Jueves Santo: Y la Humildad brilló más que el sol

Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia. / P.P.M.

Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia. / P.P.M.

EL PUERTO.- Jueves Santo: Y la Humildad brilló más que el sol. Y por fin amaneció uno de esos tres jueves del año en los que más brilla el sol, y fue para enmarcar un Jueves Santo donde la estación penitencial de la Hermandad de La Humildad y Paciencia marcó las imborrables a lo largo de todo su recorrido. Dejando una estela de nuevos tiempos fue transcurriendo la cofradía desde el convento del Espíritu Santo, donde reside actualmente la misma, y encaminando sus pasos a carrera oficial.

Pero como es tradición y ley en esta Hermandad, en la calle Zarza, y más concretamente en el número 51, esta hermandad hizo de su penitencia una auténtica algarabía de emociones y sentimientos que explosionaron a su paso por el conocido internacionalmente Bodegón González Obregón. Saetas, lágrimas y oraciones. Toda clase de muestra ferviente a los titulares de la hermandad del Jueves Santo portuense, era poca para los fieles de dicha cofradía los cuales mostraban una emoción a raudales incluso algunos nazarenos, a través de su mirada, se podía vislumbrar cierta conmoción.

Y es que, el paso de dicha hermandad por este trocito del Barrio Alto de El Puerto, tiene nombre de Humildad y apellido de Paciencia. Grandes estampas son las que regalan estos hermanos a portuenses y turistas que no desean perderse esta cita anual que nos regala dos de las tantas esencias que tiene esta ciudad. La devoción de un pueblo cristiano hacia su tradición así como otra clase de creencia a la que le llaman hábito y en González Obregón tiene su templo, el vino.

En cuanto a los estrenos de esta cofradía, fue el paso de misterio del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia el protagonista ya que lucía por primera vez los respiraderos del mismo, ya que procesionarían por primera vez totalmente tallados por el taller de los Hermanos Caballero. Así mismo, Barrabás y Martillo, tallas secundarias de dicho misterio, han sido restauradas por el portuense Ángel Pantoja y Blanca García, así como la confección de una cruz por parte del también portuense Francisco Rodrígez. Por su parte, el palio de Nuestra Señora del Desconsuelo estaría iluminado por unos flamantes candelabros de cola elaborados por los Hermanos Ríos.

Una jornada, por tanto, en la que los hermanos de la Humildad y Paciencia, o también conocida como Barrabás y Martillo, pudieron hacer una magnífica estación de penitencia, así como hicieron disfrutar a toda la ciudad de una admirable estación de penitencia.

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