“Deconstruir una ciudad”

El Puerto de Santa María, a vista de pájaro, ofrece multitud de oportunidades potenciales para el turismo.

El Puerto de Santa María, a vista de pájaro, ofrece multitud de oportunidades potenciales para el turismo.

Daniel Bastida (Tribuna libre).- Se entiende por deconstruir desarmar (descomponer) una estructura para observar y comprender sus partes, y volver a armarla. Implicaría desensamblar y ensamblar, es decir, reconstruir. Pero no destrucción, puesto que la estructura original no se está alterando de forma irreversible. Para lograrlo, hay que erradicar los polos enfrentados inevitables en cualquier núcleo urbano: la gente que no se traga lo que le cuentan aquellos que exaltan lo bien que se están haciendo las cosas, y los  palmeros de todo lo que se haga sin ni siquiera analizar si es lo que realmente necesitamos los portuenses o va en beneficio de unos pocos únicamente.

Hay quienes rajan de cualquier iniciativa o síntoma de mejoría para la ciudad. Algunos lo ven todo negro e incluso han rebautizado a El Puerto de manera singular y poética con el apelativo de ‘El Muerto de Santa María’. El eslogan que adjunta a la nueva denominación de este rincón de la Bahía es previsible: “Hay que ver como está todo”. Es probable que el resto tome esta opinión como un criticar por criticar y un constante menosprecio hacia todas las iniciativas de gobierno que se toman o se dejan de tomar, no obstante, es también una forma de hacer política: la deconstrucción es un modo de resistencia ante cualquier forma de autoritarismo del color que sea y venga de donde venga. En resumen, es un término utilizado por el filósofo Jacques Derrida que consiste en descomponer un concepto demostrando que lo claro y evidente dista de serlo tal como nos lo intentan hacer creer.

¿Qué puede hacer por la ciudad una persona que piense distinto a otra? Un poner: fulanito está en desacuerdo con que se hayan podado los naranjos del centro antes de la Semana de Pasión porque opina que se pierde el olor característico que realza la conmemoración durante esos días. Una pamplina, puede pensar menganito. Ahora menganito, por ejemplo, piensa que hay quien se ha bajado los pantalones desde el consistorio por el regreso del festival de música independiente después de haber dejado tirado a la ciudad pareciendo que nos hacen un favor con las migajas de un cartel repetitivo. Fulanito aplaudirá la vuelta del evento porque piensa que es bueno para la economía y el desarrollo local. Distintos puntos de vista  sobre la mesa ambos respetables.

Para recomponernos, debemos preguntarnos antes qué es actualmente El Puerto y sus gentes y en qué se ha convertido; si está del todo muerto o aún tiene remedio; si la culpa de los males que padecemos se debe a pésimas gestiones anteriores o es todo producto de la actual; si son soluciones beneficiosas para nuestro futuro las acciones que se están ejecutando o se van a ejecutar a pesar de ser contrarias a la opinión pública, o si al final de todo, no son ellos sino somos los propios portuenses los culpables de este desaguisado. Ahora sólo hay que saber lo que necesita ser desconstruido y encontrar la manera y las personas que sepan levantar un modelo de ciudad próspero y habitable.

Hay que lograr que los diferentes aspectos de la administración local y lo que venga de ella dejen de ser el cortijo de unos pocos y dar lugar para que surjan voces distintas a los embaucadores de siempre y sus aduladores porque, como decía Aristóteles, una ciudad está compuesta por diferentes clases de hombres de distinto pensamiento; personas similares no pueden crear una ciudad.

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