“El palacio del olvido”

Estado actual de la fachada del Palacio de Purullena en la calle de las Cruces, tras la restauración. / A.C.

Estado actual de la fachada del Palacio de Purullena en la calle de las Cruces, tras la restauración. / A.C.

Joaquín García de Romeu. “Amanece que no es poco”.

Joaquín García de Romeu. “Amanece que no es poco”.

Joaquín García de Romeu (Tribuna libre).- Normalmente las ciudades turísticas, como ocurre con El Puerto de Santa María, tienen a gala ofrecer al visitante un amplio abanico de ofertas culturales, monumentales, de ocio, gastronómicos, y aquí, cien palacios.

Lo realmente curioso, y sin entrar a destacar el sin número de palacios aún en pie, que pueden ser objeto de otro análisis. El visitante se encuentra maravillado cuando pasea por el que fuera, durante unos días, residencia de la Reina Isabel II. Restaurado recientemente, con gran acierto, vemos como el vetusto edificio, cierra sus puertas, evidentemente para dar cobijo a una fundación, cuyo acuerdo con el municipio desconozco, pero que si me consta que se utiliza como centro para impartir cursos a personas de la tercera edad.

El mismo edificio en cualquier otra localidad no solo se mostraría, se vendería turísticamente como algo maravilloso, pero aquí, siguiendo una larga tradición, del porque yo lo valgo, permanece ajeno a rutas. Sus leyendas se van perdiendo en el olvido, y las fotos que antaño mostraban su esplendor, ahora se quedan en fondos de archivo, en lugar de exponerse. Los artesonados no son objeto de admiración, y sus galerías, se disfrutan por no sabemos quién.

Si aplaudimos sinceramente las obras, la inversión, el esfuerzo, el buen gusto y la iniciativa, por otro lado, lloramos como nuestro patrimonio se oculta, se esconde, y es objeto de las múltiples excusas de falta de previsión, de personal, de fondos, de consenso con los propietarios, y sobre todo, de iniciativas. Antes de la reforma, quizás le hubiera indicado al visitante que se pasara a ver los restos del fantásticos palacios, hoy lo evitaría, porque que decirle que hay allí.

Lo peor de toda la historia del palacio comienza cuando los vecinos de la zona, que no la totalidad de los portuenses, lamentan allá por diciembre de 2014 quedarse sin el cuarto de actividades por la decisión de quienes entonces regían nuestros destinos, pero lo mejor es que quien ahora rige nuestros destinos, denunció semejante afrenta, caprichosa y malvada, si bien, una vez en disposición de hacer algo, llegaremos a diciembre de 2017 con la consabida frase de que hay cosas más importantes, o simplemente con el silencio.

Como ocurre con todo lo que a más de un portuense le afecta y le duele, vemos como la única utilidad política de semejante patrimonio es usarlo como mierda para ‘enmarronar’ al que esté. Claro está que nadie tiene la culpa, y como ocurre con todo la culpa de todo la sigue teniendo el toro que mató a Manolete.

Nos queda la esperanza de que algún político le vea utilidad propagandística y reclamo de votos para que, no ya recuperemos, sino que usemos, disfrutemos, valoremos y podamos presumir de que al menos de los cien palacios, uno más puede ser apreciado por quienes nos visitan.

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