“Un paseo por Beatillas”

Vista desde el patio del cortijo Las Beatillas, donde en su día hubo una gran fuente... que fue robada.

Vista desde el patio del cortijo Las Beatillas, donde en su día hubo una gran fuente… que fue robada.

Joaquín García de Romeu. “Amanece que no es poco”.

Joaquín García de Romeu. “Amanece que no es poco”.

Joaquín García de Romeu (Tribuna libre).- Desde el más absoluto desconocimiento de su futuro, hace días vi una foto reciente de aquel cortijo recuperado. La palabra para definir su estado no puede encontrarse en los diccionarios, como tampoco hay palabras para definir a todos los responsables de su estado actual, los activos y los pasivos.

Sentado entre las ruinas de aquel despropósito vi a mis pies toda la campiña, el tiempo acompañaba, y las ratas también. Me resulta difícil entender por qué nuestra sierra, en unos tiempos en los que el turismo rural esta tan de moda, es más un vertedero ruinoso que un paisaje aprovechable. Cómo es posible que en lo que fuera un bonito cortijo no hay proyectos para crear una casa de campo, si no como hotel rural, al menos como centro de estudios medioambientales, o como sede de alguna dependencia para recibir visitantes, algo, cómo es posible que no hay más que desolación.

Recuerdo hace muchos años que se hablaba de proyectos para la sierra, pero… comienzo a preguntarme realmente qué hacen los ayuntamientos, y no solo de este hablo. Ya no es cuestión de ideologías o de partidos, pues todos hacen lo mismo. Recaudan, nos acosan, mantenemos a quienes se supone que buscan nuestro bienestar, y al final resulta que no pueden hacer nada porque no hay fondos. Y es que, por desgracia, todo gran proyecto requiere un desembolso importante, y antes de ver la luz, ya hay más de cuatro que han realizado estudios, análisis de impacto, etc., etc., etc. Sin esos importantes estudios no se puede hacer absolutamente nada, luego ya vendrá la búsqueda de fondos, o el famoso cajón en donde duermen los proyectos que a algunos hicieron rico.

Con lo sencillo que sería cerrar acuerdos, mojarse, arriesgarse, mirar al futuro y soñar. Pero al final, como siempre hacemos, damos la espalda al río, las playas las dejamos para el verano, en una tierra en donde hasta en invierno apetece pasear a la orilla del mar, y la sierra, a esa solo la miramos cuando vamos caminito de Jerez.

Vuelvo la vista a mis ruinas, a una zona llena de esplendor, a dos pasos un yacimiento Fenicio, del que algunos han oído hablar pero del que un turista ni por asomo… senderismo, tranquilidad, porque no es que tengamos un Mont Blanc, pero al menos sí que podemos presumir de una coqueta sierra coronada por una viejo cortijo, centro de atención a visitantes, otrora hermoso hotel que al parecer hacía daño a muchas personas… al final, el daño nos lo estamos haciendo todos nosotros precisamente por hacer eso… nada.

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