“Tiempo”

'Tiempo', con Jorge Sanz.

‘Tiempo’, con Jorge Sanz.

EL PUERTO.- No es nada nuevo decir que si tomáramos en sentido literal algunas expresiones de uso corriente como “no tengo tiempo para esto” o “voy a sacar tiempo para aquello”, nos parecerían un auténtico disparate. En efecto, ¿quién tiene “tiempo” que pueda darlo?, ¿dónde está el tiempo para sacarlo? o ¿quién puede matar o crear el tiempo? Y lo principal de todo: ¿Cuál es la razón, querido lector, de que nos apropiemos del tiempo, a través del lenguaje, como si nos perteneciera?

La respuesta está en nuestra conciencia: pese a que ha aprendido -el dolor se lo ha enseñado- que tiene que dejar de existir algún día, está diseñada para existir siempre. Y aunque fuéramos conscientes en todo momento de que el tiempo no nos pertenece, como nos ocurre con experiencias culminantes como las del amor y sobre las ideas que nos hemos formado acerca de la muerte, el hecho decisivo es que, para sobrevivir y perpetuarnos en el mundo, lo tratamos como si fuera nuestro; y contados serán los casos en que, ante las citadas experiencias, no luchen quienes las padecen por detener el tiempo, bien para frenar la muerte, bien para eternizar el amor.

El resto de la vida sin embargo, llevando tan sólo una conciencia útil de su organización, no le damos la importancia que tiene al tiempo, como no se la damos al amor de día a día, tanto como al de novedad. Y aunque esta lucha por detener el tiempo tenga por finalidad enseñar que no te tienen que dar, lector amigo, noventa minutos de vida para que expreses con libertad lo que antes, sin saber que te vas a morir en dicho plazo, no te atrevías a decir, que es al fin de lo que trata en general este monólogo -“Tiempo”- escrito por Quim Masferré y protagonizado nada menos que por el veterano actor Jorge Sanz en el Teatro Municipal Pedro Muñoz Seca de El Puerto de Santa María el pasado sábado 13 de mayo; aunque tenga esta finalidad, digo, lo importante es no olvidar que quien le da asunto es la misma muerte, de cuya solución práctica se ocupa -así al menos nos lo enseñaron con eso de la “Economía de Salvación” los jesuitas- nuestra religión católica, en la persona de Cristo; lo que no quiere decir, claro está, que cuanto pueda aportar la ética en clave de teatro, incluida la “catarsis” de quien se identifique con el personaje y aprenda de lo que le sucede en esta obra, no sirva para deslumbrar a un público que, con toda razón, se ha deshecho en aplausos con su popular intérprete, que ha demostrado una vez más, como era de esperar por su dilatada y fecunda trayectoria como actor, su gran talento y experiencia.

Y para terminar recordemos lo que escribió Unamuno, a este respecto que nos plantea esta obra, en su Conclusión: Don Quijote en la tragicomedia europea contemporánea, dentro del conjunto de ensayos de su “Del sentimiento trágico de la vida”, y que dice así: “Ni ciencia, ni arte, ni moral nos exigen a Dios; lo que nos exige a Dios es la religión”… Sobre todo, añado yo, si te quedan noventa minutos de vida.

Comentarios

Debes registrarte para escribir un comentario Nombre