‘Perros que duermen’, de Juan Madrid

La presentación. / P.P.M.

La presentación. / P.P.M.

EL PUERTO.- ‘Perros que duermen’, de Juan Madrid. La Historia no tiene prisa. Y si no que se lo digan a Juan Madrid, que ha tardado dos años en escribir la que según dice es -por ser “la última que he parido”- su mejor novela, ‘Perros que duermen’.

Pero si no tiene prisa la Historia, tanto más obstáculo presenta su novelización, o por mejor decir, el oficio de escribir novelas, según ha relatado el mismo autor ante el nutrido grupo de espectadores que ha asistido a la presentación esta tarde de la novela al muy señorial Bar Vicente, en pleno corazón de la Plaza de Abastos, y que ha dirigido la Asociación Cultural Amigos de los Patios Portuenses y otros amigos del escritor malagueño.

Madrid ha confesado encontrarse, con más de cincuenta novelas escritas a la espalda, sin una crítica formal de su última novela, gestada con un lenguaje sencillo y claro que desentona, según dice, con la imprecisión deliberada que es estilo hoy en sus compañeros de oficio.

Pero ¿debería esto extrañarle?, porque, así como reconoce que sus personajes están basados en la realidad porque les parecen reales a sus lectores y con eso basta, la imprecisión formal y hasta cierta confusión buscada en el estilo de algunos compañeros novelistas, ¿no incrementa el misterio, no sólo de la obra, sino del mismo autor?

Es verdad que un autor así, que busca deliberadamente la imprecisión para generar misterio antes que plenitud significativa, no está interesado en transmitir su método de escritura, algo que Madrid, en la sincera plenitud significativa de sus textos -recordemos que terminó Historia en Salamanca-, considera un deber. Bien está lo uno y lo otro a nuesto parecer.

Parece que se queja también el autor de que le siguiera una sombra que le impidiera descubrir la verdad silenciada sobre la guerra. Una sombra que “no nos deja pensar”, dice. Interpelado sobre el conflicto catalán, se muestra decididamente pesimista, habla de una izquierda, unida no, hundida, de que persiste un temor anti-comunista y dice que hoy día, estando como están los jóvenes en el paro y temiendo siempre ser despedidos, sólo luchan los viejos… Pero ¿qué viejos? y ¿qué lucha?, me pregunto. 

Hay, en fin, en las palabras de este hombre recio, pausado y de cortesísimas maneras, decepción, más que cansancio, porque no logra lo que, sin duda, ha demostrado que se merece… Pero ¿cuántos así?

Afirma también que no hay que ser resentido, sino ponerse en pie y avanzar. Pero ¿qué es ser resentido? Al modo Unamuniano, que hubo de salirle al paso por fuerza cuando explicaba que el futuro se construye desde pasado pero no lo mentó, re-sentir, ¿no es volver a sentir otra vez lo sentido? Y volver a escribir sobre la Guerra Civil, ¿no es resentir la guerra? ¿No es traer de nuevo a la vida a mis parientes que murieron en ella? O, escribo historias para recuperar lo que soy. Me resiento.

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