“De la quiebra impulsada”

Seis despidos en Impulsa: “Tras 20 años de trabajo nos echan a la calle”, lamentan los trabajadores de Impulsa.

Valla publicitaria de la empresa municipal Impulsa, actualmente en pre concurso de acreedores.

Joaquín García de Romeu. “Amanece que no es poco”.

Joaquín García de Romeu. “Amanece que no es poco”.

Joaquín García de Romeu (Tribuna libre).- Cuando alguien piensa en una quiebra, tan solo se le vienen a la mente empresas, dinero y necesidad de evitar pagar. Quizás, y solo quizás, alguien lo vea como una salida desesperada de quien ya no aguanta más. Y casi todos darán soluciones que indicarán lo erróneo de las decisiones, del despilfarro y de los trabajadores que se quedarán en la calle. [Seis despidos en Impulsa: “Tras 20 años de trabajo nos echan a la calle”]

En muchas ocasiones, la quiebra será vista como una forma de salvar el patrimonio privado, dejando a muchos sin cobrar sus facturas, y al estado teniendo que hacer quitas. Pero sin entrar en conceptos jurídicos, sí que es bueno saber que es un eficaz mecanismo cuyo principal objetivo es darle salida a una empresa que atraviesa problemas.

Lejos de pretenderse el cierre total, se acude a ella para tratar de gestionar los pagos, para hacer caja, obtener liquidez, siendo el último fin, como es natural, la desaparición del negocio. De esta manera, se estudia si la situación ha sido consecuencia de alguno de los administradores, si en realidad se ha llegado a ese caos por negligencia. Y es en ese momento en el que se pueden derivar responsabilidades hacia los administradores, quienes pueden llegar a responder con su patrimonio. Y ahora es cuando empezamos a hacernos preguntas extrañas. Un ayuntamiento puede entrar en quiebra… ¿se puede cerrar? No es más sensato, si a la vista de la evolución de una empresa municipal, es mejor liquidarla y cerrarla. Las respuestas son complicadas. Pero lo que vemos lo es aún más.

Hablar de quiebra cuando la empresa tiene el respaldo de todo un municipio es algo difícil de tragar, buscar las trampas legales que nos brinda el ordenamiento, forzando una figura no pensada para las empresas municipales, para poder despedir, liquidar y de paso dejar a gente sin cobrar es un hábil truco. Ahora bien, también hay trucos, y el primero es la responsabilidad, la derivación hacia el propio ayuntamiento, y el segundo la amoralidad en que puede desembocar todo, sobre todo cuando aparezcan las minutas de los administradores preconcursales  y luego la de los concursales (ya sabemos cómo son, algunas de dos y tres millones de euros).

Al final, como en Hamlet, algo huele a podrido en… ¿Venecia?, porque antes que impulsar la quiebra, quizás no hubiera estado de más analizar la negligencia de todos los que han ido dando de comer a ese dragón de siete cabezas que se ha ido alimentando de los presupuestos cuando ha hecho falta, y al que ahora quieren ir decapitando. Quizás y solo quizás, hubiera sido preciso, buscar a los genios, reubicar a los de las lamparas, y montar en la alfombra a esa empresa con todo su patrimonio, aunque quizás, el cuento no sea el de Aladín, sino otro con más personajes.

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