“Un Aquarius sin peces”

Miembros de ONG explican este lunes la situación a los inmigrantes a bordo del 'Aquarius'. / ÓSCAR CORRAL

Miembros de ONG explican este lunes la situación a los inmigrantes a bordo del ‘Aquarius’. / ÓSCAR CORRAL

Joaquín García de Romeu. “Amanece que no es poco”.

Joaquín García de Romeu. “Amanece que no es poco”.

Joaquín García de Romeu (Tribuna libre).- Hablar de pateras e inmigración en Logroño o Cuenca tiene su gracia. Como si de una Navidad se tratase, la noticia de la solidaridad llevada a su máxima expresión abre los corazones cándidos e inocentes, provocando que todo aquel que pida un poco de cordura sea poco menos que un xenófobo intransigente e insolidario.

El nuevo gobierno, deseoso de dar muestra de su humanidad puso sus ojos en un barco, que como el mítico Éxodo, no encontraba puerto que lo acogiese. Desde las costas más lejanas y remotas, se le abren los muelles españoles, y en ello más en un intento de poder criticar a quien critica la medida que de hacer verdaderas muestras humanitarias.

La cobertura mediática que se le ha brindado, las muestras de cariño, el hecho en sí, se vende como algo insólito, como una muestra de la generosidad humana, pero solo de los humanos, porque los que no lo aprueban no son humanos.

Aquí, en ciudades tan cercanas como El Puerto, sorprende esa humana humanidad de algunos, que olvidan que  nuestras costas llegan casi por semana, pero no una, sino semana tras semana, pateras cargadas de subsaharianos.

Los rescates en el estrecho, no en las aguas de Sicilia, son una constante, las muestras de solidaridad se ven desbordadas casi a diario, y, por desgracia, ya son tan habituales que no son ni noticia.

De hecho hasta la propia Junta escurre de vez en cuando el bulto dejando en manos de Cruz Roja, los ayuntamientos y los cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado las labores de acogida, rescate, atención y alimentación de todos los que llegan. Como es natural, cruzar en patera el estrecho no es noticia, y la solidaridad es ya una carga, que soportada estoicamente, a nadie interesa.

Con lo del Aquarius ha quedado claro cómo funciona la propaganda política… barcos con gente bailando –igualito que los que llegan a Algeciras– promesas de acogida, facilidades para el papeleo, atención sanitaria… y sobre todo, unos exultantes políticos haciendo gala de una gran humanidad con el dinero ajeno, el de todos los Españoles.

El cinismo, la mediocridad y  la falsa moral, en las Provincias de Cádiz,  Málaga o Huelva, se encuentran con la cruda realidad de cientos de personas que llegan en barcos menos seguros que el Aquarius, pateras que solo  salen en alguna noticia si hay muertos, pero que nunca tienen la repercusión mediática que ha tenido este “salvamento”.

La triste realidad es que no somos más humanos por salvar un barco con 600 personas, la triste realidad es que llevamos años recogiendo, rescatando y dando amparo a miles de personas. La triste realidad es que el Aquarius no es un hecho aislado y anecdótico que limpia conciencias. La triste realidad es que se ha dado cobertura propagandística a un hecho demasiado corriente en nuestras costas y que solo Dios sabe cómo terminará. No nos vamos a arruinar por salvar a 700 personas, pero esa no es la realidad.

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