“La jauría humana”

Gabriel Cruz.Concentración en las calles de Almería por el niño desaparecido de Níjar (G3 / GTRES)

Gabriel Cruz.Concentración en las calles de Almería por el niño desaparecido de Níjar (G3 / GTRES)

Joaquín García de Romeu. “Amanece que no es poco”.

Joaquín García de Romeu. “Amanece que no es poco”.

Joaquín García de Romeu (Tribuna libre).- La muerte de un inocente siempre es lamentable, a todos conmueve, y en ocasiones, los medios mitifican esos sacrificios.

Al cabo del año miles de personas pierden la vida, todas y cada una de ellas, tan valiosas como cualquiera. El dolor que en ocasiones hacen padecer los más débiles está al orden del día, y nos levantamos con escabrosas noticias de daño y dolor, de secuestros, de desapariciones, de violaciones.

Ni siquiera tenemos que centrarnos en zonas de guerra, en sociedades marginales o en ciudades distintas a la nuestra para tener miles de ejemplos del dolor que nos causamos los seres humanos, sin razón, sin motivo; todo ese dolor con el único objetivo de una satisfacción insana o un arrebato no controlado.

Desterrado el ‘buenismo’ y la comprensión o piedad, al ser humano le quedan suficientes medios para reprimir, reprender, incluso castigar –aun no siendo ese el objetivo de las penas del código penal, tendente a una reeducación en ocasiones imposible–, le sobran medios para hacer justicia, humana y jurídica. Aun no siendo una sociedad totalmente justa, y gobernados por leyes que tratan de alcanzar la equidad en todas las justicias personales de cada cual, resulta bochornoso contemplar comentarios que lo mismo piden la pena de muerte que la subida de una pensión. Personas que se horrorizan de una guerra y sus consecuencias, y que con total normalidad piden destrozar con sus manos a quienes ya consideran culpable, aun siéndolo.

Cuando esto ocurre, me pregunto qué diferencia hay entre quien mata y quien jura que si tuviera a esa persona delante la mataría con sus propias manos. Cuando esto ocurre, me pregunto qué les pasa por la cabeza a quienes se rasgan las vestiduras porque hay quien no comprende la lucha armada, pero claman por la pena de muerte. Entonces me acuerdo de aquella película de Spencer Tracy de 1966, “La jauría humana”, esa masa enloquecida en donde personas normales se convierten en monstruos carentes de humanidad, compararles con los animales (que no matan por justicia o diversión, sino por necesidad) me parece un insulto a los mismos.

Viendo una sociedad que empatiza y lamenta la muerte de alguien que no conoce, y que es incapaz de actos de humanidad en el día a día, me planteo a donde hemos llegado. Quizás deberíamos reflexionar no por lo ocurrido, sino en por qué ha ocurrido.

Cuando el odio y el deseo de venganza se adueña de tanta gente, a veces por la muerte de un niño y a veces por cosas tan insignificantes como un  partido de futbol, podemos estar seguros de que no vamos por buen camino. La muerte de un inocente merece Justicia jamás un odio descontrolado, desfasado y absurdo.

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