En esos escasos metros que había entre ambos emplazamientos se podía disfrutar del paseíllo, de tocar el traje de los espadas, de ver el arrastre de toros y caballos, y de imaginar la corrida en lo que se podría denominar ver de oído. Anejo al corral había una sala de toreros en donde mataban el tiempo hasta que tocaban los clarines, además de esperar la llamada del empleado de turno al que se le conocía como el tuerto, quien daba la voz de aviso para que se formaran las cuadrillas para hacer el paseíllo.

Este fin de semana me he quitado de en medio de mi Grazalema del alma. Se celebraba la fiesta de los bandoleros, y aunque el pueblo últimamente tiene más turismo que El Puerto, con la fiesta del Tempranillo aquello se pone a rebosar, y uno con sus achaques solo quiere respirar paz y tranquilidad. Aproveché para venirme a mi tierra de adopción y de paso dar gusto a mi señora que había planeado una quedada con sus amigas Sinforosa y Úrsula, para asistir a una reunión de costura que no me sé bien el nombre, ya que el inglés no lo manejo. Los machotes nos fuimos a copear en las pocas tascas que aún quedan en este pueblo, pero antes decidimos visitar la plaza de toros, puesto que Saturnino el esposo de Úrsula, no había tenido la oportunidad de verla tras las obras acometidas. Y cuál fue nuestra sorpresa que nos encontramos con la plaza abierta de par en par, sin un guía que nos pudiese explicar algo, y sólo era posible visitar el ruedo, ya que el resto de dependencias estaban cerradas a cal y canto. Aquello me recordó al tendido de los sastres, donde Satur tuvo que imaginar todo lo demás.

Y parece que con lo que acontece últimamente y taurinamente hablando, en El Puerto se está instaurando el tendido de los sastres para desdicha de los aficionados y por ende de los portuenses. Digamos que se está copiando el camino recorrido en Barcelona cuya consecuencia fue cercenar la fiesta nacional en la Monumental y en otros pueblos y ciudades de Cataluña. Se está plagiando la reducción de festejos hasta la mínima expresión, para dar el espaldarazo definitivo con la declaración institucional de prohibición y por ende abolición.

Simplemente hay que detallar los hitos que se están sucediendo, para observar que esto se lo han tomado en serio. Están atacando a la fiesta desde la base, abandonando a su suerte a la escuela taurina y a los chavales que tienen la ilusión de ser torero, y los que la mayoría, como mínimo serán buenos aficionados; están atacando a una parte de la sociedad portuense, negando un homenaje popular a un hijo de El Puerto, que tuvo la desgracia de tener que emigrar porque en su tierra no gozaba de oportunidades. Sin embargo, leo en El Puerto Actualidad, que se le rinde tributo a modo de nombramiento de hijo predilecto a un señor que tuvo una corta estancia en esa ciudad, vamos, que estuvo residiendo aquí un cuarto de hora; están atacando al turismo, pues si quieres visitar el coso te das de bruces con la puerta, ya que permanece cerrada a cal y canto, o te abandonan a tu suerte en el ruedo para cubrir el expediente. Y suerte tendrás de no tropezar en el pedregoso e intransitable paisaje del entorno de la plaza, con aceras levantadas, raíces de árboles devorando a su antojo el pavimento, y senderos peatonales improvisados que requieren de un guía turístico para no ser víctima de un carajazo; están atacando a la afición, permitiendo pasivamente el incumplimiento del contrato con la reducción drástica de festejos especialmente las novilladas que este año pasaron a mejor vida; están atacando el patrimonio, haciendo desaparecer las cabezas de toros que adornaban el zaguán de la plaza y que daban empaque e identidad al bello coso portuense. ¿En qué casa estarán adornando una bodeguita?

¿Qué será lo próximo? ¿Una consulta popular para ver si se dan toros el próximo año? Ya lo decía mi amiga Manola la del refino de la calle Tetuán: “Nunca se sabe los límites de un tonto útil”. En este caso un “negro” -como el que elaboró la tesis de Pedro Sánchez- al dictado de los que quieren abolir la fiesta, pues todo lo que acontece no es más que un gran trabajo fabricado a modo de tesis, con menos folios que la del presidente, pero con las mismas prácticas del plagio, pues no me negarán que todo lo que está sucediendo se puede consultar en el más básico manual del anti taurino, que no es otro que atacar a la fiesta desde sus cimientos. Desgraciadamente, en esto señor alcalde, le van a otorgar el sobresaliente cum laude. Y mientras tanto los portuenses y aficionados del entorno tendremos que sacar la entrada para el tendido de los sastres, puesto que a la vuelta de poco tiempo sólo nos quedarán nostálgicos recuerdos de lo que fue la fiesta nacional en El Puerto, y si nadie lo remedia, la plaza real, como la plaza vieja, será víctima de la piqueta.

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