“Pasión Week”

Viviendo la Semana Santa de El Puerto 2017. / P.P.M.

Viviendo la Semana Santa de El Puerto 2017. / P.P.M.

Daniel Bastida (Tribuna libre).- Transcurridos los preceptivos 40 días de Cuaresma, como cada año, tuvo lugar la Semana de Pasión en El Puerto de Santa María donde se conmemora que Jesús, en un acto de entrega voluntaria, fue crucificado para pagar por los pecados de todos nosotros. Por ello, la ciudad se vio engalanada por un manto de cáscaras de pipas como nunca se había visto durante el resto del año unido a una intensa actividad litúrgica y exaltación confesional. Tiempo de incienso y cirio.

 Los tambores tronaron, las cornetas sonaron y las campanas repicaron para anunciar la llegada de una historia que ya dura más de 2.000 años. Una historia que consigue arrancar las lágrimas de quienes vulgarmente se les denomina capillitas al son de la música que marca el paso de las procesiones que caminaron solemnemente por el callejero portuense. Es la gran fiesta de la primavera junto con la fiesta del vino fino y la motorada; y es el único week que nos queda después que los Judas de turno nos traicionaran por treinta monedas porque necesitaban “crecer y expandirse”.

Pero como de todo tiene que haber en la viña del Señor, y nunca mejor dicho, también están aquellos otros a los que este ritual pagano les importó un pimiento y huyeron de toda esa parafernalia barroca en la que se transformó desde el siglo XVI con motivo de los dictados del Concilio de Trento. Y es que hay algunos a los que, en veinte siglos de Cristianismo, se les ha endurecido el corazón, es decir, se han hecho a mirar impávidos a Cristo en la Cruz y hasta les parece normal y obligado.

La Semana Santa constituye, pues, un fenómeno cultural complejo cuyas funciones, significados y formas, desbordan ampliamente su dimensión religiosa, y su interpretación acoge dimensiones sociales, económicas, estéticas, emocionales y sobre todo identitarias.

Alejándonos de discursos idealizados y de distinciones entre cofrades y semanasanteros, reseñar que todo fue sobre ruedas en lo climatológico, el turismo se hizo notar como hacía tiempo y las procesiones que recorrieron la ciudad fueron las mismas que las del año pasado incluyendo variaciones en aspectos como la remodelación de la carrera oficial de algunas cofradías, la restauración de algunos pasos, y la reubicación de palcos. A esto se le une la recuperación del itinerario tradicional por algunas céntricas calles que permanecían intransitables por las interminables obras. Aleluya.

Puede decirse que ha sido una Semana Mayor con balance positivo para las hermandades y sus acólitos, hosteleros, vendedores de frutos secos y latas de refrescos, abriéndose ahora un periodo de reflexión hasta dentro de doce meses para volver a sacar el cartucho de pipas y hablar en voz alta durante el transcurrir del paso de Cristo, el de palio y el de misterio.

Finalizó la temporada de la torrija pero comienza la cuenta atrás para que se vuelva a disfrutar de algo que se ha convertido, para cierto sector de la población, en asistir a un espectáculo como puede serlo ir a los toros o a un partido de futbol a diferencia que aquí sale de balde admirar la representación del ajusticiamiento del Mesías.

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