El Puerto recupera su cabalgata

EL PUERTO.- Dicen que no hay mal que por bien no venga. Este año, a pesar de las agoreras previsiones meteorológicas y de la polémica derivada del cambio de hora, la cabalgata de Reyes ha sido todo un éxito. Desde muy temprano los portuenses han salido a la calle para saludar y acompañar a sus majestades de Oriente. El resultado ha sido bastante positivo, con calles abarrotadas donde se han vivido escenas muy festivas algo que, desde hacía muchos años, no se vivían en la ciudad.

Por la mañana, mientras los Reyes llegaban a caballo al Ayuntamiento (lugar donde comenzaba el cortejo), muchos opinaban que la decisión tomada por el Ayuntamiento había sido acertada, -incluso algún que otro atrevido proponía repetir la experiencia en próximos años-, mientras que otros no terminaban de acostumbrarse a ver a sus tres majestades tan temprano por la ciudad. Posteriormente, y tras saludar a los niños portuenses, los tres magos han partido hacía la Iglesia Mayor, donde se ha llevado a cabo la tradicional adoración al niño Jesús.

Tras ambos actos, cada rey pasó a su carroza, y la fiesta dio comienzo. Acompañados por distintas animaciones y por otras siete carrozas, sus majestades recorrieron las calles de la ciudad repartiendo una gran cantidad de obsequios. En total se han tirado 3.000 Kilos de caramelos, 90.400 bolsas de gusanitos, 45.400 unidades de chocolates, 3.750 conos de chucherías, 4.500 esponjitas, 5.000 chocolatinas, 3.000 chupetes de caramelos, 1.500 bolsas de patatas, 1.000 paquetes de gusanitos con spikner, 6.000 bolsas de pica-pica, 4.500 dráculas, 400 kg de caramelos y algún que otro regalo. Destacó principalmente la carroza del Cartero Real (el bailarín Víctor Raposo), que incluso en el último tramo del recorrido (una vez encarada la calle Micaela Aramburu), continúaba con el mismo ritmo, cariño y alegría que al principio de la mañana.

Por último, en la plaza del Castillo, en la que literalmente no cabía ni un alfiler, los tres reyes se han visto arropados por una gran cantidad de público que esperaba impaciente la despedida. Dicen que no hay mal que por bien no venga… Al final vamos a tener que darle las gracias a la lluvia.

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