“El Carnaval pasa ‘a planta'”

Carrusel de coros. / P.P.M.

Carrusel de coros. / P.P.M.

Daniel Bastida (tribuna libre).- Salió de la UCI. Está mejorcito. Una vez que Don Carnal ha dado paso a Doña Cuaresma, toca hacer balance de lo que ha sido la fiesta luego de barrer las calles de papelillos, botes de sprays, botellas, latas y etcétera. Y es que este fin de semana pasado, a pesar de las condiciones meteorológicas desfavorables hasta última hora, las gentes de la ciudad al fin llenaron el centro como hacía tiempo que no se veía por estos lares tras varios años de apatía carnavalera.

Porque el pueblo también tiene que poner su granito de arena para reanimarlo, debe hacerlo pues aun sabiendo que todavía quedan cosas por mejorar por parte de los responsables políticos del área del divertimento, si luego nadie se disfraza, se queda en casa u opta por irse a la capital resulta complicado que recupere el esplendor que tuvo antaño y no vale siempre el manido recurso fácil de echarle las culpas al político de turno del escaso ambiente en la calle porque entonces  es cuando nunca se levantará esto.

Miles de portuenses, y visitantes, se vieron la tarde noche del sábado por los aledaños de la Plaza de la Herrería; bastantes iban disfrazados; muchos otros no. Los hubo con dos coloretes únicamente; a otros les bastó un simple gorro y peluca; incluso se pudo ver a los que llevan la misma cara de ‘sieso’ durante todo el año pero fueron los más alegres quienes utilizaron el ingenio para ponerse cualquier pamplina encima y disfrutar del jolgorio que se vivía gracias a las charangas callejeras. También se instaló una tarima y no para que se subieran los de siempre a liarla, sino para que lo hicieran los mismos animadores que con gran éxito organizaron el cotillón de fin de año de Peral. El fiestón juvenil logró congregar a numerosa chavalería aunque lo realmente carnavalero estaba en el itinerario de un carrusel de coros que, a pesar de la tardía hora en la que inicio su recorrido, logró una amplísima aceptación y el agrado de quienes gustan de las buenas coplas y del compás del 3×4.

El Carnaval necesita y quiere la calle para vestirse y realizarse, quiere el aire para pronunciarse y quiere un febrero con las puertas abiertas para no ver pasar los días sin decir lo que piensa. El Carnaval nunca dejará de ser el barco que llegó a conquistar un buen día ese puerto llamado libertad.

 

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