Conversaciones con… Juan de Dios y Carmen sobre el Dr. Rafael Herrera Valencia

Dr. Rafael Herrera Valencia.

Dr. Rafael Herrera Valencia

EL PUERTO.- Cuando comencé a escribir esta sección, era mi intención presentar a aquellas personas, anónimas en su mayoría, que realizaban actividades de todo tipo que enriquecían el acerbo socio-cultural de El Puerto de Santa María.

Hoy quiero resaltar la figura del Dr. Rafael Herrera Valencia, tristemente fallecido, ilustre psiquiatra que desde nuestra ciudad ha realizado una inestimable laboren pro de la la modernización y adecuación del tratamiento de los trastornos mentales, tanto a nivel local como autonómico y nacional, y para ello he mantenido esta conversación con uno de sus pacientes y con su esposa, quienes han presentado en el Ayuntamiento una solicitud para que se ponga su nombre a una calle o plaza de nueva creación, avalada por más de mil trescientas firmas y varias prestigiosas instituciones como Cruz Roja, Salud Mental del distrito de El Puerto de Santa María-Puerto Real, y otras muchas.

Javier.- Buenas tardes a los dos. Sé que tú, Juan Luis, has sido paciente del Dr. Herrera, ¿qué me puedes contar sobre tu relación con él?

Juan de Dios.- Verás Javier, yo soy maniático depresivo grave, recurrente con psicosis y después de veintiséis años aquí estoy. ¿Tú como me ves?
Javier.- Pues te veo estupendamente y si no me lo dices, jamás habría pensado que padecieras algún trastorno.

Juan de Dios.- Todo gracias a él, su forma de ayudarme era increíble; él me decía, “mira Juan de Dios, la enfermedad mental es como si tú estuvieras en la cima de una montaña, esa es la mente, entonces te caes, si te agarras unos metros más abajo la enfermedad es corta, pero si caes al fondo del todo, como tú has caído, es muy difícil llegar hasta ti, hay que hacerlo poquito a poco, los pasos de gigante no valen, hay que ir pasito a pasito, si das un paso y lo das mal, paso atrás y después, cuando puedas das otra vez el pasito. Este hombre siempre tenía cinco o siete minutos para atenderte aunque no estuvieras citado.

Javier.- Carmen, ¿es difícil entender una enfermedad psiquiátrica para los familiares?

Carmen.- Es muy difícil porque tú no lo ves como enfermo nunca, lo ves como que tiene una mala racha que ha cambiado, pero nunca piensas que puede tener una enfermedad. El Dr. Herrera no solamente se preocupaba por el enfermo, lo hacía también por su entorno, porque sabía perfectamente que si no me explicaba a mí cosas sobre la enfermedad de mi marido, no me ponía al día sobre esta enfermedad, y me trataba a mí también, lo más probable es que lo dejase y él se viera por ahí tirado como se ven muchos vagabundos. Yo caí también en una depresión y me trataron pero, sobre todo, me ayudó mucho a poder ayudarle a él, a entender la enfermedad… No sé, es algo difícil de explicar. Por eso pedimos al ayuntamiento que pusieran su nombre a una calle o plaza, porque en esta sociedad que vivimos se ve mucho lo malo y pocas veces se premia lo bueno y este hombre trajo una psiquiatría diferente a El puerto y no solamente lo hizo bien con los enfermos, también lo hizo bien con las familias.

Javier.- Carmen, Juan de Dios, muchísimas gracias a los dos por la atención que habéis tenido conmigo.

Dr. Rafael Herrera Valencia

Nació en Sevilla donde realizó sus estudios de psiquiatría y se trasladó a El Puerto nada más terminar los mismos, para trabajar en  Hospital Psiquiátrico Nuestra Sra. de la Paz, vulgarmente conocido como el “manicomio de los Pinitos” donde estuvo aproximadamente dos años. Pasado este tiempo y queriendo ampliar sus horizontes intelectuales tras la separación de su primera esposa, fue a trabajar al Hospital San Juan de Dios en  Sant Boi de Llobregat (Barcelona) donde al poco tiempo , debido a su gran calidad humana y profesional, fue nombrado director y empezó a realizar una reforma distribuyendo en distintos pabellones a los ancianos, agudos, semiagudos, crónicos, etc. que hasta ese momento se encontraban todos juntos.

