“Del amor y el odio”

Las redes sociales y los smartphones protagonizan en estos tiempos el campo de batalla de los debates.

Las redes sociales y los smartphones protagonizan, en estos tiempos, el campo de batalla de los debates.

Joaquín García de Romeu. “Amanece que no es poco”.

Joaquín García de Romeu. “Amanece que no es poco”.

Joaquín García de Romeu (Tribuna libre).- Si dedicamos un poco de tiempo a leer los comentarios que inundan las redes, del tema que sea, nos podemos dar cuenta de que a grandes rasgos hay dos tipos de personas: las que se mueven por amor y las que se mueven por el odio.

Cada comentario que hacemos. A veces, ambos sentimientos pueden encerrar lo mismo, pero solo en apariencia. Así, hay quienes aman España, y quienes odian a quienes la critican; quienes aman la Justicia y quienes odian la injusticia; quienes aman la libertad de expresión y quienes odian a quienes no la respetan; la lista es interminable, y aunque nos puedan parecer que ambos sentimientos buscan lo mismo, no solo no es lo mismo, ya que mientras que un sentimiento es constructivo, el otro es altamente perjudicial, tóxico y termina por consumir en el odio a quien lo experimenta.

Odiar la injusticia nos hace no valorar al justo, odiar a quien atenta contra la libertad de expresión es el primer paso para hacer justo lo mismo; odiar a quienes critican a España nos hace olvidarnos de ella. El ser humano no es perfecto, ambos sentimientos se confunden a veces, y en no pocas ocasiones odiamos más que amamos, por parcelas, en sectores, o en parte de nuestras opiniones. Nada es blanco o negro, el gris domina casi todas las conciencias, y en función de que sentimiento domine nuestras ideas seremos más tóxicos o autodestructivos.

Todo se puede extrapolar, y vemos políticos que lejos de amar sus ideas o defender lo que creen que es justo, solamente lanzan discursos denunciando injusticias y odiando a quienes no piensan como ellos. Personas que no defienden y aman lo que es justo, sino que señalan y entorpecen a quienes son claramente injustos.

El gran error está cuando creemos haber alcanzado la equidad odiando igual que amamos, olvidando que ese odio terminará por volverse contra nosotros. Sin embargo, pronto olvidamos que la equidad está cuando defendemos lo que pensamos sin odiar a quienes tenemos enfrente, cuando luchamos por lo que creemos que es justo para que esta destierre la injusticia.

Acontecimientos como los de Barcelona, por ser, no el último, sino uno más, ha desatado una ola de odio. Se odia a los Musulmanes, en lugar de amar nuestras costumbres o creencias, se odia a los políticos, en lugar de amar el Estado de Derecho, se odia a quienes odian a los Musulmanes o a los cristianos, en lugar de amar la libertad religiosa, y poco a poco, nos consumimos.

Odiamos a los que no piensan como nosotros, en lugar de amar lo que cada uno pensamos. El problema es que no nos damos cuenta de que cada día que pasa, nos esforzamos más en odiar a quien no piensa como nosotros que en amar, y defender,  lo que cada uno pensamos. No somos perfectos, pero al menos podríamos intentarlo.

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