“IX aniversario del asesinato de Marta del Castillo”

En recuerdo de Marta del Castillo.

En recuerdo de Marta del Castillo.

Francisco Aurelio Dávila Rosso (Tribuna libre).- Hoy es uno de esos días que están marcados con una cruz en el calendario de todos los andaluces.

Tras llevarme varios días con el verso encendido y el corazón nostálgico y entregado, llega el 24 de Enero. Un año más; otro sin que aparezca el cuerpo sin vida de Marta del Castillo.

Hoy es, desde hace exactamente nueve años, un día de duelo para nuestra identidad andaluza e incluso nacional.

El asesinato de Marta y lo que vino después ha marcado a mi generación de por vida, que será heredera de esta historia; de este sin sentido; de este sufrimiento colectivo que todos padecemos con una familia sevillana: la familia Del Castillo Casanueva.

Será a nosotros a quienes se nos pregunte dentro de pocas décadas quién fue Marta del Castillo, qué representó, cómo pudo permitirse tanto dolor a una familia decente y humilde de Sevilla, cómo y por qué nuestra justicia dejó que algunos se rieran de las leyes y de toda la nación mintiendo una y otra vez y haciéndonos gastar tanto dinero, tiempo y esfuerzo para nada. ¿Cuánto ha de esperar la familia de la joven para que se haga justicia con ellos y con su hija? ¿Por qué su asesinato inspiró a tantos artistas que quisieron expresar el dolor común que ahora sentimos?

Algún día alguien nos hará esas preguntas y muchos no sabrán que contestar.

No podemos permitir que haya más chicas como Marta del Castillo, “las niñas del Alcasser”, Mari Luz Cortés o Diana Quer.

Al menos, todas excepto Marta han podido regresar, aunque en forma de cadáver, a las manos de sus familiares. La familia del Castillo  Casanueva no ha tenido ni tan siquiera esa “suerte” y piden una y otra vez que la gente se una en contra de la injusticia; a favor de unas leyes que contemplen también el sentido común, los sentimientos y la empatía. Todos somos Marta y todos lo seguiremos siendo hasta que su  asesino confeso o alguno de los implicados en el caso desvele su secreto mejor guardado y que podría, de alguna forma, consolar una  parte de nuestro inmenso dolor: el paradero de los restos de la joven sevillana.

Hace unos días escribí y decidí finalmente publicar en las redes sociales unos poemas sobre Marta; ya que su historia no se me podrá olvidar nunca y por estas fechas sobrevuela mis recuerdos  con mucha intensidad. Nunca podría imaginar la cantidad  de mensajes, reacciones y comentarios de elogio que iba a recibir por los poemas y desde entonces y hasta hoy no he cesado en insistir para que su nombre suene y resuene en el eco de su historia; en la conciencia y memoria colectiva de todos y cada uno de los andaluces con corazón. Todos somos Marta porque Marta fue, es  y será todos nosotros.

Es deseo de todos que éste año 2018 sea de una vez  en el que hallemos el cadáver de de  la joven puesto que no es lógico que hoy se cumpla casi una década desde que la noche del 24 de Enero de 2009 Marta fuera asesinada.

Por mi parte… sigo y seguiré recordándola en versos y no dejando que su nombre quede en el olvido como el de tantas otras víctimas de asesinato y desaparición en nuestro país.

Marta siempre será el ángel de Sevilla que nos ilumina a todos y que hoy, nueve años después, se nos confirma no solo como musa de artistas e icono social sino como la protagonista de una historia real y mortal que ha marcado y estigmatizado, como bien he dicho antes,  a todos los andaluces y españoles de mi generación.

A MI MUSA DURMIENTE


No sé que tengo en el alma

que contenerme no puedo

y rompo en un mar de lagrimas

cuando tu historia recuerdo.


Yo veo hablar a tus padres,

que pese al paso del tiempo,

no dejaron de buscarte

¡no cesaron ni un momento!


Que tu sonrisa culpable

de adolescencia y de sueños,

le dio fuerzas a la calle

para prometerte duelo.


Yo era tan solo un chiquillo,

de tus años más o menos,

y fui a Sevilla y Sevilla

puso tu rostro en su cielo.


El río Guadalquivir,

fue antes musa de mis versos

mas no puedo perdonarle

que no nos diera tu cuerpo.


La luna, luna de sangre,

gime clamando a los vientos,

aún nueve años más tarde,

por dios, ¿por qué este tormento?


Tu desconsolada madre,

te manda un millón de besos

allá donde están los ángeles

y allá donde estén tus huesos.


¿Que te ocurrió aquella tarde?

¿Quiénes se sintieron dueños,

de tu vida y tan cobardes

ocultan tu paradero?


Tu pelo rubio de antes,

será de mi verso el celo

fuiste tú musa constante

de mi sentir marinero.


Que andaluz también nací,

y como andaluz sin miedo

lloro, agonizo y me rompo

si es por alguien de los nuestros.


Y a tu asesino canté,

una copla en aquel tiempo

pidiendo pena de muerte

porque merece estar muerto.


Mas tú siempre vivirás

en Sevilla y sus recuerdos,

serás eterna y eternos

serán tu rostro y mis versos.


Jamás nadie ha de olvidar

que en un frío mes de Enero

a España le arrebataron

un ángel caído del cielo


Llevo tu nombre en la mente

desde que era un chiquillo.

Te escribe mi alma doliente,

por ser mi musa durmiente;

a ti, Marta del Castillo.




DURMIENDO SOBRE SU FALDA


Dicen que vieron a Marta

con la luna de la mano.


Dicen que vieron a Marta;

que hasta en Triana lloraron

los hierros de un puente en calma.


que Macarena en su palio,

quiso gritar de la rabia

y recorrer sin descanso

Sevilla para encontrarla


Cuando los perros ladraron

la luna más sevillana

bajó hacía el río llorando

con su blancura de plata.


Que allí sola la encontró,

que con ella conversaba

contándole mil historias

de las sirenas del agua.


Que al verla le dio la mano,

y dibujando en su cara

una sonrisa de nardos

se la llevó a sus barandas.


Aquel día durmió con ella,

y le dejó que mirara

a ratos Sevilla entera,

“pa” que se sintiera en casa.


¿Dónde está que no la encuentro?

¿Dónde está ? ¡Nueve años! ¡basta!

¡no te la quedes contigo!

¡Sevilla quiere enterrarla!


Maldita luna andaluza,

prepotente y altozana

que hace de un capricho un credo,

¡y es tan celosa y gitana!

Déjala aquí con nosotros,

y súbete a tus barandas

sé musa para poetas

y no guardiana de Marta .


Sevilla entera la espera,

Tú la viste. ¡Dime! ¡Habla!

¿por qué desde la noche aquella

hasta las estrellas callan ?


Cuatro mil perros ladraron,

en esa noche tan larga

en las que todos buscaron

sus ojos verde esmeralda


Dicen que vieron a Marta

con la luna de la mano.

que nueve años ha estado

durmiendo sobre su falda.


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