Allí conoció a Cristina Rosales, trabajadora social con especialidad en psiquiatría en el hospital, quien se convertiría en  su esposa y más íntima colaboradora, acompañándole en su labor hasta el momento de su fallecimiento.

Cuando se realizó la reforma psiquiátrica en Cataluña, el Dr. Rafael Herrera fue unos de los escogidos por la Generalitat para realizarla, debido a su seriedad y honestidad. Al terminar la realización de la parte teórica de la reforma. La puesta en marcha de la misma coincidió con la aparición de los ordenadores y la grabación informática de datos, cosa que a él no le gustaba (como no le gustaban las máquinas de escribir; como director del hospital tenía secretaria y cuando necesitaba hacer algo en casa lo transcribía su esposa) consideró que su labor allí había concluido decidió, tras consultarlo con su familia, atender el llamamiento que, por ser pionero con los hospitales de día y sacar la salud mental a la calle, le habían hecho sus compañeros de aquí, quienes estaban comenzando con la reforma de la salud mental que se veía en España como algo que había que dejar de lado, algo que suponía una vergüenza para la familia, por lo que a los pacientes se le dejaba en los hospitales y no se les volvía a ver.

Por aquel entonces ya había en El Puerto un ambulatorio de salud mental en el antiguo Hospital de San Juan de Dios, en la calle Micaela Aramburu, al que el Dr. Herrera vino como coordinador del equipo con el fin de organizarlo, permaneciendo con tal hasta que cayó un falso techo del hospital, cosa que denunció como hacía con todo aquello que podía perjudicar a los pacientes, por lo que se trasladaron a la calle Palacios.

Persona muy seria y preocupada por sus pacientes, organizó una serie de seminarios para formar psicoterapeutas en el más amplio sentido de la palabra, que conocieran bien a la persona que trataban, cuidándola, no reprochándole nada, medicándola lo menos posible y aplicando terapias ocupacionales en aquellos casos que resultaran más convenientes; también impartió clases a los estudiantes que realizaban el MIR en el hospital Clínico de Puerto Real, para los que tenía abiertas las puertas de su domicilio particular sábados y domingos.

Preocupado, ya desde su estancia en Barcelona, por la situación de la psiquiatría penitenciaria comenzó, en los primeros años de la década de los noventa a visitar los centros penitenciarios de El Puerto y cuya actuación se puede resumir en el artículo publicado por José Manuel arroyo Cobo, Subdirector General de Coordinación de Sanidad Penitenciaria, en la revista Revista Española de Sanidad Penitenciaria con motivo de su fallecimiento, del que a continuación, transcribo algunos párrafos:

“…tanto Rafael como su compañero de desvelos en lo psiquiátrico- penitenciario, el Dr. Mariano Hernández, se convirtieron para mi, como para todo aquel que tuviera preocupaciones sobre la manera de organizar la asistencia psiquiátrica en prisiones, en referentes a los que acudir en busca de consejo y opinión.”

“Incansable trabajador, hombre sabio, cordialísimo colaborador y organizador con unas capacidades didácticas inusuales, Rafael ha contribuido de manera decisiva al avance de la psiquiatría penitenciaria, así va a ser recordado por todos los profesionales dedicados a la asistencia de los enfermos mentales en prisión…”

Persona polifacética, amigo de sus amigos sin hacer distinción de clase etnia o condición, era amante de los toros, de la pesca, del flamenco y la gastronomía, pintor de cualquier tema, le gustaba especialmente pintar toreros;  Persona de una basta cultura, se interesaba por todos los temas de la vida.

Querido y recordado por sus pacientes, el Dr. Rafael Herrera ha sido una de esas personas que con su labor y calidad humana, supo ganarse el respeto y contribuir a mejorar las condiciones vida de muchas personas en El Puerto de Santa María.

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