“El teatro”

El Teatro Pedro Muñoz Seca.

El Teatro Pedro Muñoz Seca.

Daniel Bastida (Tribuna libre).- Una vez finalizadas las pamplinas carnavaleras en el escenario del recinto que lleva el nombre del padre del astracán, esto es, Don Pedro Muñoz Seca, es época de ir al teatro a disfrutar de la programación que nos tiene preparada quienes se encargan de que nos culturicemos con espectáculos, conciertos, y obras teatrales. Ópera como que no;  ‘las traviatas’ y ‘los rigoletos’ no tienen cabida en este nuestro auditorio minimalista de seiscientas butacas que fue inaugurado el 27 de octubre de 2007.

Asentado sobre un antiguo cuartel del siglo XVIII de un regimiento del Ejército, supuso que El Puerto volviese a disponer de un recinto donde el pueblo pudiera disfrutar de la farándula y, así mismo, hacer uso de sus instalaciones para que el potencial cultural de la ciudad pueda desarrollar su actividad en las salas de ensayo, no obstante, para lo segundo, ha tenido que pasar la friolera de diez años para que, por fin, se haga realidad tras el reciente comunicado de la Concejalía. Un decenio tardaron los técnicos del área para sacar adelante este compromiso político con la ciudad, algo que no sorprende a los que sabemos como se trabaja por aquí pues el lema de todo lo que venga de la administración local es el ya conocido “Piano, piano”. Despacito. Ahora a esperar a quiénes se les otorga el uso de las cuatro salas disponibles donde se prevé un aluvión de solicitudes debido a la alta demanda de diversos colectivos culturales locales. Enhorabuena a los premiados. En cuanto a la programación de primavera, se denota una inferior calidad de las piezas teatrales en comparación con las de otros años, y también se elimina la oferta musical de las bandas al gusto particular de unos pocos denominada “Escena Rock”. El Ciclo de Cine se espera vuelva al día y hora de antes pues funcionaba bien como estaba y no molestaba a nadie de su exquisita audiencia cinéfila.

A quienes conocieron el añorado Teatro Principal de la calle Luna, sigue costándoles aceptar que en su día nos colaran un recinto más parecido a uno de esos fríos multicines que se construyen en serie en los centros comerciales en vez de lo que debe ser un edificio propio para la tragicomedia digno de una localidad con casi noventa mil habitantes. Me consta que todavía quedan portuenses que, desde que se quemó el viejo, no han pisado el nuevo porque les perdura el trauma que ocasionó fuese pasto de las llamas  aquel fatídico 23 de febrero de 1984. Cinema Paradiso.

La realidad es que, mejor que nada, hay que dar gracias por poder disponer de un lugar donde la magia de las candilejas envuelva a los amantes de las obras escénicas; con sus virtudes y sus defectos, con sus toses, con sus sonidos de teléfonos móviles, con sus inevitables ‘colaos’ y las numerosas entradas de protocolo que vuelan y luego dejan butacas vacías por la no asistencia de aquellos que gozan de tal privilegio por la patilla (lo de la reciente Muestra de Teatro Portuense fue realmente indignante). El asunto de poder pagar en efectivo en taquilla ya se arregló.

Lejos queda la polémica que se desató los días previos a su inauguración cuando unos respaldaron la iniciativa de bautizarlo con el nombre del ilustre dramaturgo, y otros defendieron hacerlo con el del poeta de la Generación del 27. Finalmente, el marinero en tierra se quedó fuera con el beneplácito de la derecha y de la izquierda tras ser propuesto como primera opción. Astracanadas portuenses.

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