Con ‘Ahora todo es noche’, La Zaranda reivindica la Justicia Poética en El Puerto

'Ahora todo es noche', La Zaranda.

‘Ahora todo es noche’, La Zaranda.

EL PUERTO.- El mendigo no interesa. Acaso sea más fácil, ahora que se ha hecho indispensable la Red, que se le lea, y lo más justo además, si nos atenemos a la condición esencial que como nivelador de clases prometía Intenet en nuestra flamante sociedad tecnológica. Y nadie como el mendigo, que ya para románticos como Espronceda tenía valor de héroe -“Mío es el mundo: como el aire libre,…”- para ir metiendo el lector de la Red en asuntos menos frívolos, mas no faltos de picante sabiduría; pero eso es mucho soñar todavía…

Y da igual que el mendigo se llame Lear, Prometeo o Segismundo, como es el caso de los personajes de “Ahora todo es noche”, ingeniosa interpelación dramática, escrita por Eugenio Calonge, sobre la mendicidad, tratada ésta como ocasión permanente de la que extraer -haciendo lo que a pocos gusta, que es reflexionar- profusa, diversa y divertida significación cultural, y por tanto humana, con que instruirnos..; decimos que da igual como se llame el mendigo, pues tiene ya de sí, como solía insistir Unamuno, como un engremiento honrado de su condición de pobre.  Uno quiere seguir siendo el que es, a pesar, y con mayor orgullo incluso, de no tener ni blanca ni techo. Hay quienes se han curtido por elegir una voluntaria existencia de privaciones; y no pocos frailes que llegaron a santos fueron mendicantes.

Visto así no es de extrañar que se suba al mendigo a las tablas, como ha hecho Paco de la Zaranda, cuya dilatada experiencia teatral, imbricada con astucia en la inagotable riqueza de este arquetipo – el mendigo – es un palpitar continuo que no deja de aportarnos vida cultural, ya sea aquí en el Muñoz Seca, de El Puerto de Santa María, como en cualquier teatro del mundo.

Igual mérito recogen Enrique Bustos y Gaspar Campuzano, con una actuación reposada y de pedagógica insistencia: el personaje de Prometeo tiende a repetir lo que dice, pero ello no significa que padezca algún trastorno de salud debido a la indigencia, sino que es la manera en que el mismo personaje tantea, revisa y confirma que el espectador sigue en el nivel de atención adecuado para comprender la hermosura poética y reivindicativa del intenso desenlace: “¿Dónde está la Justicia Poética?”, clama Lear, poco antes de morir; o dicho de un modo más claro: ¿cuándo prevalecerán la bondad y la virtud sobre la maldad?

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