Mariano Peña se hace inmortal con la bufonada divina ‘Obra de Dios’

Lleno absoluto en el patio oblongo del Colegio de los Jesuitas para ver anoche 'Obra de Dios'. / P.P.M.

Lleno absoluto en el patio oblongo del Colegio de los Jesuitas para ver ‘Obra de Dios’. / P.P.M.

Mariano Peña en plena actuación en El Puerto.

Mariano Peña en plena actuación en El Puerto.

EL PUERTO.- Mucho solía insistir Unamuno en que era Don Quijote el que había dado vida inmortal a Cervantes, y no al revés. Ahora es Mariano Peña quien, más allá de su afamado personaje Mauricio Colmenero, recibirá la inmortalidad del mismo Dios, al que interpreta en “Obra de Dios”, una feliz adaptación (Maribi Arrieta) de “Act of God”, de David Javerbaum, dirigida, aquí en España, por Tamzid Townsend, y que se representó en la noche del sábado, con lleno absoluto, dentro del Festival de Teatro de Comedias Pedro Muñoz Seca, en el patio oblongo del Colegio de los Jesuitas, de El Puerto de Santa María, obteniendo (puede que más por Peña que por el propio texto) un previsible éxito.

Es de agradecer que el popular actor quisiera advertir en reciente entrevista que “había que tener cuidado para no molestar a nadie”. Y es que, sin entrar a desentrañar lo que quisiera decir el gran cómico con esta advertencia, uno es de la opinión de que, no está tanto el peligro en que la gente aquí se moleste por meter a Dios en comedia; el peligro está en que se sepa que se le quiere meter en comedia sarcástica, y ya no digamos en bufonada paródico-divina, como parece el caso de esta comedia, en que el ingenio, además de muy pobre, con no poco de programa de autoayuda tan en boga en Norteamérica, culmina con la consigna final de que “Dios es un capullo” , “¡créate a ti mismo!”.

Y sólo puede ser una comedia sarcástica si procede de un autor que, según Townsend, “destaca por su humor sarcástico”, afirmación que nos lleva a pensar que, si no lo fuera, tal vez no se habría adaptado al castellano la comedia… ¿No recuerda el espectador que incluso el mismo Peña, metido ya en su papel de Dios en la obra, no dejará de criticar el interés que todo actor tiene, no sólo en mirarse el ombligo, sino en su propia promoción o medro económico?: No vemos, en consecuencia, por qué no haya que ampliarse dicho razonamiento -tratándose de cosas tan naturales como hacer negocio- a las mismas compañías teatrales…

Y buena intención en la comedia, como se ha antedicho, no hay duda de que la hay, pero, entrando el sarcasmo de por medio, y proviniendo de un país -Estados Unidos- donde los católicos son minoría, al contrario que en España, que son mayoría… la cosa se convierte en un reto, o desafío, cobrando entonces más sentido la advertencia, reproducida arriba, del señor Peña.

Ni se puede decir como se ha dicho que “no hay que solemnizar las cosas ni siquiera la religión”, sin incurrir, al decirlo, en una solemnidad de bulto: Si no se quiere solemnizar la religión, no se solemnice tampoco la comedia. Y menos la comedia sarcástica; pues el sarcasmo, aun con fines retóricos concretos, y por muy buena intención que se tenga y por más que se advierta, es burla. O más bien, como parece aquí el caso, bufonada paródico-divina.

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