“Los clarines del miedo”

La Plaza de Toros de El Puerto sigue a la espera de empresario.

La Plaza de Toros de El Puerto sigue a la espera de empresario.

Alamares (Pensión Las Columnas).- Antaño los carteles de toros eran auténticas obras de arte con artistas de reconocido prestigio que nos regalaban pinturas para deleite de nuestras retinas. Desde Picasso a López Canito, sin olvidar a Ruano Llopis o Escacena, un sinfín de artistas han ilustrado los reclamos de las corridas de toros en España y Latinoamérica. Hasta Rafael Alberti alberga alguna que otra obra taurina en su contrastada trayectoria artística.

A mediados de los años ochenta, el cartel obra de arte fue pasando a la simple fotografía de los espadas actuantes, como si de cantantes de rock se tratase, pero con bastante frialdad y sosería. Las empresas organizadoras de espectáculos taurinos optaron por la vía fácil y económica a la hora de anunciar los eventos, para desdicha del aficionado al coleccionismo, que pasó a reunir cromos en vez de piezas artísticas. Sólo en ocasiones especiales, o en ferias de primera categoría, se mantiene la tradición de presentar un cartel en toda regla, aunque con innovaciones un tanto atrevidas como hace últimamente la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

Mi amiga Casilda Eulate me ha hecho llegar el cartel que ha editado la empresa de Jerez, todo un verdadero regalo a los sentidos que nos trasladan la esencia del toreo, haciendo un homenaje a los carteles de antaño y derrochando sabor a añejo. La obra realizada por el artista alicantino Pascual de Cabo plasma a un Morante desafiante, sentado en una silla y con la pierna cruzada, en una balconada con vistas a la Colegiata como si quisiera transmitir la conquista de Jerez en su reaparición por el mes de mayo.

En El Puerto de Santa María, no hay nada que anunciar. Ni con obras pictóricas, ni con panfletos fríos. En la próxima feria no habrá toros, ni siquiera el Bombero Torero que ya se cortó la coleta, o la manguera según se mire. El estupendo pliego que tenía tintes innovadores como la prohibición de publicidad sexista, ha quedado desierto, poniéndose en marcha la maquinaria urgentemente para vomitar un apaño que remedie el desastre. Lástima que ya no veremos el emblemático anuncio coñac “Soberano, es cosa de hombres”, pues la prohibición de la publicidad sexista, y el recorte en las entradas de convite, han sido los grandes logros que se han anunciado del excelso pliego, obviando lo verdaderamente importante como es el toreo. Y rememorando la publicidad que antaño se exhibía en el coso, la igualdad siempre estuvo presente. En los burladeros, el fino “La Ina” era el protagonista, y en los vomitorios el ponche “Caballero”. Hoy día, no hubiese sido posible a no ser que alternativamente se colocaran carteles con la “poncha caballera” y la “fina el Ino”, éste sin trincar nada. Y de momento, los políticos del sexo neutro han aparcado el debate. No nos asombraríamos, si la diarrea mental de los defensores y las defensoras de la igualdad dispusieran la obligatoriedad de las corridas cremalleras. Torero, torera, torero. Vaca, toro, vaca… Y en los conciertos musicales, si los hubiera, deberían actuar músico, música, vocalisto, vocalista.

En cualquier caso ya están sonando los clarines del miedo. El señor alcalde se ha apresurado a aprobar un refrito del anterior pliego, para que vía negociación alguien se haga con la plaza, y monte a prisa y corriendo alguna que otra corrida. De momento, los únicos acontecimientos taurinos celebrados han sido las entregas de premios de las peñas. Por si acaso, el alcalde se ha placeado por las mismas con fotos incluidas, no vaya a ser que en verano se quede sin el posado con los de siempre, los que gustan de ir gratis a los toros a cambio de una paella.

Han sonado los clarines, los del miedo. Quizá sea la única música que suene este año en el coso, o el eco que llegue de Chiclana. Y como el toque de clarín es el comienzo de la batalla, la misma está servida. Esta no es otra que los guantazos que se van a dar algunos por una de las escasas entradas de gañote, haya o no haya ¡toros en El Puerto!

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