“Una noche de Verano”

Aquel Puerto que fue, ese que pedimos que volviera a ser, es una realidad. / Foto: Carlos Sicre Prieto.

Aquel Puerto que fue, ese que pedimos que volviera a ser, es una realidad. / Foto: Carlos Sicre Prieto.

Joaquín García de Romeu. “Amanece que no es poco”.

Joaquín García de Romeu. “Amanece que no es poco”.

Joaquín García de Romeu (Tribuna libre).- Muchos son los que recuerdan aquellas noches de verano. El levante, presente en nuestros vinos y nuestras vidas, suele ser ese mágico acompañante de las noches estivales, de los encuentros furtivos… de las caravanas, de los paseos, de las veladas junto al río de la vida; de esas cenas que nunca acaban y, sobre todo, de las largas noches paseando descalzos por el parque mientras volvemos a casa.

Los años van pasando, y aunque nada es como antes, porque todo evoluciona, me alegro de no soñar con esas noches de verano. Mirando en derredor nuestro vemos como aquel Puerto que fue, ese que pedimos que volviera a ser, es una realidad. Quizás la crisis va pasando, quizás el destino así lo quiso, quizás todos se apunten los tantos, pero la realidad es que hay una vida que verdea en nuestras calles.

Los visitantes de no tan lejanos parajes, esos que se acercaban confiados vuelven con la pausa y la templanza de los años, son los mismos que hoy llenan de alegría las terrazas y las barras de los bares, y aquellos hijos que les siguieron recorren nuestros pasos en las madrugadas bajo el trino de la amanecida.

Como siempre, hay quien ve en lo imposible el desorden caótico de no saber a dónde ir, y las quejas de esas mareas les hacen maldecir, hay quien solo ve jóvenes borrachos orinando en las esquinas, quienes solo ven, con esos ojos de la derrota, suciedad por las esquinas… aun así, prefiero cerrar los ojos, escuchar aquel murmullo del local abarrotado, caminar sin ton ni son sin encontrar ese hueco donde poder repostar.

Mil veces quiero abrazar a esas calles forasteras, sentir que no puedo estar, pues cuando pase el estío, el invierno llegará. Hoy me alegro en la mañana viendo gente regresar, me importa poco la imagen de ese joven en la esquina a punto de reventar, y miro a aquella pareja, abrazados paseando, mostrando al mundo un amor que el invierno borrará. No me molestan los gritos, los mismo que yo lanzara cuando tenía aquella edad, que al llegar la amanecida ríe ante un mundo sin maldad.

Cierro los ojos de nuevo, siento la vida pasar, siento un Puerto revivido, siento mi río sonreír, siento la vida nacer y una noche revivir. Me alegro del despertar, que no me dejen dormir, me alegro de las mil noches que yo hace años viví, y sonrió mirando al mar mientras duerme el inocente que recupera sus fuerzas en la playa, junto al mar, deseando que en la noche quizás la vuelva a encontrar.

Que proteste el agorero poco nos importa ya, yo solo espero que el sueño, de este verano de vida, se repita cada año y que no acabe jamás. Disfruten del verano.

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