“Tiempo de Patrona”

La Virgen de los Milagros a su paso por el Castillo de San Marcos en la procesión de 2016. / P.P.M.

La Virgen de los Milagros a su paso por el Castillo de San Marcos en la procesión de 2016. / P.P.M.

Joaquín García de Romeu. “Amanece que no es poco”.

Joaquín García de Romeu. “Amanece que no es poco”.

Joaquín García de Romeu (Tribuna libre).- Los calendarios van marcando el final del verano, pero en El Puerto de Santa María, el final no lo marcan los calendarios, lo marca la Patrona, y esto, por mucho que les pese a algunos, es así.

Y es que, desde que tengo uso de razón, siempre he recordado como el final del verano, de los baños, de las vacaciones, y así ocurre en casi toda España, que llegando septiembre, todo acaba y todo empieza. Los veraneantes venían en sus dos tandas de agosto o julio, pero aquí ocurría algo curioso. Los hijos del Puerto que residían fuera de la localidad, la mayor parte de ellos por motivos laborales, hacían todo lo posible para prolongar hasta el 8 de septiembre las vacaciones.

Como ocurre con casi todo, las tradiciones, y los encargados de protegerlas o fomentarlas, van cambiando sus pareceres, sin saberlo, en detrimento de nuestro propio beneficio. Por suerte, poco a poco se van recuperando tradiciones, creando nuevos eventos que sustituyen a otros, pero lo indudable, al margen del contenido religioso, es que la celebración de las fiestas patronales, o simplemente la despedida del verano, son todo un acierto.

Ni las inventaron los anteriores, ni los de ahora, y si buenas eran las de antes, también lo son estas. Quizás, y solo quizás, este tipo de cosas vayan sirviendo para buscar más el concilio que el enfrentamiento, y que, en día grande de una ciudad, todos concentren sus esfuerzos más en trabajar que en criticarse, reprocharse o sacar a relucir el número de ramitas de romero que cada uno emplea.

Ya sea para celebrar el día de la Patrona, o para despedir el verano, lo cierto es que es una oportunidad que no se puede dejar escapar. Si pasamos la vista hacia otras localidades, Chipiona, Jerez, en todas ellas, casi la coincidencia con el fin de la vendimia y el inicio de la cría de los vinos marca el calendario. Unido, desde tiempos inmemoriales a patronos y a la Iglesia, el significado laico también es patente.

Quizás por ignorancia, rencor o desconocimiento, aquellos que rigen y deciden por todos nosotros, usan esas fiestas o bien parar ensalzar o bien para olvidarlas y humillar, sin embargo, olvidan, como ocurre normalmente, que eso que miran con la estrecha mirada de la política es algo mucho más grande, y que, a pesar de la vinculación a la Iglesia, no dejan de ser marcadores propiedad del pueblo para regular su propia vida. Terminan su verano, empiezan sus labores; acaba la vendimia, comienza la cría; el sol va acortando los días; y el invierno, el invierno se acerca.

Espero que no olviden estos y los siguientes, los que antes fueron y ahora quieren serlo, y aquellos que nunca lo han sido, que todo es mucho más grande, que la vinculación a la iglesia no es exclusiva, y que toda ciudad, todo pueblo, tiene sus tradiciones que merecen ser estudiadas, porque podemos llevarnos sorpresas muy grandes cuando descubrimos que en la superficie hay solo una parte de todo lo que conserva en su interior.

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