“Maite y su legado”

Carta abierta.

Carta abierta.

Sara Torres (Tribuna libre).- Maite era de todo menos vulgar. Tenía historias para todos los días, para evadirnos en cualquier momento. Ella nació en Venezuela, estudió gemología, viajaba con su abuela a Tailandia (cuando aquí todavía no se sabía ni lo que era viajar), disfrutaba con Bini de Marruecos, vendía coches en la Fiat como churros y reía a raudales. Maite hacía lo que le daba la gana, sin miedos, sin tapujos. Vivía y defendía Valdelagrana, a pesar de que el techo de la casa se le caía encima. Ella estaba muy viva, no le gustaba la soledad, quería jaleo, gente, actividad…

Llegó a la calle Larga revolucionando, con su tienda llena de color, diseños atrevidos, originales, apostando por el Made in Spain cuando aún no era una moda. Superó la crisis y sobrevivió la caída del casco histórico y su comercio local. En su tienda todos teníamos un hueco. Creó una manera de trabajar con los que estábamos a su alrededor muy especial, un trabajo de colmena, una comunidad. Una familia en tiempos difíciles. Lo mismo te vendía un vestido que cruzaba la calle y vendía una botella de vino o una corbata. Era el centro neurálgico; las chicas del banco, el vendedor de la ONCE, la de AVON, sus amigos de AFANAS… todos tenían parada obligatoria en Maite Gargallo.

Y cuando las obligaciones bajaban la verja venía el cachondeo. Era la hora de las cervecitas, el tapeo, los conciertos, el cine de verano con su bocata, las ferias y las romerías. Así nos enseñó a vivir. Viviendo deprisa como su vecino alcalaíno Alejandro Sanz. Allí se retiraba ella, en su cabaña de Alcalá era plena. Allí nos hacía de guía por sus senderos, nos llevaba a descubrir el auténtico retinto y el auténtico flamenco del barrio alto. Allí subía y bajaba sus cuestas con el Mini descapotable y la sonrisa infinita.

¡Ay! Maite, ¡qué vacío más grande nos dejas! Ahora toca aprender a vivir sin ti, nos toca vivirte en cada uno de nosotros. María en su día a día y en sus locuras del yoga, Manolo, a su gordita, en la cabaña, Álvaro , Leti y Mari con tus zuecos, cruzando la calle, Javi y Jesús con tu tapita de ensaladilla, Agustín con las historias de tu madre, Marores en el desayuno, todos tus grandes amigos (Elo, Pepa, Paqui, Clemen, Pepe….) brindándote en el Santa María y Bini, mi pobre Bini, te vivirá eternamente porque tú eras su luz y su sendero.

Por mi parte solo me queda recordarte, aunque ahora duela, porque la mejor recompensa a mi aventura empresarial fue conocerte, quererte y entenderte. Te viviré desde la independencia y te beberé en cada copa de vino. Porque eres grande Maite, para siempre.

Solo te adelantas, como en tantas cosas de tu vida.

“Este adiós maquilla un hasta luego, este nunca esconde un ojalá, esta ceniza juega con fuego, este ciego sí mira hacia atrás”.

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